– ?Cree que eso ocurrira? -pregunto Eddie, esceptico.

– Ya paso la ultima vez.

– No tenemos nada contra los nazis -intervino Tom Luther-. Estan en contra de los comunistas, tambien.

Jack asintio en silencio.

Harry se quedo estupefacto. En Inglaterra, todo el mundo pensaba que Estados Unidos entraria en guerra, pero no sucedia lo mismo en esta mesa. Quiza los ingleses se estaban enganando, penso con pesimismo, Quiza no se iba a recibir ninguna ayuda de Estados Unidos. Malas noticias para mama, que se habia quedado en Londres.

– Creo que deberiamos plantar cara a los nazis -dijo Eddie, con cierta agresividad-. Son como gangsteres - anadio mirando a Luther-. A gente de esa calana hay que exterminarla, como a ratas.

Jack se levanto con brusquedad. Su semblante expresaba preocupacion.

– Si hemos terminado, Eddie, seria mejor que descansaramos un poco -dijo.

Eddie aparento sorpresa ante esta repentina declaracion pero al cabo de un momento asintio, y los dos tripulantes se marcharon.

– Ese ingeniero es un poco rudo -dijo Harry.

– ?De veras? -contesto Luther-. No me he dado cuenta.

Mentiroso de mierda, penso Harry.!Te ha llamado gangster en la cara!

Luther pidio un conac. Harry se pregunto si, en realidad, era un gangster. Los que Harry conocia en Londres eran mucho mas ostentosos, cargados de anillos abrigos de pieles zapatos de dos colores. Luther parecia un hombre de negocios millonario, dedicado a envasar carne, construir barcos algo asi.

– ?Como te ganas la vida, Tom? -pregunto Harry, obedeciendo a un impulso.

– Tengo negocios en Rhode lsland.

Como la respuesta no era muy alentadora, Harry se levanto al cabo de unos momentos, se despidio y salio.

Cuando entro en su compartimento, lord Oxenford. le pregunto con brusquedad:

– ?Esta buena la cena?

Harry la habia encontrado excelente, pero la gente de la alta sociedad jamas ensalzaba la comida.

– No esta mal -dijo, sin comprometerse-, hay un vino del Rin muy aceptable.

Oxenford gruno y se sumergio de nuevo en lectura de su periodico. Nadie es mas grosero que un noble grosero, penso Harry.

Margaret sonrio, contenta de volver verle.

– ?Que te ha parecido, en realidad? -pregunto, murmurando en tono conspirador.

– Deliciosa -respondio el, y ambos rieron.

Margaret cambiaba cuando reia. Sus mejillas se tenian de un tono rosaceo y abria la boca, exhibiendo dos filas de dientes impecables. Su cabello se agitaba, y Harry consideraba erotica la nota gutural de sus carcajadas. Deseo acariciarla, estaba a punto de hacerlo, pero diviso por el rabillo del ojo a Clive Membury, sentado frente a el, y refreno el pulso, sin saber bien por que.

– Hay una tempestad sobre el Atlantico -dijo.

– ?Significa eso que lo vamos a pasar mal.?

– Si. Intentaran bordearla, pero aun asi sera un viaje agitado.

Era dificil hablar con ella porque los camareros no cesaban de pasar por el medio, llevando platos al comedor y volviendo con la vajilla utilizada. El hecho de que tan solo dos hombres se encargaran de cocinar y servir tantas cosas impresiono a Harry.

Cogio un ejemplar de Life que Margaret ya habia terminado de leer y paso las paginas, mientras esperaba con impaciencia a que los Oxenford fueran a cenar. No habia traido libros ni revistas; la lectura no le apasionaba. Le gustaba ojear por encima un periodico, pero sus distracciones favoritas eran la radio y el cine.

Por fin: avisaron a los Oxenford de que era su turno de cenar, y Harry se quedo a solas con Clive Membury. El hombre habia pasado la primera etapa del viaje en el salon, jugando a las cartas, pero ahora que el salon se habia transformado en comedor no se movia de su asiento, En algun momento ira al lavabo, penso Harry.

Se pregunto una vez mas si Membury era policia y, de ser asi, que hacia a bordo del clipper. Si seguia a un sospechoso, el delito debia ser muy grave para que la policia inglesa desembolsara el importe del billete. De todos modos, tal vez era una de esas personas que ahorraban durante anos para realizar el viaje de sus suenos, un crucero por el Nilo o la ruta del Orient Express. Tal vez era un fanatico de la aviacion que tan solo aspiraba a experimentar el gran vuelo transatlantico. En este caso, confio en que lo disfrute, penso Harry. Noventa machacantes es mucho dinero para un poli.

La paciencia no era el punto fuerte de Harry. Despues de que transcurriera media hora sin que Membury se moviere, de su sitio, decidio tomar medidas.

– ?Ha visto la cubierta de vuelo, senor Membury?

– No.

– Por lo visto, es impresionante. Dicen que es tan grande como el interior de un Douglas DC-3, que es un avion de medidas muy respetables.

– Vaya, vaya.

A Membury le traia sin cuidado. Por lo tanto, no era un fanatico de la aviacion.

– Deberiamos echarle un vistazo.

Harry detuvo a Nicky, que pasaba con una sopera llena de sopa de tortuga.

– ?Se puede visitar la cubierta de vuelo?

– ?Si, senor, desde luego!

– ?Va bien ahora?

– Estupendamente, senor Vandenpost. No vamos a despegar ni aterrizar, la tripulacion no esta cambiando de turno y el tiempo se mantiene sereno. No podria haber elegido un momento mejor.

Harry confiaba en que la respuesta seria esa. Se levanto y miro con aire expectante a Membury.

– ?Vamos?

Dio la impresion de que Membury iba a negarse. No era un tipo facil de persuadir. Por otra parte, parecia grosero negarse a visitar la cubierta de vuelo; tal vez Membury no desearia mostrarse desagradable. Al cabo de unos momentos, se puso en pie.

– Desde luego -dijo.

Harry abrio la marcha. Paso frente a la cocina y el lavabo de caballeros, giro a la derecha y subio por la escalera de caracol. Emergio en la cubierta de vuelo, seguido de Membury.

Harry miro a su alrededor. No se parecia en nada a la imagen que se habia formado de la carlinga de un avion. Limpia, silenciosa y comoda, recordaba mas una oficina de cualquier edificio moderno. Los companeros de mesa de Harry, el mecanico y el navegante, no estaban presentes, por supuesto, puesto que disfrutaban de su periodo de descanso, pero si el capitan, sentado a una pequena mesa situada en la parte posterior de la cabina. Levanto la vista, sonrio complacido y saludo.

– Buenas noches, caballeros. ?Les apetece echar un vistazo?

– Ya lo creo -contesto Harry-, pero me he dejado la camara. ?Se pueden hacer fotografias?

– Sin el menor problema.

– Vuelvo enseguida.

Bajo las escaleras corriendo, complacido consigo mismo pero tenso. Se habia desembarazado de Membury por un rato, pero tendria que proceder al registro con gran velocidad.

Volvio al compartimento. Habia un camarero en la cocina y otro en el comedor. Le habria gustado esperar a que los dos estuvieran ocupados sirviendo las mesas, sin pasar por el compartimento, pero no tenia tiempo. Deberia correr el riesgo de que le interrumpieran.

Saco la bolsa de lady Oxenford de debajo del asiento. Era demasiado grande y pesada para utilizarla como bolsa de mano, pero alguien la cargaria por ella. La coloco sobre el asiento y la abrio. No estaba cerrada con llave. Una mala senal, pues la mujer no era tan inocente como para dejar joyas de valor incalculable en una bolsa tan vulnerable.

De todos modos, la registro a toda prisa, vigilando por el rabillo del ojo la irrupcion de alguien. Encontro perfumes y maquillajes, un conjunto de cepillo y peine de plata, una bata de color castano, un camison, unas

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