– ?Donde estamos? -pregunto-. ?Y no me diga que no lo sabe!
El sonrio. Era la segunda o tercera vez que la sorprendia, al demostrar que no tenia tan mala leche como aparentaba.
– Creo que estamos a pocos kilometros de Dublin. Nancy decidio que no se iba a quedar para verle manipular el motor.
– Voy a pedir ayuda.
– El le miro los pies.
– No llegara muy lejos con esos zapatos.
Voy a darle una leccion, penso Nancy, irritada. Se levanto la falda y se quito las medias a toda prisa. Lovesey la miro, asombrado y sonrojado. Nancy se despojo tambien de los zapatos. Le gusto que perdiera la compostura.
– No tardare mucho -dijo, guardando los zapatos en los bolsillos de la chaqueta y alejandose descalza.
Cuando estuvo a unos metros de distancia, Nancy se permitio una amplia sonrisa. Le habia dejado sin habla. Le estaba bien por sentirse tan superior.
El placer de haberle vencido no tardo en disiparse. La humedad, el frio y la suciedad empezaron a torturar sus pies. Las casas estaban mas lejos de lo que habia pensado. Ni siquiera sabia que iba a hacer cuando llegara. Supuso que intentaria trasladarse en coche a Dublin. Lovesey debia tener razon sobre la escasez de mecanicos en Irlanda.
Le costo veinte minutos llegar a las casas. Detras de la primera encontro a una mujer menuda calzada con zuecos, que cavaba en un huerto.
– Hola -saludo Nancy.
La mujer levanto la vista y lanzo un grito de miedo.
– Mi avion ha sufrido un accidente -explico Nancy.
La mujer la miro como si viniera de otro mundo.
Nancy imagino que su aspecto era de lo mas extravagante, descalza y con una chaqueta de cachemira. Lo cierto era que, para una campesina ocupada en su jardin, un extraterrestre resultaria mucho menos sorprendente que una mujer recien salida de un avion. La mujer extendio un brazo vacilante y toco la chaqueta de Nancy. Esta se sintio turbada: la mujer la trataba como a una diosa.
– Soy irlandesa dijo Nancy, esforzandose por parecer mas humana.
La mujer sonrio y meneo la cabeza, como diciendo «no me puedes enganar».
– Necesito ir en coche a Dublin.
La mujer, considerando mas sensatas estas palabras, hablo por fin.
Por lo visto, pensaba que apariciones como Nancy solo podian proceder de una gran ciudad.
El hecho de que utilizara el ingles tranquilizo a Nancy; habia temido que la mujer solo hablara gaelico.
– ?Esta muy lejos?
– Con un buen caballo, llegaria en una hora y media -dijo la mujer, con una cadencia musical.
Horrible perspectiva. El
– ?Alguien del pueblo tiene coche?
– No.
– Maldita sea.
– Pero el herrero tiene una moto.
– ?Sera suficiente!
En Dublin podria conseguir un coche que la llevara a Foynes. No sabia si Foynes estaba muy lejos, o cuanto tiempo se tardaba en llegar, pero penso que debia intentarlo.
– ?Donde esta el herrero?
– Yo la acompanare.
La mujer hundio su pala en la tierra.
Nancy la siguio. Nancy vio con horror que la carretera era un simple sendero embarrado: una moto no podria correr mas que un caballo sobre esta superficie.
Penso en otra dificultad mientras caminaba por la aldea. Una moto solo aceptaba un pasajero. Habia planeado volver al avion y recoger a Lovesey, en caso de conseguir un coche, pero solo uno de ellos podria montarse en la moto…, a menos que el propietario se la vendiera. Entonces, Lovesey conduciria y Nancy iria de paquete. Y despues, penso excitada, se dirigirian a Foynes.
Anduvieron hacia la ultima casa y se acercaron a un taller de una sola vertiente, situado a un lado… y las ultimas esperanzas de Nancy se desvanecieron al instante: las piezas de la moto estaban desparramadas por tierra y el herrero trabajaba con ellas.
– Mierda -dijo Nancy.
La mujer hablo en gaelico con el herrero. Este miro a Nancy con una pizca de diversion. Era muy joven, de cabello negro y ojos azules, a la manera irlandesa, y exhibia un poblado bigote. Asintio con la cabeza, como dando a entender que comprendia la situacion.
– ?Donde esta su aeroplano? -pregunto a Nancy.
– A un kilometro de distancia, mas o menos.
– Tal vez deberia echarle un vistazo.
– ?Sabe algo de aviones? -pregunto ella con escepticismo.
El joven se encogio de hombros.
– Los motores son motores.
Ella imagino que si podia desmontar una moto, tambien podria reparar un motor de avion.
– Sin embargo, yo diria que quiza sea demasiado tarde -anadio el herrero.
Nancy fruncio el ceno, y entonces oyo lo que el ya habia percibido: el sonido de un aeroplano. ?Seria el Tiger Moth? Corrio afuera y escudrino el cielo. El pequeno avion amarillo volaba a baja altura sobre la aldea.
Lovesey lo habia arreglado… ?y habia despegado sin esperarla!
Miro hacia arriba, incredula. ?Como podia hacerle esto? ?Tambien se llevaba su maletin!
El avion paso rozando la aldea, como para burlarse de ella. Nancy agito el puno en direccion al aparato. Lovesey la saludo y se alejo.
El avion empezo a disminuir de tamano. El herrero y la campesina estaban de pie detras de ella.
– Se marcha sin usted -comento el joven.
– Es un monstruo sin entranas.
– ?Es su marido?
– ?Por supuesto que no!
– Supongo que, para el caso, es lo mismo.
Nancy se sintio desfallecer. Hoy la habian traicionado dos hombres. ?Habia algo en ella que no funcionaba?, se pregunto.
Penso que lo mejor seria rendirse. Ya no podria alcanzar el
El avion se inclino y giro. Lovesey ponia rumbo hacia Foynes, supuso ella. Alcanzaria a su esposa fugitiva. Nancy deseo que se negara a volver con el.
Inesperadamente, el avion continuo girando. Cuando apunto hacia la aldea, se enderezo. ?Que estaba haciendo ese hombre?
Seguia la carretera embarrada, perdiendo altura. ?Por que regresaba? A medida que el avion se aproximaba, Nancy se empezo a preguntar si iba a aterrizar. ?Fallaba de nuevo el motor?
El pequeno avion toco la carretera embarrada y avanzo rebotando hacia las tres personas que se hallaban frente a la casa del herrero.
Nancy casi se desmayo de alivio. ?Regresaba a buscarla! El avion freno delante de ella. Mervyn grito algo que Nancy no entendio.
– ?Que? -chillo ella.
Lovesey, impaciente, le indico por senas que se acercara. Nancy corrio hacia el avion.
– ?A que esta esperando? -grito Lovesey, inclinandose hacia ella-. ?Suba!
Nancy consulto el reloj. Eran las tres menos cuarto. Todavia podian llegar a Foynes a tiempo. El optimismo
