zapatillas de exquisita confeccion, ropa interior de seda color melocoton, medias, una bolsa de aseo que contenia un cepillo de dientes y los consabidos articulos de tocador y un libro de poemas de Blake…, pero ninguna joya.
Harry maldijo en silencio. Habia pensado que este era el escondite mas probable. Ahora, empezaba a desconfiar de toda su teoria.
El registro habia durado unos escasos veinte segundo Cerro la bolsa a toda prisa y la deslizo debajo del asiento. Se pregunto si la mujer habria pedido a su marido quellevara las joyas.
Miro la bolsa guardada bajo el asiento de lord Oxenford. Los camareros seguian ocupados. Decidio probar suerte.
Tiro de la bolsa, parecida a una maleta, pero de piel. La parte superior se abria mediante una cremallera, provista de un pequeno candado. Harry siempre llevaba encima una navaja para casos como este. La utilizo para soltar el candado y descorrio la cremallera.
Mientras registraba el contenido, Davy, el camarero bajo salio de la cocina, cargado con una bandeja de bebidas. Harry levanto la vista y sonrio. Davy miro la bolsa. Harry contuvo el aliento y sostuvo su sonrisa petrificada. El camarero entro en el comedor. Habia dado por supuesto que la bolsa era de Harry.
Harry respiro de nuevo. Era un experto en apaciguarla sospechas, pero cada vez que lo hacia se moria de miedo.
La bolsa de Oxenford contenia el equivalente masculino de lo que su mujer llevaba: utiles de afeitado, brillantina, u pijama a rayas, ropa interior de franela y una biografia de Napoleon. Harry cerro la cremallera y aseguro el candado. Oxenford descubriria que estaba roto y se preguntaria que habia ocurrido. Si sospechaba, comprobaria si faltaba algo, al ver que todo seguia en su sitio, imaginaria que el candado, era defectuoso.
Harry devolvio la bolsa a su lugar.
Lo habia conseguido, pero estaba tan cerca como antes del conjunto Delhi.
No parecia probable que los hijos transportaran las joyas, pero, a reganadientes, decidio registrar su equipaje.
Si lord Oxenford habia decidido emplear la astucia, escondiendo las joyas en el equipaje de sus hijos, habria elegido a Percy, quien se habria sentido encantado de participar en la estratagema, antes que a Margaret, mas propensa a llevar la contraria a su padre.
Las cosas de Percy estaban guardadas con tal cuidado que solo un criado podia ser el responsable. Ningun crio normal de quince anos doblaba sus pijamas y los envolvia con papel de seda. Su bolsa de aseo contenia un cepillo de dientes nuevo y un tubo de pasta dentifrica sin estrenar. Habia un juego de ajedrez en miniatura, unos cuantos tebeos y un paquete de galletas de chocolate, detalle de una cocinera o criada que le apreciaba, imagino Harry. Examino el interior del juego de ajedrez, los tebeos y abrio el paquete de galletas, sin encontrar las joyas.
Mientras colocaba la bolsa en su sitio, un pasajero paso en direccion al lavabo de caballeros. Harry no le hizo caso.
Se negaba a creer que lady Oxenford hubiera dejado el conjunto Delhi en un pais que corria el peligro de ser invadido y conquistado dentro de escasas semanas. Sin embargo, hasta el momento no tenia pruebas de que lo llevara con ella. Si no estaba en la bolsa de Margaret, tenia que hallarse en el equipaje consignado. Seria dificil comprobarlo. ?Era posible introducirse en una bodega mientras el avion volaba? La otra alternativa consistia en seguir a los Oxenford hasta su hotel de Nueva York…
El capitan y Clive Membury se estarian preguntando por que tardaba tanto en volver con la camara.
Cogio la bolsa de Margaret. Parecia un regalo de cumpleanos. Se trataba de un maletin de esquinas redondeadas, hecho de suave piel color crema y provisto de hermosos adornos metalicos. Cuando lo abrio, capto su perfume, «Tosca». Encontro un camison de algodon con florecillas bordadas, y trato de imaginarla cubierta con el. Demasiado infantil para Margaret. Su ropa interior era de algodon. Se pregunto si aun seria virgen. Habia una pequena foto enmarcada de un chico de unos veintiun anos, de largo cabello oscuro y cejas negras, vestido con una toga y una muceta. El chico muerto en Espana, probablemente. ?Se habria acostado con el? Harry se inclinaba por esta posibilidad, pese a las bragas de colegiala. Estaba leyendo una novela de D.H. Lawrence. Apuesto a que su madre no lo sabe, penso Harry. Habia un montoncito de panuelos de hilo con las iniciales «M. O.» bordadas. Olian a Tosca.
Las joyas no estaban aqui. Maldicion.
Harry decidio quedarse con un panuelo perfumado como recuerdo. Justo cuando lo cogia, Davy aparecio con una bandeja cargada de cuencos para sopa.
Miro a Harry y se detuvo, frunciendo el ceno. La bolsa de Margaret era muy diferente de la perteneciente a Lord Oxenford, por supuesto. Estaba claro que Harry no podia ser el dueno de ambas bolsas; por lo tanto, estaba registrando las pertenencias de otras personas.
Davy le miro por un momento, sospechando de el, pero temeroso al mismo tiempo de acusar a un pasajero.
– ?Es esa su maleta, senor? -tartamudeo por fin. Harry le enseno el panuelo.
– ?Cree que me puedo sonar con esto?
Cerro la maleta y la puso en su sitio.
La expresion de Davy continuaba mostrando preocupacion.
– La senorita me pidio que viniera a buscarlo -explico Harry-. Las cosas que hacemos…
La expresion de Davy cambio a una de embarazo.
– Lo siento, senor, pero espero que comprenda…
– Me alegro de que sea tan observador -dijo Harry- Continue asi.
Palmeo el hombro de Davy. Ahora, tendria que devolverle el maldito panuelo a Margaret, para dar credito a su historia. Entro en el comedor.
Estaba sentada a una mesa con sus padres y su hermano. Harry le, tendio el panuelo.
– Se te ha caido esto -dijo.
Margaret se quedo sorprendida.
– ?De veras? ?Gracias!
– De nada.
Se marcho a toda prisa. ?Verificaria Davy su historia, preguntando a Margaret si habia pedido a Harry que le trajera un panuelo limpio? No era probable.
Volvio a su compartimento, paso frente a la cocina, donde Davy estaba amontonando los platos sucios, y subio la escalera. ?como demonios iba a introducirse en la bodega del equipaje? Ni siquiera sabia donde estaba; no habia visto como subian las maletas. Pero tenia que existir alguna forma.
El capitan Baker estaba explicando a Clive Membury como navegaban sobre aquel oceano monotonamente igual.
– Durante la mayor parte de la travesia estamos fuera del alcance de los radiofaros, de modo que las estrellas son nuestra mejor guia…, cuando las podemos ver.
Membury miro a Harry.
– ?Y la camara? -pregunto con brusquedad. Definitivamente un poli, penso Harry.
– Me olvide de ponerle carrete. Que tonto, ?no? -miro a su alrededor-. ?Como pueden verse las estrellas desde aqui?
– Oh, el navegante sale de vez en cuando al exterior -contesto el capitan, imperterrito. Despues, sonrio-. Era una broma. Hay un observatorio. Se lo ensenare.
Abrio una puerta en el extremo posterior de la cubierta de vuelo y salio. Harry le siguio y se encontro en un angosto pasadizo. El capitan apunto con su dedo hacia arriba.
– Esta es la cupula de observacion -dijo.
Harry miro sin demasiado interes; su mente seguia centrada en las joyas de lady Oxenford. Habia una burbuja de vidrio en el techo, y a un lado colgaba de un gancho una escalerilla plegada.
– Se sube ahi con el octante cada vez que se abre una brecha en las nubes -explico el capitan-. Tambien sirve como compuerta de carga del equipaje.
La atencion de Harry se desperto de repente.
– ?El equipaje entra por el techo? -pregunto.
– Claro. Justo por ahi.
