– Ceno con el mecanico y el navegante.

– No estoy asustado -afirmo Percy, en un tono que sugeria todo lo contrario.

A Margaret no le habia ocurrido preocuparse por la tempestad. Resultaria incomoda, pero no existia autentico peligro, ?verdad?

Papa vacio su copa y pidio mas vino al camarero, con cierta irritacion. ?Le asustaba la tempestad? Margaret habia observado que bebia mas de lo normal. Tenia la cara colorada y los ojos vidriosos. ?Estaba nervioso? Tal vez seguia disgustado por la partida de Elizabeth.

– Margaret, deberias hablar mas con ese silencioso senor Membury -dijo mama.

Margaret se sorprendio.

– ?Por que? Da la impresion de que prefiere estar solo.

– Yo diria que es pura timidez.

No era propio de mama apenarse por las personas timidas, sobre todo si eran, como el senor Membury, miembros de la clase media.

– Di la verdad, mama. ?A que te refieres?

– No quiero que te pases todo el viaje hablando con el senor Vandenpost.

Esta era, precisamente, la intencion de Margaret.

– ?Y por que no?

– Bien, es de tu edad, y no querras darle esperanzas.

– Tal vez me apetezca darle esperanzas. Es terriblemente atractivo.

– No, querida -repuso mama con firmeza-. Tiene algo que no acaba de convencerme.

Queria decir que no era de la alta sociedad. Como muchos extranjeros que se casaban con aristocratas, mama era aun mas presuntuosa que los ingleses.

Por lo tanto, la interpretacion de Harry de joven norteamericano acaudalado no la habia enganado por completo. Su olfato social era infalible.

– Pero dijiste que conocias a los Vandenpost de Filadelfia -protesto Margaret.

– En efecto, pero he reflexionado sobre ello y estoy segura de que no pertenece a esa familia.

– Puede que cultive su amistad solo para castigar tu presuntuosidad, mama.

– No es presuntuosidad, querida, sino educacion. La presuntuosidad es vulgar.

Margaret se rindio. La armadura de superioridad con que se cubria mama era impenetrable. Resultaba inutil razonar con ella. Margaret, sin embargo, no tenia la menor intencion de obedecerla. Harry era demasiado interesante.

– Me pregunto quien es el senor Membury -dijo Percy-. Me gusta su chaleco rojo. No parece la tipica persona que viaja de un lado a otro del oceano.

– Supongo que es una especie de funcionario -dijo mama.

Eso es lo que parecia, penso Margaret. Mama tenia buen ojo para definir a la gente.

– Lo mas probable es que trabaje para las lineas aereas -intervino papa.

– Yo diria que es un funcionario del Estado -insistio mama.

Los camareros trajeron el plato principal. Mama rechazo el filet mignon.

– Nunca tomo alimentos cocinados -informo a Nicky. Traigame un poco de apio y caviar.

– Hemos de tener nuestro propio pais -oyo Margaret que decia el baron Gabon-. ?No hay otra solucion!

– Pero usted mismo ha admitido que debera ser un Estado militarizado… -replico Carl Hartmann.

– ?Para defenderse de los vecinos hostiles!

– Y admite que debera discriminar a los arabes en favor de los judios, pero da la casualidad de que el fascismo es la combinacion del militarismo y el racismo, precisamente aquello contra lo que usted lucha.

– No hable tan alto -advirtio Gabon, y ambos bajaron la voz.

Margaret, en circunstancias normales, se habria interesado en la discusion, por haberla sostenido en ocasiones con Ian. Los socialistas se hallaban divididos respecto a Palestina. Algunos decian que constituia la gran oportunidad de crear el Estado ideal; otros afirmaban que pertenecia a la gente que vivia alli y no podia «regalarse» a los judios, de igual forma que no se les podia ceder Irlanda, Hong Kong o Texas. El hecho de que muchos socialistas fueran judios complicaba el tema.

En cualquier caso, deseaba que Gabon y Hartmann se calmaran, para que su padre no les oyera.

Por desgracia, no fue asi. Discutian de asuntos muy queridos por ambos. Hartmann volvio a levantar la voz.

– ?No quiero vivir en un Estado racista!

– No sabia que viajabamos con un hatajo de judios -comento en voz alta su padre.

– Oy, vey -dijo Percy.

Margaret miro a su padre, abatida. En otros tiempos, su filosofia politica habia tenido cierto sentido. Cuando millones de hombres sanos se hallaban en el paro y morian de hambre, parecia valeroso proclamar que tanto el capitalismo como el socialismo habian fracasado, y que la democracia perjudicaba al hombre normal. La idea de un Estado todopoderoso al frente de la industria, bajo el liderazgo de un dictador benevolo, resultaba en parte atractiva, pero aquellos elevados ideales y atrevidos proyectos habian degenerado en esta infamia absurda. Habia pensado en papa cuando encontro un ejemplar de Hamlet en la biblitocca y leyo la frase «?Oh, que noble mente desaprovechada!».

No creia que los dos hombres hubieran escuchado el torpe comentario de papa, porque les daba la espalda y e iban absortos en la discusion.

– ?A que hora nos iremos a dormir? -dijo, para distraer a su padre.

– Me gustaria acostarme pronto -dijo Percy.

Era una reaccion inusual, pero tal vez se debia a la novedad de dormir en un avion.

– Nos iremos a la hora de siempre -dijo mama.

– Si, pero ?en que huso horario? ?A las diez y media, horario de verano ingles, o a las diez y media de Terrario,

– ?Estados Unidos es racista! -exclamo el baron Gabon. Al igual que Francia, Inglaterra, la Union Sovietica… ?Todos son Estados racistas!

– ?Por los clavos de Cristo! -dijo papa.

– A las nueve y media me parece bien -intervino Margaret.

Percy se dio cuenta de lo que ocurria.

– A las diez y cinco estare mas muerto que vivo -contribuyo.

Era un juego que habian practicado de ninos. Mama colaboro.

– A las diez menos cuarto desaparecere.

– Ensename tu tatuaje a esa hora.

– Yo sere la ultima, y me acostare a y veinte.

– Tu turno, papa.

Se produjo un momento de silencio. Papa habia practicado el juego con ellos en los viejos tiempos, antes de que amargura y el desanimo se apoderasen de el. Su rostro se suavizo por un instante, y Margaret penso que iba a participar.

Entonces, Carl Hartmann hablo.

– ?Por que quieres fundar otro Estado racista, pues? Fue la gota que desborda el vaso. Papa se giro enrededor, al borde de la apoplejia.

– Esos judios que se callen -estallo, antes de que alguien pudiera impedirlo.

Hartmann y Gabon le miraron, atonitos.

Margaret sintio que sus mejillas se tenian de rojo. Papa habia hablado en voz lo bastante alta para que todo el mundo le oyera, y el comedor se sumio en un silencio absoluto. Deseo que el suelo se abriera bajo sus pies y la tragara. La idea de que la gente se fijara en ella, descubriendo que era la hija del borracho idiota y grosero sentado delante, la mortificaba. Miro a Nicky y leyo en su rostro que sentia pena por ella, lo cual aumento su turbacion.

El baron Gabon palidecio. Por un momento, dio la impresion de que iba a replicar, pero luego cambio de opinion y desvio la vista. Una sonrisa torcida deformo la cara de Hartmann, y Margaret penso que, viniendo de la Alemania nazi, el incidente le pareceria nimio.

Papa aun no habia terminado.

Вы читаете Noche Sobre Las Aguas
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату