Una horrenda vision de lo que dejaba a sus espaldas aparecio ante sus ojos: un juicio, la prision y la vida miserable de un soldado raso del ejercito britanico.

Pero entonces recordo que era un hombre afortunado, sonrio.

La chica parecia desconcertada por completo. Trato de recordar su nombre. Margaret. Lady Margaret Oxenford.

Ella le miraba estupefacta, demasiado sorprendida para decir algo, mientras el esperaba que una inspiracion le iluminase.

– Me llamo Harry Vandenpost -dijo-, pero creo que mi memoria es mejor que la de usted. Es Margaret Oxenford, ?verdad? ?Como esta?

– Bien -respondio ella, aturdida. Estaba mas confusa que el. Dejo que se hiciera cargo de la situacion.

El joven extendio la mano, como si fuera a estrechar la de Margaret, y esta hizo lo propio. En ese momento, la inspiracion acudio en auxilio de Harry Marks. En lugar de estrechar la mano de la muchacha, inclino la cabeza, en un gesto pasado de moda, y susurro en su oido:

– Finja que nunca me ha visto en una comisaria de policia y yo hare lo mismo por usted.

Se irguio y la miro a los ojos. Advirtio que eran de un tono verde oscuro muy poco comun; muy bellos.

Margaret continuo aturdida durante un momento. Despues, su rostro se ilumino y sonrio. Habia comprendido, y estaba complacida e intrigada por la pequena conspiracion que el proponia.

– Claro, soy una tonta. Harry Vandenpost.

Harry se tranquilizo. El hombre mas afortunado del mundo, penso.

– Por cierto… ?Donde nos conocimos? -anadio Margaret, frunciendo el ceno con malicia.

Harry no se arredro.

– ?No fue en el baile de Pippa Matchingham?

– No. No fui.

Harry comprendio que sabia muy poco sobre Margaret. ?Residia en Londres durante la «estacion» social, o se refugiaba en el campo? ?Iba de caceria, colaboraba con instituciones caritativas, hacia campana por los derechos de la mujer, pintaba acuarelas, o realizaba experimentos agricolas en la granja de su padre? Decidio referirse a uno de los grandes acontecimientos de la temporada.

– Estoy seguro de que nos conocimos en Ascot.

– Si, por supuesto -respondio ella. Harry se permitio una leve sonrisa de satisfaccion. Ya la habia convertido en su complice.

– Pero creo que no conoce a mi familia -prosiguio Margaret-. Mama, te presento al senor Vandenpost, de…

– Pennsylvania -se apresuro a completar Harry. Se arrepintio de inmediato. ?Donde demonios estaba Pennsylvania? No tenia ni idea.

– Mi madre, lady Oxenford. Mi padre, el marques. Y este es mi hermano, lord Isley.

Harry habia oido hablar de todos ellos, por supuesto; era una familia famosa. Estrecho la mano de los tres con energia y cordialidad, que los Oxenford tomaron por una costumbre tipicamente norteamericana.

Lord Oxenford parecia lo que era: un viejo fascista, gordo e iracundo. Llevaba un traje de tweed marron y un chaleco cuyos botones estaban a punto de reventar por el empuje de la tripa.

– Estoy encantado de conocerla, senora -dijo Harry a Lady Oxenford-. Me interesan mucho las joyas antiguas, y he oido decir que usted posee una de las mejores colecciones del mundo.

– Bueno, gracias -contesto ella-. Es mi aficion favorita.

Su acento norteamericano sorprendio a Harry. Lo que sabia sobre ella lo habia leido en las revistas de sociedad. Pensaba que era inglesa, pero ahora recordo vagamente algunas habladurias sobre los Oxenford. El marques como muchos aristocratas propietarios de enormes fincas en el campo, casi se habia arruinado despues de la guerra, a causa de la bajada mundial de los precios de los productos agricolas. Algunos habian vendido sus propiedades para irse a vivir a Niza o Florencia, donde sus menguadas fortunas les permitian un nivel de vida mas alto. Sin embargo, Algernon Oxenford se habia casado con la heredera de un banquero norteamericano, y su dinero habia permitido al hombre continuar viviendo con su estilo de vida.

Todo ello significaba que Harry se las tendria que ingeniar para enganar a una norteamericana autentica. No debia cometer ni un error, y la farsa se prolongaria durante treinta y seis horas.

Decidio mostrarse fascinante. Adivino que la mujer no era inmune a los cumplidos, sobre todo procedentes de un hombre atractivo. Miro con atencion el broche sujeto a la pechera de su traje de viaje color naranja. Estaba hecho de esmeraldas, zafiros, rubies y diamantes, con la forma de una mariposa posada sobre una rama de rosas silvestres. Era extraordinariamente realista. Llego a la conclusion de que era frances, que databa de 1880, y adivino la identidad del fabricante.

– ?Ese broche es de Oscar Massin?

– En efecto.

– Es muy bonito.

– Gracias.

Era una mujer bella. Comprendio por que Oxenford se habia casado con ella, pero no por que ella se habia enamorado de el. Quizas el era mas atractivo veinte anos atras.

– Creo que conozco a los Vandenpost de Filadelfia. -dijo la mujer.

Vaya, pues yo no, penso Harry. Sin embargo no parecia muy segura.

– Mi familia son los Glencarry de Stamford, Connecticut -anadio ella.

– ?No me diga! -exclamo Harry, fingiendo sentirse impresionado. Continuaba pensando en Filadelfia. ?Habia dicho que era natural de Filadelfia o Pennsylvania? Ya no se acordaba. Quizas fueran el mismo lugar. Encajaban bien. Filadelfia, Pennsylvania. Stamford, Connecticut. Recordo que cuando se le preguntaba a un norteamericano de donde era, siempre daba dos respuestas: Houston, Texas. San Francisco, California. Ya.

– Me llamo Percy.

– Harry -contesto Harry, contento de moverse otra vez en territorio conocido.

El titulo de Percy era lord Isley. Era un titulo de cortesia porque lo utilizaba hasta que su padre muriera, momento en que se convertiria en el marques de Oxenford. La mayoria de estos tipos estaban ridiculamente orgullosos de sus estupidos titulos. A Harry le habian presentado en una ocasion a un nino de tres anos como el baron de Portrail. Sin embargo, parecia buen chico. Estaba comunicando a Harry con educacion que no queria ser llamado por sus titulo.

Harry se sento. Iba de cara al frente, de manera que Margaret se sentaba cerca de el, al otro ladi del pasillo, y podria hablar con ella sin que los demas oyeran. El avion se hallaba tan silencioso como una iglesia. Todo el mundo estaba algo impresionado.

Trato de relajarse. Iba a ser un viaje tenso. Margaret conocia su verdadera identidad, lo cual creaba un peligro nuevo. Aunque aceptara su engano, podia cambiar de opinion, o revelar la farsa sin querer. Harry no podia arriesgarse a levantar sospechas. Pasaria el control de inmigracion norteamericano si no le hacian preguntas embarazosas, pero si algo ocurria y decidian verificar su identidad, no tardarian en descubrir que utilizaba un pasaporte robado y todo habria terminado.

Otro pasajero ocupo el asiento opuesto al de Harry. Era muy alto. Llevaba un sombrero hongo y un traje gris oscuro que habia conocido tiempos mejores. A Harry le llamo la atencion, y observo al hombre mientras se quitaba el abrigo y se acomodaba en su asiento. Calzaba zapatos negros muy usados y completaba su indumentaria con calcetines gruesos de lana, un chaleco color vino y una chaqueta cruzada. La corbata azul oscuro daba la impresion de haberse utilizado cada dia, sin interrupcion, durante diez anos.

Si no supiera lo que vale un pasaje de este palacio flotante, penso Harry, juraria que este tipo es un poli.

Aun tenia tiempo de levantarse y abandonar el avion. Nadie le detendria. Bajaria y desapareceria, asi de sencillo.

?Pero habia pagado noventa libras!

Ademas, pasarian semanas antes de que encontrara otro billete para Estados Unidos, y cabia la posibilidad de que le detuvieran mientras esperaba.

Penso otra vez en la idea de quedarse en Inglaterra, escabullendose de la ley seria dificil en plena guerra; todo el mundo iria a la caza de espias extranjeros, pero, sobre todo, la vida de fugitivo le resultaria insoportable: vivir en pensiones baratas, esquivar a los policias, siempre de un lugar a otro.

El hombre sentado frente a el, si era policia, no iba en su persecucion, desde luego; de lo contrario, no se

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