El mozo le indico que tomara asiento frente a un hombre bajo y robusto, vestido con un traje gris claro que Harry le envidio. La aguja de corbata tenia una perla autentica de buen tamano. Harry se presento.

– Tom Luther -dijo el hombre, estrechandole la mano. Harry observo que sus gemelos hacian juego con la aguja. Un hombre que gastaba dinero en joyas.

Harry se sento y desdoblo la servilleta. El acento de Luther era norteamericano, aunque matizado por cierta entonacion europea.

– ?De donde eres, Tom? -pregunto Harry.

– De Providence, Rhode Island. ?Y tu?

– De Filadelfia. -Harry tenia una necesidad extrema de saber donde estaba Filadelfia-. Pero he vivido un poco en todas partes. Mi padre se dedicaba a los seguros.

Luther asintio con cortesia, pero sin demostrar mucho interes, lo cual complacio a Harry. No deseaba que le hicieran preguntas sobre sus origenes; era demasiado facil cometer un desliz.

Los dos tripulantes llegaron y se presentaron. Eddie Deakin, el mecanico, era un tipo ancho de pecho y cabello color arena, de rostro agradable. Harry intuyo que le habria gustado desanudarse la corbata y quitarse la chaqueta del uniforme. Jack Ashford, el navegante, tenia el cabello oscuro, la barbilla caida, un hombre preciso y metodico que daba la impresion de haber nacido con el uniforme.

En cuanto se sentaron, Harry noto que una corriente de hostilidad se establecia entre Eddie y Luther. Muy interesante.

La cena empezo con un coctel de gambas. Los dos tripulantes bebieron cafe. Harry pidio una copa de vino blanco seco y Tom Luther ordeno un martini.

Harry todavia pensaba en Margaret Oxenford y en el novio que habia muerto en Espana. Miro por la ventana, preguntandose hasta que punto continuaba enamorada del muchacho. Un ano era mucho tiempo, sobre todo a su edad.

– Hasta el momento, el tiempo esta a nuestro favor -comento Jack Ashford, siguiendo la direccion de su mirada. Harry observo que el cielo estaba despejado y que el sol brillaba sobre las alas.

– ?Como suele ser? -pregunto.

– A veces, llueve sin parar desde Irlanda a Terranova -contesto Jack-. Tenemos granizo, nieve, hielo, truenos y rayos.

Harry recordo algo que habia leido.

– ?No es peligroso el hielo?

– Planeamos nuestra ruta con la idea de evitar temperaturas bajo cero. En cualquier caso, el avion va equipado con botas de goma anticongelantes.

– ?Botas?

– Simples protectores de goma que recubren las alas la cola en los puntos propensos a helarse.

– ?Cual es la prediccion para el resto del viaje? Jack vacilo un momento, y Harry comprendio que se arrepentia de haber mencionado el tiempo.

– Hay una tempestad en el Atlantico -dijo.

– ?Fuerte?

– En el centro es fuerte, pero nos limitaremos a rozarla; espero.

No parecia muy convencido.

– ?Que se nota en una tempestad? -pregunto Tom Luther. Sonreia, ensenando los dientes, pero Harry leyo el miedo en sus ojos azules.

– Se mueve un poco -dijo Jack.

No dio mas explicaciones, pero Eddie, el mecanico, respondio a la pregunta de Tom Luther.

– Es como intentar cabalgar sobre un caballo salvaje. Luther palidecio. Jack miro a Eddie con el ceno fruncido, desaprobando su falta de tacto.

El siguiente plato era sopa de tortuga. Nicky y Davy, los dos mozos, servian a los comensales. Nicky era gordo; Davy pequeno. En opinion de Harry, ambos eran homosexuales, o «musicales», como diria la camarilla de Noel Coward. A Harry le gustaba su eficacia informal.

El mecanico parecia preocupado. Harry le estudio con disimulo. Su rostro franco y bondadoso desmentia que fuere un tipo taciturno.

– ?Quien se encarga del avion mientras tu comes, Eddie, pregunto Harry, en un intento de sonsacarle algo.

– Mi ayudante, Mickey Finn, realiza el trabajo -contesto Eddie. Hablaba en tono distendido, pero no sonreia-. La tripulacion se compone de nueve personas, sin contar a los dos camareros. Todos, excepto el capitan, trabajan en turnos alternos de cuatro horas. Jack y yo hemos trabajado desde que despegamos de Southampton a las dos de la tarde, asi que paramos a las seis, hace escasos minutos.

– ?Y el capitan? -pregunto Tom Luther con ansiedad-?Toma pastillas para mantenerse despierto?

– Duerme cuando le es posible -dijo Eddie-. Creo que se tomara un buen descanso cuando rebasemos el punto de no retorno.

– ?Quiere decir que volaremos por el cielo mientras el capitan duerme? -pregunto Luther, en un tono de voz excesivamente agudo.

– Claro -sonrio Eddie.

Luther parecia aterrorizado. Harry intento apaciguar los animos.

– ?Cual es el punto de no retorno?

– Controlamos nuestras reservas de combustible incesantemente. Cuando no nos queda el suficiente para regresar Foynes, significa que hemos rebasado el punto de no retorno. Eddie hablaba con contundencia, y Harry comprendio, si el menor asomo de duda que pretendia asustar a Tom Luther.

El navegante intervino en la conversacion, con animo conciliatorio.

– En este momento, nos queda el combustible suficiente para llegar a nuestro destino o volver a Inglaterra.

– ?Y si no queda el suficiente para llegar a uno u otro punto? -se intereso Luther.

Eddie se inclino hacia adelante dibujo una sonrisa desprovista por completo de humor.

– Confie en mi, senor Luther -dijo.

– Una circunstancia imposible -se apresuro a afirmar el navegante-. Regresariamos a Foynes antes de que ocurriera. Para mayor seguridad, basamos todos nuestros calculo en tres motores, en lugar de cuatro, por si acaso uno se averia.

Jack intentaba que Luther recuperara la confianza, pero hablar de motores averiados solo sirvio para que el hombre se asustara mas. Intento sorber un poco de sopa, pero su mano temblo y el liquido se derramo sobre su corbata.

Eddie, satisfecho en apariencia, se sumio en el silencio. Jack trato de mantener viva la conversacion, y Harry procuro echarle una mano, pero se respiraba un ambiente extrano. Harry se pregunto que cono ocurria entre Eddie y Luther.

El comedor no tardo en llenarse. La hermosa mujer del vestido a topos se sento en la mesa de al lado, con su acompanante de la chaqueta azul. Harry habia averiguado que eran Diana Lovesey y Mark Adler. Margaret deberia vestirse como la senora Lovesey, penso Harry; su aspecto mejoraria aun mas. Sin embargo, la senora Lovesey no parecia feliz; de hecho, parecia desdichada en grado sumo.

El servicio era rapido y la comida buena. El plato principal consistia en filet mignon con esparragos a la holandesa y pure de patatas. El filete era el doble de grande que en cualquier restaurante ingles. Harry no lo termino, y rechazo otra copa de vino. Queria estar en forma. Iba a robar el conjunto Delhi. La idea le excitaba, pero tambien le atemorizaba. Seria el mayor golpe de su vida, y podia ser el ultimo, si asi lo decidia. Podria comprarse aquella casa de campo cubierta de hiedra con pista de tenis.

Despues del filete sirvieron una ensalada, lo cual sorprendio a Harry. En los restaurantes elegantes de Londres no solian servir ensalada, y mucho menos despues del plato fuerte.

Melocotones melba, cafe y reposteria variada llegaron en rapida sucesion. Eddie, al darse cuenta de que su comportamiento dejaba mucho que desear, hizo un esfuerzo por entablar conversacion.

– ?Puedo preguntarle cual es el objeto de su viaje, senor Vandenpost?

– Yo diria que prefiero mantenerme bien lejos de Hitler -respondio-. Al menos, hasta que Estados Unidos entre en guerra.

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