Transportar una fortuna en joyas en el equipaje era arriesgado, por supuesto, pero ?existia un metodo menos peligroso? ?Enviarlo por correo, por valija diplomatica, dejarlas en el pais, para que un gobierno vengativo las confiscara, un ejercito invasor las robara, o una revolucion postbelica las «liberara»?
No. Los Oxenford llevaban sus joyas encima.
Se habrian llevado el conjunto Delhi, en particular. Solo pensarlo le dejo sin aliento.
El conjunto Delhi era la pieza principal de la coleccion de joyas antiguas de lady Oxenford. Consistia en un collar de rubies y diamantes, con monturas de oro, ademas de pendientes y un brazalete a juego. Los rubies eran birmanos, de la variedad mas preciosa, y absolutamente enormes; el general Robert Clive, conocido como Clive de la India, los habia llevado a Inglaterra en el siglo dieciocho, y los joyeros de la Corona los habian montado.
Se decia que el conjunto Delhi estaba valorado en un cuarto de millon de libras, mas dinero del que un hombre podia gastar en su vida.
Y este conjunto se encontraba, casi con toda seguridad, en este avion.
Ningun ladron profesional robaria durante un viaje en barco o en avion: la lista de sospechosos seria demasiado corta. Ademas, Harry suplantaba a un norteamericano, viajaba con pasaporte falso, estaba en libertad bajo fianza y se sentaba frente a un policia. Seria una locura intentar apoderarse del conjunto, y solo pensar en los riesgos implicados le provocaba temblores.
Por otra parte, nunca tendria una oportunidad semejante. De pronto, necesito aquellas joyas como un hombre a punto de ahogarse jadea en busca de aire.
No podria vender el juego por un cuarto de millon, desde luego, pero conseguiria una decima parte de su valor, unas veinticinco mil libras, mas de cien mil dolares.
En cualquier caso, le bastaria para vivir el resto de su vida. Se le hizo la boca agua de pensar en tanto dinero, pero, ademas, las joyas eran irresistibles. Harry habia visto fotos de ellas: las piedras del collar eran perfectamente iguales, los diamantes resaltaban sobre los rubies como lagrimas sobre la mejilla de un nino, y las piezas mas pequenas, los pendientes y el brazalete, eran de proporciones perfectas. El conjunto, en el cuello, orejas y muneca de una mujer hermosa, resultaria arrebatador.
Harry sabia que nunca se encontraria mas cerca de una obra maestra como aquella. Nunca.
Tenia que robarla.
Los riesgos eran abrumadores, pero siempre habia sido afortunado.
– Creo que no me esta escuchando -dijo Margaret.
Harry se dio cuenta de que no prestaba atencion.
– Lo siento -sonrio-. Ha dicho algo que me ha hecho pensar en otra cosa.
– Lo se -contesto Margaret-. A juzgar por la expresion de su rostro, estaba sonando con alguien a quien ama.
8
Nancy Lenehan esperaba presa de impaciencia mientras ponian a punto el bonito aeroplano amarillo de Mervyn Lovesey. Estaba dando las ultimas instrucciones al hombre del traje de
– Doy trabajo a diecisiete fabricantes de herramientas dijo a Nancy, cuando hubo terminado y cada uno de ellos es un punetero individualista.
– ?Que fabrica? -pregunto la mujer.
– Ventiladores. -Senalo el avion. Helices de avion y de barco, cosas asi. Cualquier cosa que tenga curvas complicadas. La parte mecanica no presenta problemas, pero si el factor humano. -Sonrio con condescendencia-. Supongo que: no esta interesada en los problemas de las relaciones industriales.
– Pues si -contesto Nancy-. Yo tambien dirijo una fabrica.
El hombre se quedo sorprendido.
– ?De que tipo?
Fabrico cinco mil setecientos pares de zapatos al dia.
Sus palabras le impresionaron, pero tambien debio pensar que, en parte, le habia enganado, a juzgar por su respuesta.
– La felicito -dijo, en un tono que sugeria una mezcla de burla y admiracion. Nancy adivino que su negocio era mucho mas modesto que el de el.
– Quiza deberia decir que fabricaba zapatos -dijo, y un sabor a bilis acudio a su boca cuando lo admitio-. Mi hermano intenta vender el negocio a mis espaldas. Por eso he de alcanzar el
– Lo hara -le aseguro Mervyn-. Gracias a mi Tiger Moth llegaremos con una hora de sobra.
Ella deseo con todo su corazon que estuviera en lo cierto.
– Todo listo, senor Lovesey -dijo el mecanico, despues de saltar del avion.
Lovesey miro a Nancy.
– Consiguele un casco -dijo al mecanico-. No puede volar con ese ridiculo sombrerito.
Esta vuelta a sus bruscos modales anteriores sorprendio a Nancy. Le gustaba hablar con ella mientras no tenia otra cosa que hacer, pero en cuanto aparecia algo importante perdia su interes por ella. No estaba acostumbrada a que los hombres la trataran asi. Sin ser arrebatadora, era lo bastante atractiva para que los hombres se fijaran en ella, y poseia un cierto aire autoritario. Los hombres solian tratarla con aire protector, pero sin llegar ni mucho menos a la desenvoltura de Lovesey. Sin embargo, no iba a protestar. Aguantaria cosas peores que la groseria con tal de atrapar a su traicionero hermano.
El matrimonio Lovesey despertaba su curiosidad. «Persigo a mi esposa», habia dicho, una admision sorprendentemente sincera. No le extranaba que una mujer quisiera huir de el. Era muy apuesto, pero tambien egocentrico e insensible. Por eso resultaba muy extrano que corriera detras de su mujer. Aparentaba excesivo orgullo. En opinion de Nancy, era de los que se habrian limitado a decir: «Que se vaya a la mierda». Quiza le habia juzgado mal.
Se pregunto como seria su mujer. ?Seria bonita, sensual, egoista, mimada? ?Una ratita asustada? Pronto lo averiguaria…, si llegaban a tiempo de alcanzar el
El mecanico le trajo un casco y se lo puso. Lovesey subio a bordo.
– Echale una mano, ?quieres? -grito.
El mecanico, mas galante que su patron, la ayudo a ponerse la chaqueta.
– Alli arriba hace frio, aunque brille el sol -dijo.
La ayudo a subir y Nancy se encajo en el asiento posterior. El mecanico le paso el maletin, que Nancy coloco bajo sus pies.
Cuando el motor arranco, se dio cuenta, con un estremecimiento de nerviosismo, que iba a volar con un completo extrano.
Al fin y al cabo, Mervyn Lovesey podia ser un piloto incompetente, poco experto, a los mandos de un avion mal revisado. Hasta cabia la posibilidad de que se dedicara a la trata de blancas y se propusiera venderla a un burdel turco. No, era demasiado vieja para eso. De todos modos, carecia de motivos para confiar en Lovesey. Solo sabia que era ingles y tenia un aeroplano.
Nancy habia volado tres veces, pero siempre en aviones grandes de cabinas cerradas. Nunca habia subido a un biplano pasado de moda. Era como volar en un coche descapotable. El avion acelero por la pista. El rugido del motor martilleo sus oidos y el viento abofeteo sus orejeras.
El avion de pasajeros en el que Nancy habia volado se habia elevado con suavidad, pero este subio de golpe, como un caballo de carreras que saltara una valla. Despues, Lovesey lo ladeo con tal brusquedad que Nancy se agarro con todas sus fuerzas, temerosa de caer, a pesar del cinturon de seguridad. ?Tendria aquel hombre permiso de piloto?
Lovesey enderezo el avion, que se elevo con gran rapidez. Su vuelo parecia mas comprensible y menos milagroso que el de un gran avion de pasajeros. Nancy veia las alas, respiraba el aire, oia el aullido del pequeno
