El tren se detuvo tras un edificio designado como «terminal de Imperial». Era una estructura ultramoderna que recordaba un poco una tienda. Las esquinas eran redondeadas y el piso superior tenia un amplio mirador similar a una plataforma, con una barandilla a lo largo de todo el perimetro.

Los Oxenford, al igual que los demas viajeros, recogieron su equipaje y bajaron del tren. Mientras comprobaban que las maletas eran trasladadas del tren al avion, acudieron a la terminal de Imperial Airlines para completar las formalidades de salida.

Margaret se sentia mareada. El mundo que la rodeaba estaba cambiando a demasiada velocidad. Habia abandonado su hogar, su pais estaba en guerra, habia perdido a su hermana y faltaban pocos minutos para que volara en direccion a Estados Unidos. Deseo detener un rato el reloj y tratar de asumirlo todo.

Papa explico a un empleado de la Pan American que Elizabeth no vendria con ellos.

– No hay problema -contesto el hombre-. Hay alguien que espera comprar un billete. Yo me ocupare de todo.

Margaret reparo en que el profesor Hartmann, que fumaba un cigarrillo en un rincon, dirigia nerviosas y preocupadas miradas a su alrededor. Parecia nervioso e impaciente. Gente como mi hermana le ha convertido en lo que es ahora, penso Margaret; los fascistas le han perseguido hasta transformarle en un manojo de nervios. No me extrana que tenga tanta prisa por abandonar Europa.

Desde la sala de espera no podian ver el avion, de modo que Percy fue a buscar un lugar mas a proposito. Volvio con cantidad de informacion.

– El despegue tendra lugar a las dos en punto, tal como estaba previsto -anuncio. Margaret experimento una punzada de aprehension-. Tardaremos una hora y media en llegar a nuestra primera escala, que es Foynes. En Irlanda es verano, al igual que en Inglaterra, asi que llegaremos a las tres y media. Esperaremos una hora, mientras lo reaprovisionan de combustible y deciden la ruta de vuelo definitivo. Volveremos a despegar a las cuatro y media.

Margaret vio caras nuevas, gente que no habia viajado en el tren. Algunos pasajeros habrian acudido directamente a Southampton por la manana, o habrian permanecido en algun hotel. Mientras pensaba en esto, una mujer increiblemente hermosa llego en taxi. Era rubia, tendria unos treinta anos y llevaba un vestido magnifico, de color crema con lunares rojos. La acompanaba un hombre sonriente, de aspecto vulgar, vestido con una chaqueta de cachemira. Todo el mundo les miro; parecian muy felices, y su aspecto era atractivo.

Pocos minutos despues, el avion estaba preparado para que los pasajeros subieran.

Pasaron por las puertas principales de la terminal al muelle, donde se hallaba amarrado el clipper, oscilando sobre el agua. El sol arrancaba destellos de sus costados plateados. Era enorme.

Margaret no habia visto jamas un avion ni la mitad de grande. Era del tamano de una casa y largo como dos pistas de tenis. Una gran bandera norteamericana estaba pintada sobre su morro, parecido al de una ballena. Las alas eran altas y estaban situadas a la altura de la parte superior del fuselaje. Habia cuatro enormes motores empotrados en las alas, y las helices debian medir unos cuatro metros y medio de diametro.

?Como era posible que aquel trasto volara?

– ?Pesa mucho? -pregunto en voz alta.

Percy la oyo.

– Cuarenta y una toneladas. -se apresuro a contestar. Seria como volar por los aires en una casa.

Llegaron al borde del muelle. Una pasarela descendia hasta un embarcadero flotante. Mama avanzo a toda prisa, aferrandose a la barandilla; daba la impresion de que se tambaleaba, como si hubiera envejecido veinte anos. Papa cargaba con las maletas de ambos. Mama nunca cargaba con nada; era una de sus fobias.

Una pasarela mas corta les condujo desde el embarcadero flotante hasta lo que parecia un ala secundaria roma, medio sumergida en el agua.

– Un hidroestabilizador -indico Percy-. Tambien conocido como ala acuatica. Impide que el avion se incline hacia un costado en el agua.

La superficie del ala acuatica era ligeramente curva, y Margaret penso que iba a resbalar, pero no fue asi. Se situo a la sombra de la gigantesca ala que se cernia sobre su cabeza. Le habria gustado tocar una de las enormes helices, pero no llegaba.

Habia una puerta en el fuselaje bajo la palabra american de lineas aereas pan american. Margaret agacho la cabeza y paso por la puerta.

Bajo tres escalones hasta pisar el suelo del avion. Margaret se encontro en una habitacion de unos seis metros cuadrados, con una lujosa alfombra de color terracota, paredes beige y sillas azules, cuyo tapizado estaba adornado con estrellas. Habia lamparas en el techo y grandes ventanas cuadradas con celosias. Las paredes y el techo eran rectos, en lugar de curvos como el fuselaje; no daba la impresion de subir a un avion, sino de entrar en una casa.

La habitacion tenia dos puertas. Algunos pasajeros fueron conducidos hasta la parte posterior del avion. Margaret observo que, en aquella direccion, habia una serie de saloncitos, alfombrados y decorados en suaves tonos verdes y canelas. A los Oxenford, sin embargo, les habia tocado la parte de delante. Un mozo bajo y regordete con chaqueta blanca, que se presento como Nicky, les guio hasta el compartimento siguiente.

Era algo mas pequeno que el anterior, decorado de manera diferente: alfombra turquesa, paredes verde palido y tapiceria beige. A la derecha de Margaret habia dos largas otomanas de tres plazas, una enfrente de la otra, separadas por una mesita situada bajo la ventana. A su izquierda, al otro lado del pasillo, habia otro par de otomanas, un poco mas pequenas, de dos plazas.

Nicky les indico los asientos mas amplios de la derecha. Papa y mama se sentaron al lado de la ventana, y Margaret y Percy junto al pasillo, dejando dos asientos libres entre ellos, y otros cuatro al otro lado del pasillo. Margaret se pregunto quien se sentaria en ellos. La hermosa mujer del vestido a topos seria interesante. Y tambien Lulu Bell, sobre todo si queria hablar de la abuela Fishbein. Lo mejor seria que le tocara Carl Hartmann.

Noto que el avion se movia al compas de las aguas. Era un movimiento casi imperceptible, suficiente para recordarle que se encontraba en el mar. Decidio que el avion era como una alfombra magica. Era imposible imaginar como simples motores lograban que volara. Resultaba mucho mas sencillo creer que un antiguo hechizo le sostendria en el aire.

Percy se levanto.

– Voy a echar un vistazo -dijo.

– Quedate aqui -ordeno papa-. Si empiezas a dar vueltas, molestaras a todo el mundo.

Percy se sento al instante. Papa aun no habia perdido toda su autoridad.

Mama se empolvo la nariz. Habia dejado de llorar. Margaret llego a la conclusion de que se sentia mejor.

– Prefiero sentarme mirando hacia adelante -dijo una voz de acento norteamericano.

Margaret levanto la vista. Nicky, el mozo, le enseno al hombre un asiento, al otro lado del compartimento. Margaret no le identifico, pues se encontraba de espaldas a ella. Era rubio y llevaba un traje azul.

– No hay problema, senor Vandenpost -dijo el mozo-. Acomodese en el asiento opuesto.

El hombre se volvio. Margaret le miro con curiosidad, y los ojos de ambos se encontraron.

Se quedo atonita al reconocerle.

Ni era norteamericano ni se llamaba Vandenpost.

Los ojos azules del joven le dirigieron una advertencia, pero ya era demasiado tarde.

– ?Caramba! -exclamo Margaret-. ?Si es Harry Marks!

7

En momentos como este, Harry Marks se comportaba mejor que nunca.

Despues de salvarse de la carcel, viajar con pasaporte robado, utilizar un nombre falso y fingir que era norteamericano, tenia la increible mala suerte de tropezarse con una chica enterada de que era un ladron, que le habia oido hablar con diferentes acentos y que le llamaba en voz alta por su nombre real.

Un panico ciego le atenazo por un instante.

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