los motores se redujo a un leve zumbido.
Nicky, el mozo, reaparecio vestido con la chaqueta blanca y la corbata negra. Ahora que los motores se habian sosegado, no necesito alzar la voz.
– ?Le apetece un combinado, senor Vandenpost?-pregunto.
Eso es exactamente lo que me apetece, penso Harry.
– Un escoces doble -respondio al instante. Despues, recordo que, en teoria, era norteamericano-. Con hielo - anadio, empleando el acento correcto.
Nicky atendio a los Oxenford y desaparecio por la puerta de delante.
Harry tabaleo con los dedos sobre el brazo del asiento. La alfombra, el sistema de insonorizacion, los mullidos asientos y los colores relajantes le daban la sensacion de estar en una celda acolchada, comodo pero prisionero. Pasado un momento, se desabrocho el cinturon de seguridad y se levanto.
Siguio los pasos del mozo y salio por la misma puerta. A su izquierda estaba la cocina de acero inoxidable, diminuta y reluciente, donde el camarero preparaba las bebidas. A su derecha habia una puerta senalada con el rotulo «Salon de Descanso para caballeros». Al lado, una escalera caracoleaba hacia la cabina de pilotaje, supuso. A continuacion habia otro compartimento de pasajeros, decorado en colores diferentes, y ocupado por los tripulantes uniformados. Harry se pregunto por un momento que estaban haciendo alli, hasta comprender que, durante un vuelo de casi treinta horas, los tripulantes debian descansar y ser reemplazados.
Volvio atras, paso junto a la cocina, atraveso su compartimento y el otro mas grande por el que habian subido a bordo. Hacia la parte posterior del avion habia tres compartimentos de pasajeros mas, decorados con juegos de colores diferentes: alfombra turquesa con paredes verde palido o alfombra rojiza con paredes beige. Habia peldanos entre los compartimentos, porque el casco del avion era curvo, y el suelo se alzaba hacia la parte posterior. Mientras paseaba, dirigio distraidos cabeceos de saludo a los demas pasajeros, como haria un joven norteamericano rico y seguro de si mismo.
El cuarto compartimento tenia dos pequenos sofas a cada lado, y el otro albergaba el «Tocador de Senoras», otro nombre estrafalario pero un retrete, sin duda. Junto a la puerta de este lavabo, una escalerilla fija a la pared ascendia hasta una trampilla practicada en el techo. El pasillo, que corria a lo largo de todo el avion, finalizaba en una puerta. Debia ser la famosa suite nupcial de la que tanto hablaba la prensa. Harry intento abrir la puerta: estaba cerrada con llave.
De regreso, echo otro vistazo a los demas pasajeros.
Supuso que el hombre vestido con prendas francesas era el baron Gabon. A su lado se hallaba un tipo nervioso que no llevaba calcetines. Muy peculiar. Quiza era el profesor Hartmann. Su traje era horripilante y perecia medio muerto de hambre.
Harry reconocio a Lulu Bell, pero se quedo sorprendido al comprobar que aparentaba cuarenta anos: le habia adjudicado la edad que aparentaba en sus peliculas, unos diecinueve anos. Exhibia un monton de joyas modernas de buena calidad: pendientes rectangulares, enormes brazaletes y un broche de cristal de roca, obra de Boucheron, con toda probabilidad.
Volvio a ver a la hermosa rubia que habia observado en el salon del hotel South-Western. Se habia quitado el sombrero de paja. Tenia los ojos azules y piel clara. Reia de algo que su acompanante le estaba diciendo. Era obvio que la amaba, aunque no era un hombre muy guapo. A las mujeres les gustan los hombres que las hacen reir, penso Harry.
El vejestorio del colgante de Farbege compuesto de diamantes en talla de rosa debia ser la princesa Lavinia. Su rostro estaba petrificado en una expresion de desagrado, como una duquesa en una pocilga.
El compartimiento mayor, por el que habian subido a bordo, habia estado desocupado durante el despegue, pero Harry observo que ahora se utilizaba como salon comun. Ya se habian traslado a el cuatro o cinco personas, incluyendo al hombre alto que ocupaba el asiento opuesto al de Harry. Algunos hombre jugaban a las cartas, y a Harry le paso por la cabeza que un jugador profesional se harta de oro en un viaje de estas caracteristicas.
Volvio a su asiento y el mozo le trajo el whisky.
– El avion parece semivacio -comento Harry.
Nicky meneo la cabeza.
– Va completo.
Harry miro a su alrededor.
– Hay cuatro asientos libres en este compartimento, y en los demas ocurre lo mismo.
– Claro, porque en este compartimento van sentadas diez personas de dia, pero solo duermen seis. Lo entendera cuando preparemos las literas, despues de la cena. Hasta entonces disfrute del espacio.
Harry bebio su whisky. El mozo era muy educado y eficiente, pero no obsequioso como por ejemplo, un camarero de un hotel londinense. Harry se pregunto si los camareros norteamericanos se comportaban de manera diferente. Confio que si. En sus expediciones al extrano mundo de la alta sociedad de Londres, siempre habia considerado un poco degradante las reverencias y que le llamaran «senor» cada vez que se daba la vuelta.
Ya era hora de estrechar lazos con Margaret Oxenford, que bebia una copa de champan y hojeaba una revista. Habia flirteado con docenas de muchachas de su edad y posicion social, y llevo a cabo la rutina de forma automatica.
– ?Vive en Londres?
– Tenemos una casa en la plaza Eaton, pero vivimos casi siempre en el campo -contesto ella-. Nuestra residencia esta en Berkshire. Papa tambien tiene un pabellon de caza en Escocia.
Su tono era tan desapasionado en exceso, como si considerara la pregunta aburrida y quisiera soslayarla lo antes posible.
– ?Suele ir de caza seguido? -pregunto Harry. Era un tema de conversacion manido: casi todos los ricos la hacian, y les encantaba hablar de ello.
– No mucho. Preferimos tirar al blanco.
– ?Usted tira al blanco? -pregunto Harry sorprendido, pues no pensaba que fuera una ocupacion muy femenina.
– Cuando me dejan.
– Supongo que tendra montones de admiradores.
Margaret le miro y bajo la voz.
– ?Por que me hace unas preguntas tan estupidas?
Harry se quedo sin habla, pasmado. Habia formulado las mismas preguntas a docenas de chicas y nunca habia reaccionado asi.
– ?Son estupidas?
– A usted le importa un pito donde vivo y si voy a cazar.
– ?Pero son los temas favoritos de la alta sociedad!
– ?Pero usted no pertenece a la alta sociedad!
– ?Que me aspen! -exclamo Harry, recobrando su acento normal-. ?Usted no se anda con rodeos!
– Asi esta mejor -rio Margaret.
– Si sigo cambiando de acento, me confundire.
– Muy bien. Soportare su acento norteamericano si me promete dejar de decir tonterias.
– Gracias, carino -contesto Harry, asumiendo de nuevo el papel de Harry Vandenpost.
No es tan ingenua, penso. Era una chica que sabia lo que queria, estupendo. Eso la hacia todavia mas interesante.
– Lo imita muy bien -continuo ella-. Nunca habria adivinado que lo fingia. Supongo que debe formar parte de su
Las chicas que hablaban latin siempre le desconcertaban.
– Imagino que si -dijo, sin tener ni idea de lo que habia querido decir. Debia cambiar de tema. Se pregunto cual seria el mejor metodo de acceder a su corazon. Estaba claro que no podia flirtear con ella como hacia con las demas. Tal vez es del tipo psiquico, interesada en sesiones espiritistas y nigromancia-. ?Cree en los fantasmas?
Se gano otra contestacion sarcastica.
