avion. Hay dos camas separadas. Si dejamos la puerta abierta por la noche, estaremos en la misma situacion de dos completos extranos a los que se adjudican literas contiguas.
– ?Piensa en lo que dira la gente!
– ?Por quien vas a preocuparte? No tienes marido que pueda ofenderse, y tus padres han muerto. ?A quien le importa lo que hagas?
Nancy penso que era muy directo cuando queria algo.
– Tengo dos hijos de veintitantos anos -protesto.
– Pensaran que has echado una cana al aire.
Muy probable, penso Nancy con tristeza.
– Tambien me preocupa toda la sociedad de Boston. No cabe duda de que el rumor se propagara por todas partes.
– Escucha. Estabas desesperada cuando me pediste ayuda en el aerodromo. Tenias problemas y yo te salve el culo. Ahora soy yo el que esta desesperado… Lo entiendes, ?verdad? -dijo Mervyn,
– Si, claro.
– Tengo problemas y te pido ayuda. Es mi ultima oportunidad de salvar mi matrimonio. Tu puedes echarme una mano. Yo te salve, y tu puedes salvarme. Solo te costara un minusculo escandalo. Nadie se ha muerto por eso. Nancy, por favor.
Nancy penso en el «minusculo escandalo». ?Realmente importaba que una viuda se comportara con cierta indiscrecion el dia que cumplia cuarenta anos? No iba a morirse: como el habia dicho, y era probable que ni siquiera empanara su reputacion. Las matronas de Beacon Hill opinarian que era «disoluta», pero la gente de su edad admiraria su temple. Nadie se imagina que sea virgen, penso.
Nancy contemplo la expresion terca y herida de Mervyn y su corazon voto por el. A la mierda la sociedad de Boston penso: este hombre esta sufriendo. Me ayudo cuando lo necesitaba. Sin el no estaria aqui. Tiene razon. Estoy en deuda con el,
– ?Me ayudaras, Nancy? -suplico Mervyn-Te lo ruego. Nancy contuvo el aliento.
– ?Si, maldita sea! -exclamo.
13
Lo ultimo que vio Harry Marks de Europa fue un faro blanco, que se erguia con orgullo en la orilla norte de la desembocadura del Shannon, mientras el oceano Atlantico azotaba con furia la base del acantilado. La tierra desaparecio de vista a los pocos minutos, lo unico que se veia en todas direcciones era el mar infinito.
Cuando llegue a Estados Unidos sere rico, penso.
Estar tan cerca del famoso conjunto Delhi le creaba una excitacion casi sexual. En algun lugar del avion, a pocos metros de donde estaba sentado, habia una fortuna en joyas. Sus dedos ardian en deseos de tocarlas.
Un perista le daria cien mil dolares, como minimo, por unas piedras preciosas valoradas en un millon. Se compraria un bonito piso y un coche, penso, o quiza una casa en el campo con pista de tenis. Aunque tal vez deberia invertir las ganancias y vivir de los intereses. ?Seria un pisaverde y viviria de rentas!
Claro que antes debia apoderarse del botin.
Como lady Oxenford no llevaba ninguna joya, solo podian estar guardadas en dos sitios: en el equipaje de la cabina, en el mismo compartimento, o en las maletas consignadas en la bodega. Si fueran mias, no me separaria mucho de ellas, penso Harry: las guardaria en el bolso de mano. Me daria miedo perderlas de vista. De todos modos, era imposible saber lo que opinaba al respeto la dama.
Primero, registraria la bolsa. Estaba bajo el asiento de lady Oxenford, una cara maleta de piel color vino tinto con remates metalicos. Se pregunto como lograria abrirla. Tal vez tendria una oportunidad durante la noche, mientras todo el mundo dormia.
Ya encontraria una forma. Seria arriesgado: robar era juego peligroso, pero siempre se salia con la suya, hasta cuando las circunstancias se torcian. Fijaos en mi, penso; ayer me pillaron con las manos en la masa, con unos gemelos robados en el bolsillo de los pantalones; pase la noche en la carcel y ahora estoy a bordo del
Una vez le habian contado un chiste sobre un hombre que se tiraba desde un decimo piso, y al pasar frente al quinto gritaba «De momento, todo va bien». Ese no era el.
Nicky, el mozo, trajo el menu de la cena y le ofrecio una copa. No necesitaba beber, pero pidio una copa de champan porque parecia lo mas adecuado. Esto es vida, Harry, se dijo. Su excitacion por hallarse en el avion mas lujoso del mundo corria pareja con su nerviosismo por volar sobre el oceano pero, a medida que el champan obraba efecto, la excitacion gano la partida.
Le sorprendio ver que el menu estaba en ingles. ?Acaso sabian los norteamericanos que los menus sofisticados se escribian en frances? Quiza eran demasiado sensatos para escribir menus en un idioma extranjero. Tuvo la sensacion de que Estados Unidos iba a gustarle.
El comedor solo tenia capacidad para catorce personas, de forma que la cena se serviria en tres turnos, explico mozo.
– ?A que hora le apetece cenar, senor Vandenpost.? ?A las seis, a las siete y media o a las nueve?
Esta puede ser mi oportunidad, penso Harry. Si los Oxeford cenaran antes o despues que el, se quedaria solo en compartimento, pero ?que turno elegirian? Harry maldijo mentalmente al mozo por escogerle a el en primer lugar. Un mozo ingles se habria dirigido primero a los nobles, pero ese democratico norteamericano debia guiarse por los numero: de los asientos. Tendria que adivinar el turno de los Oxenford.
– Dejeme ver -dijo, para ganar tiempo.
Por su experiencia, sabia que los ricos solian comer tarde. Un trabajador desayunaba a las siete, almorzaba a mediodia y cenaba a las cinco, pero un noble desayunaba a las nueve, almorzaba a las dos y cenaba a las ocho y media. Los Oxenford cenarian tarde. Harry se inclino por el primer turno.
– Estoy hambriento -dijo-. Cenare a las seis.
El mozo se volvio hacia los Oxenford, y Harry contuvo el aliento.
– Me parece que a las nueve -dijo lord Oxenford. Harry reprimio una sonrisa de satisfaccion.
– Percy no querra esperar tanto -intervino lady Oxenford-. Cenemos antes.
Muy bien, penso inquieto Harry, pero no demasiado temprano, por el amor de Dios.
– A las siete y media, pues -concedio lord Oxenford. Harry se sintio invadido de placer. Se habia acercado un paso mas al conjunto Delhi.
El mozo se volvio hacia el pasajero sentado frente a Harry, el tipo del chaleco rojo vino que tenia pinta de policia.
Les habia dicho que se llamaba Clive Membury. Di a las siete y media, penso Harry, y dejame solo en el compartimento. Sin embargo, Membury no tenia hambre y eligio el turno de las nueve.
Que pena, penso Harry. Membury se quedaria en el compartimento mientras los Oxenford cenaban, Quiza se ausentaria unos minutos. Era un tipo nervioso, que no paraba quieto. Si no se marchaba de buen grado, Harry tendria que imaginar una manera de deshacerse de el. Habria sido facil de no encontrarse a bordo de un avion. Harry le habria dicho que se requeria su presencia en otra habitacion, que le llamaban por telefono, o que habia una mujer desnuda en la calle. Aqui, seria mas dificil.
– Senor Vandenpost -dijo el mozo-, el mecanico y el navegante compartiran su mesa, si le parece bien.
– Desde luego -asintio Harry. Le gustaria hablar con algun miembro de la tripulacion.
Lord Oxenford pidio otro whisky. Era un hombre sediento, como decian los irlandeses. Su esposa estaba palida y silenciosa. Tenia un libro sobre el regazo, pero no pasaba las paginas. Parecia deprimida.
El joven Percy se marcho a charlar con los tripulantes que estaban de descanso y Margaret se sento al lado de Harry.
Este capto su perfume y lo identifico como «Tosca». Margaret se habia quitado la chaqueta, y Harry observo que habia heredado la figura de su madre: era muy alta, de hombros cuadrados, busto abundante y largas piernas. Su ropa, de buena calidad pero sencilla, no le hacia justicia. Harry la imagino ataviada con un vestido de noche largo muy escotado, cabello rojo recogido y el largo cuello blanco enmarcado pendientes de esmeraldas talladas por Louis Cartier en periodo indio… Estaria deslumbrante. Resultaba obvio ella no se veia asi. Ser una
