– Estamos en un compartimento de primera clase -anadio.
Margaret observaba al baron Gabon. En un intento de hacer caso omiso de papa, cogio la cuchara, pero su mano temblaba y derramo la sopa sobre su chaleco gris gaviota. Desistio y dejo la cuchara en el plato.
Esta senal visible de su afliccion conmovio a Margaret. Experimento una gran agresividad contra su padre. Se volvio hacia el y, por una vez, reunio el coraje suficiente para decirle lo que pensaba.
– ?Has insultado groseramente a dos de los hombres mas distinguidos de Europa! -grito, furiosa.
– Querras decir a dos de los judios mas distinguidos de Europa -replico el.
– Acuerdate de Granny Fishbein -dijo Percy.
Papa se giro en redondo hacia su hijo y le apunto con un dedo tembloroso.
– Basta de tonterias, ?me oyes?
– Necesito ir al lavabo -dijo Percy, levantandose-. Me encuentro mal.
Salio del comedor.
Margaret se dio cuenta de que tanto ella como Percy se habian rebelado contra papa, y que este habia sido incapaz de remediarlo. Un acontecimiento memorable.
Papa bajo la voz y hablo con Margaret.
– ?Recuerda que esta es la clase de gentuza que nos ha expulsado de nuestro hogar -siseo, y volvio a levantar la voz-. Si quieren viajar con nosotros, deberian aprenden comportarse.
– ?Basta! -intervino una voz nueva.
Margaret miro al otro lado del comedor. Quien habia hablado era Mervyn Lovesey, el hombre que habia embarcado en Foynes. Estaba de pie. Los camareros, Nicky y Davy, se habian quedado petrificados, con aspecto aterrorizado. Lovesey atraveso el comedor y se detuvo ante la mesa de Oxenford, con aire amenazador. Era un hombre alto y autoritario entrado en la cuarentena, de espeso cabello gris, cejas negras y rasgos bien dibujados. Llevaba un traje caro, pero hablaba con acento de Lancashire.
– Le agradecere que se calle sus puntos de vista -el en voz baja y tono amenazador.
– No es de su maldita incumbencia… -empezo papa.
– Si que lo es -dijo Lovesey.
Margaret vio que Nicky se marchaba a toda prisa, y supuso que iba a pedir ayuda a la cubierta de vuelo.
– Tal vez no quiera saberlo -continuo Lovesey-, pero el profesor Hartmann es el fisico mas importante del mundo.
– No me importa lo que sea…
– No, a usted no, pero a mi si. Y considero sus opinion tan ofensivas como un olor desagradable.
– Dire lo que me de la gana -insistio papa, empezar a levantarse.
Lovesey le retuvo, apoyando una fuerte mano sobre hombro.
– Hemos declarado la guerra a la gente como usted.
– Larguese, ?quiere? -replico papa, con voz debil.
– Me largare cuando usted cierre el pico.
– Llamare al capitan…
– No es necesario -dijo otra voz, y el capitan Baker aparecio, con aspecto sereno y autoritario al mismo tiempo, estoy aqui. Senor Lovesey, ?quiere hacer el favor de volver a su asiento? Le quedare muy agradecido.
– Si, me sentare, pero no escuchare callado a un patan borracho que hace bajar la voz y llama judio al cientifico europeo mas eminente.
– Senor Lovesey, por favor.
Lovesey regreso a su sitio.
El capitan se volvio hacia papa.
– Es posible que no le haya escuchado bien, lord Oxenford. Estoy seguro de que usted no llamaria a otro pasajero con la palabra que el senor Lovesey acaba de mencionar. Margaret rezo para que papa aceptara esta salida digna, pero, ante su decepcion, replico con mayor beligerancia. -?Le llame judio porque es lo que es! - grito.
– ?Basta, papa! -grito Margaret.
– Debo pedirle que no utilice esa palabra mientras viaje a bordo de mi avion -dijo el capitan.
– ?Es que le averguenza ser judio? -pregunto papa con desden.
Margaret observo que el capitan Baker empezaba a irritarse.
– Este es un avion norteamericano, senor, y nos regimos por patrones de conducta norteamericanos. Insisto en que deje de insultar a los demas pasajeros, y le advierto que tengo autoridad para ordenar a la policia local de nuestra proxima escala que le detenga y le encierre en prision. Le convendria saber que en esos casos, aunque muy infrecuentes, las lineas aereas siempre presentan cargos.
La amenaza de encarcelamiento impresiono a papa. Guardo silencio por un momento. Margaret se sentia muy humillada. Aunque habia intentado parar a su padre y protestado contra su conducta, estaba avergonzada. Su groseria recaia sobre ella: era su hija. Sepulto la cara entre las manos. No podia aguantarlo mas.
– Volvere a mi compartimento -dijo su padre.
Margaret levanto la vista. Papa se puso en pie y se volvio hacia mama.
– ?Vamos, querida?
Mama se puso en pie. Papa le aparto la silla. Margaret experimento la sensacion de que todos los ojos estaban clavados en ella.
Harry aparecio de repente, como surgido de la nada. Apoyo sus manos sobre el respaldo de la silla de Margaret.
– Lady Margaret -dijo, con una leve reverencia. Ella se levanto, profundamente agradecida por este gesto de apoyo.
Mama se alejo de la mesa, imperterrita, la cabeza erguida. Papa la siguio.
Harry ofrecio su brazo a Margaret. Era un pequeno detalle, pero significo mucho para ella. Aunque habia enrojecido de pies a cabeza, consiguio salir del salon con dignidad.
Un rumor de conversaciones se desato en cuanto entro el compartimento.
Harry la guio hasta su asiento.
– Has sido muy amable -dijo Margaret de todo corazon-. No se como darte las gracias.
– Oi el jaleo desde aqui. Imagine que lo estabas pasando fatal.
– Nunca me habia sentido tan humillada.
Papa, sin embargo, aun no se habia rendido.
– ?Esos idiotas se arrepentiran un dia! -dijo. Mama sento en su rincon y le miro, inexpresiva-. Van a perder e guerra, acuerdate de mis palabras.
– Basta, papa, por favor -dijo Margaret.
Por fortuna, el unico testigo del discurso fue Harry; el senor Membury habia desaparecido.
Papa no le hizo caso.
– ?El ejercito aleman barrera Inglaterra como un maremoto! ?Sabes lo que ocurrira despues? Hitler instaurara un gobierno fascista, por supuesto.
De repente, una luz extrana brillo en sus ojos. Dios mio, parece que se haya vuelto loco, penso Margaret. Mi padre esta perdiendo la razon. El hombre bajo la voz, y una expresion astuta acudio a su rostro.
– Un gobierno fascista ingles, por supuesto -continuo ?Y necesitara un fascista ingles al frente!
– Oh, Dios mio -exclamo Margaret. Comprendio, desesperada, lo que estaba pensando.
Papa pensaba que Hitler le nombraria dictador de Inglaterra.
Pensaba que Inglaterra iba a ser conquistada, y que Hitler le haria regresar de su exilio para que fuera el lider del gobierno titere.
– Y cuando haya un primer ministro fascista en Londres. ?bailaran a un son muy diferente! -concluyo papa con aire de triunfo, como si hubiera ganado alguna discusion.
Harry miraba estupefacto a papa.
– ?Se imagina…? ?Espera que Hitler le confie a usted…?
– ?Quien sabe? -dijo papa-. Deberia ser alguien sin la menor relacion con la administracion derrotada. Si me llamaran a cumplir… mi deber para con mi pais…, empezando desde cero, sin recriminaciones…
Harry parecia demasiado conmocionado para decir nada.
