volvio a invadirla. ?Aun no estoy acabada!, penso.

El joven herrero se acerco. Le brillaban los ojos.

– Permitame ayudarla -grito.

Hizo un asiento con las manos enlazadas. Nancy apoyo su pie desnudo, cubierto de barro, y el la izo. Se dejo caer en el asiento.

El avion se elevo al instante.

Pocos segundos despues estaban en el aire.

9

La esposa de Mervyn Lovesey era muy feliz.

Diana tuvo miedo cuando el clipper despego, pero ahora solo sentia jubilo.

Nunca habia volado. Mervyn jamas la habia invitado a compartir su pequeno aeroplano, aunque ella habia dedicado dias a pintarlo de amarillo para el. Habia descubierto que, en cuanto se dominaba el nerviosismo, era terriblemente excitante elevarse en el aire en algo parecido a un hotel de lujo con alas, y contemplar desde lo alto los pastos y trigales, carreteras y vias ferreas, casas, iglesias y fabricas de Inglaterra. Se sentia libre. Era libre. Habia dejado a Mervyn y huido con Mark.

La vispera, en el hotel SouthWestern de Southampton, se habian registrado como senores Alder y pasado la primera noche entera juntos. Habian hecho el amor antes de dormir y al amanecer, nada mas despertarse. Parecia un lujo, despues de tres meses de tardes breves y besos robados.

Volar en el clipper era como vivir en una pelicula. El decorado era soberbio, la gente elegantisima, los dos camareros muy eficientes; todo ocurria como por capricho de un guion, y se veian caras famosas por todas partes. Estaba el baron Gabon, el rico sionista, siempre enfrascado en apasionadas discusiones con su demacrado acompanante. El marques de Oxenford, el famoso fascista, iba a bordo con su bella esposa. La princesa Lavinia Bazarov, uno de los pilares de la sociedad parisina, iba en el compartimento de Diana, y ocupaba el asiento de ventanilla de la otomana de Diana.

Frente a la princesa, en el otro asiento de ventanilla de su lado, estaba Lulu Bell, la estrella de cine. Diana la habia visto en muchas peliculas: Mi primo Jake, Tormento, La vida secreta, Elena de Troya y muchas otras que se habian proyectado en el cine Paramount de la calle Oxford de Manchester. Sin embargo, lo mas sorprendente fue que Mark la conocia. Mientras se acomodaban en sus asientos, una estridente voz norteamericana se puso a gritar.

– ?Mark! ?Mark Alder! ?De veras eres tu?

Diana se volvio y vio que una rubia menuda, parecida a un canario, se precipitaba sobre el.

Resulto que habian trabajado juntos unos anos atras en un programa radiofonico de Chicago, antes de que Lulu convirtiera en una gran estrella. Mark le presento a Diana y Lulu se mostro muy cordial, alabando la belleza de Diana y la suerte de Mark por haberla encontrado. Por supuesto se hallaba mucho mas interesada en Mark, y los dos se pusieron a hablar desde el momento del despegue, recordando los viejos tiempos, cuando eran jovenes y pobres, vivian el hoteles de mala muerte y bebian licor destilado clandestinamente.

Diana no se habia dado cuenta de que Lulu era tan bajita. Parecia mas alta en sus peliculas. Y tambien mas joven. Al natural, resultaba obvio que su cabello rubio no era autentico, como el de Diana, sino tenido. No obstante, poseia la personalidad vivaz y agresiva que exhibia en todas sus peliculas. Incluso en este momento, atraia la atencion general. Aunque estaba hablando con Mark, todo el mundo la miraba: la princesa Lavinia, Diana y los dos hombres que se sentaban al otro lado del pasillo.

Estaba narrando una anecdota referida a un programa de radio; uno de los actores se habia marchado a mitad de la retransmision, creyendo que su intervencion habia terminado, cuando en realidad le quedaba una linea de dialogo al final.

Total, que yo lei mi linea, que era «?Quien se ha comido la mona de Pascua?», y todo el mundo miro a su alrededor…, ?pero George habia desaparecido! Y se produjo un largo silencio.

Hizo una pausa para dotar de enfasis dramatico a la situacion. Diana sonrio. ?Que cono hacia la gente cuando algo se torcia durante un programa de radio? Escuchaba mucho la radio, pero no recordaba ningun incidente similar. Lulu reanudo su explicacion.

– Volvi a repetir mi linea, «?Quien se ha comido la mona de Pascua?». Y me invente la continuacion. -Bajo la barbilla y hablo con una aspera voz masculina muy convincente-. Creo que ha sido el gato.

Todos rieron.

– Y asi termino el programa -concluyo,

Diana recordo un programa en que el locutor, sobresaltado por algo, habia exclamado ?Hostia!».

– Una vez oi a un locutor blasfemar -dijo. Iba a contar la anecdota, pero Mark la interrumpio.

– Bueno, es muy normal. -Se volvio hacia Lulu-. ?Te acuerdas cuando Max Gifford dijo que Babe Ruth [1] tocaba las pelotas con mucha limpieza, y no pudo parar de reir?

Mark y Lulu estallaron en carcajadas. Diana sonrio, pero empezaba a sentirse un poco desplazada. Penso que era un poco injusta. Durante tres meses, mientras Mark habia estado solo en una ciudad desconocida, ella habia acaparado toda su atencion. No siempre iba a ser asi. Tendria que acostumbrarse a compartirle con mas gente a partir de ahora. Sin embargo, no le apetecia interpretar el papel de publico. Se volvio hacia la princesa Lavinia, que estaba sentada a su derecha.

– ?Escucha usted la radio, princesa? -pregunto. La vieja rusa inclino su delgada y ganchuda nariz.

– La encuentro algo vulgar -contesto.

Diana ya habia conocido a otras viejas altivas, y no la intimidaban.

– Me sorprende -contraataco-. Sin ir mas lejos, anoche sintonizamos unos quintetos de Beethoven.

– La musica alemana es muy mecanica -replico la princesa.

No habia forma de complacerla, penso Diana. Habia pertenecido a la clase mas perezosa y privilegiada de la historia, y queria que todo el mundo lo supiera, por lo cual fingia que nada era comparable a lo que habia poseido en otros tiempos. Iba a ser un autentico latazo.

El mozo destinado a la parte posterior del avion vino para tomar nota de los combinados. Se llamaba Davy. Era un joven pulcro, bajo y agradable, de cabello rubio, y caminaba por el pasillo alfombrado dando ligeros saltitos. Diana pidio un martini seco. No sabia lo que era, pero sabia por las peliculas que en Estados Unidos era una bebida muy elegante.

Examino a los dos hombres que se hallaban al otro lado del compartimento. Los dos miraban por la ventana. El mas cercano era un joven atractivo, vestido con un traje algo llamativo. Era ancho de espaldas, como un atleta, y se adornaba con varios anillos. Su piel morena hizo pensar a Diana que tal vez era sudamericano. El hombre sentado frente a el no encajaba en el ambiente. Su traje le venia demasiado grande y tenia el cuello de la camisa bastante gastado. No tenia aspecto de poder costearse el precio del pasaje en el clipper. Tambien era calvo como una bombilla. Los dos hombres ni se hablaban ni se miraban, pero Diana, a pesar de todo, estaba segura de que viajaban juntos.

Se pregunto que estaria haciendo Mervyn en estos momentos. Ya habria leido su nota, casi con toda certeza. Tal vez estaria llorando, penso con cierto sentimiento de culpabilidad. No, no era propio de el. Lo mas probable es que estuviera enfurecido. Pero ?sobre quien descargaria su furia? Sobre sus pobres empleados, quiza. Ojala su nota hubiera sido mas calida, o mas esclarecedora, pero su aturdimiento no le permitio pergenar algo mejor. Supuso que habria llamado a su hermana Thea, pensando que conoceria su paradero. Bien, pues no lo sabia. Su sorpresa habria sido mayuscula. ?Que le diria a las gemelas? La idea deprimio a Diana. Iba a perder a sus sobrinitas.

Davy volvio con las bebidas. Mark brindo con Lulu, y despues con Diana…, casi como por compromiso, penso Diana con amargura. Probo el martini y estuvo a punto de escupirlo.

– ?Ugh! -exclamo-. ?Sabe a ginebra pura!

Todo el mundo se rio de su comentario.

– Es casi pura ginebra, carino -dijo Mark-. ?Nunca habias tomado un martini?

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