de Margaret? Siempre habia sido intuitiva. Margaret no dijo nada.
– Ya he perdido a Elizabeth. No soportaria perderte a ti tambien.
– ?Pero es culpa de papa! -estallo Margaret, y de repente deseo llorar-. ?No puedes impedir que se comporte de esa forma tan horrible?
– ?No crees que lo intento?
Margaret se quedo petrificada; su madre jamas habia admitido ni un defecto de papa.
– No aguanto su forma de ser -dijo, abatida.
– Podrias tratar de no provocarle -respondio mama.
– Plegarme a sus deseos en todo momento, quieres decir.
– ?Por que no? Solo hasta que te cases.
– Si tu le plantaras cara tal vez cambiaria.
Mama sacudio la cabeza con tristeza.
– No puedo ponerme de tu lado y contra el, querida. Es mi marido.
– ?Pero esta equivocado!
– Da igual. Ya lo comprenderas cuando estes casada. Margaret se sintio acorralada.
– Eso no es justo.
– No falta mucho. Te pido que le aguantes un tiempo mas. En cuanto cumplas veintiun anos sera diferente, te lo prometo, incluso si no te has casado. Se que es duro, pero no quiero que seas expulsada de la familia, como la pobre Elizabeth…
Margaret sabia que se sentiria tan afligida como mama si se distanciaban.
– No quiero ni una cosa ni otra, mama -dijo.
Avanzo un paso hacia el taburete. Mama abrio los brazos. Se abrazaron de una forma desmanada, Margaret de pie y mama sentada.
– Prometeme que no discutiras con el -pidio mama. Su voz era tan triste que Margaret deseo de todo corazon prometerlo, pero algo la retuvo, y se limito a responder:
– Lo intentare, mama, te lo aseguro.
Mama la solto y la miro. Margaret leyo resignacion en su rostro.
– Gracias, de todas maneras -dijo mama.
No habia nada mas que hablar.
Margaret salio.
Harry estaba de pie cuando Margaret entro en el compartimento. Se sentia tan desolada que perdio todo sentido del decoro y le echo los brazos al cuello. Al cabo de un momento de estupefacto asombro, el la abrazo y beso su cabeza. El estado de animo de Margaret mejoro al instante.
Abrio los ojos y capto la expresion pasmada del senor Membury, que habia vuelto a su asiento. Le daba igual, pero se aparto de Harry y fueron a sentarse al otro extremo del compartimento.
– Hemos de hacer planes -dijo Harry-. Tal vez sea nuestra ultima oportunidad de hablar en privado.
Margaret sabia que mama volveria enseguida, y que papa y Percy regresarian con los demas pasajeros. Despues, Harry y ella no encontrarian un momento de soledad. El panico se apodero de ella al imaginarse a ambos separandose en Port Washington para no volver a reunirse jamas.
– ?Dime donde puedo ponerme en contacto contigo!
– No lo se… No he previsto nada, pero deja de preocuparte. Me pondre en contacto contigo. ?En que hotel os alojareis?
– En el Waldorf. ?Me telefonearas esta noche? ?Has de hacerlo!
– Calma, claro que te llamare. Dare el nombre de senor Marks.
El tono relajado de Harry dio a entender a Margaret que se estaba portando de una manera tonta… y un poco egoista. Debia pensar en el tanto como en ella.
– ?Donde pasaras la noche?
– Buscare un hotel barato.
Una idea asalto a Margaret.
– ?Te gustaria entrar a escondidas en mi habitacion? Harry sonrio.
– ?Lo dices en serio? ?Ya sabes que si!
Margaret se sintio feliz por haberle complacido.
– La hubiera compartido con mi hermana, pero ahora la tendre para mi sola.
– Caramba, estoy impaciente.
Margaret sabia cuanto le gustaba a Harry la vida por todo lo alto, y deseaba hacerle feliz. ?Que mas le apeteceria?
– Pediremos que nos suban a la habitacion huevos revueltos y champan.
– Querre quedarme contigo para siempre.
Esa frase devolvio a Margaret a la realidad.
– Mis padres se trasladaran a la casa de Connecticut del abuelo dentro de unos dias. Entonces, tendre que encontrar un sitio donde vivir.
– Lo buscaremos juntos. Quiza alquilemos habitaciones en el mismo edificio, o algo asi.
– ?De veras?
Margaret experimento un estremecimento de dicha. ?Alquilarian habitaciones en el mismo edificio! Exactamente lo que ella deseaba. Habia temido que el se entusiasmara y quisiera casarse con ella, o que se negara a verla de nuevo. Sin embargo, la propuesta era ideal: estaria cerca de el y le iria conociendo mejor, sin tomar decisiones alocadas y apresuradas. Y podria acostarse con el. Pero habia un problema.
– Si trabajo para Nancy Lenehan, vivire en Boston.
– Es posible que yo tambien vaya a Boston.
– ?De veras?
Apenas daba credito a sus oidos.
– Es un lugar tan bueno como otro cualquiera. ?Donde esta?
– En Nueva Inglaterra.
– ?Es como la vieja Inglaterra?
– Bueno, me han dicho que la gente es muy presuntuosa.
– Sera como estar en casa.
– ?Que clase de piso tendremos? -pregunto ella, excitada-. Quiero decir, ?de cuantas habitaciones y todo eso? Harry sonrio.
– No tendras mas de una habitacion, y te costara mucho poder pagarla. Si se parece en algo a lo que hay en Inglaterra, tendra muebles baratos y una ventana. Con suerte, tendra un hornillo de gas o un calentador portatil para que prepares cafe. Compartiras el cuarto de bano con los demas inquilinos de la casa.
– ?Y la cocina?
Harrey meneo la cabeza.
– No podras permitirte una cocina. Solo comeras caliente a mediodia. Cuando vuelvas a casa, tomaras una taza de te y un trozo de pastel, o una tostada si tienes una estufa electrica.
Sabia que la estaba intentando preparar para una realidad que el consideraba desagradable, pero a Margaret se le antojaba todo maravillosamente romantico. Pensar que podria preparar te y tostadas, siempre que le apeteciera, en una pequena habitacion para ella sola, sin padres que la molestaran y criados grunones… Sonaba de fabula.
– ?Suelen vivir en el edificio los propietarios?
– A veces. Es mejor, porque conservan bien el lugar, aunque tambien meten las narices en tu vida privada. Si el propietario vive en otro sitio, el edificio se deteriora: las canerias se rompen, la pintura se desprende, aparecen goteras en los techos…
Margaret comprendio que le quedaba muchisimo por aprender, pero nada de lo que dijera Harry iba a disuadirla; todo era demasiado estimulante. Antes de que pudiera seguir preguntando, los pasajeros y tripulantes que habian desembarcado regresaron, y mama volvio del lavabo en aquel mismo momento, palida pero hermosa. Fue un contrapunto a la alegria de Margaret. Al recordar su conversacion con mama, se dio cuenta de que la emocion de fugarse con Harry se mezclaria con el pesar.
No solia comer mucho por las mananas, pero hoy se sentia famelica.
