– ?Cuanto dinero tengo, senor Temple? -le pregunto, despues de saludarse.

Alcanzo un libro de gran tamano y anoto algunas cifras.

– Cuatrocientas cincuenta libras al dos y medio por ciento en bonos del Tesoro; ciento ochenta acciones ordinarias en la Compania Ferroviaria del Sureste y Londres; doscientas acciones preferentes en la Real Compania de Correo Maritimo… ?Esta segura de que quiere saber todo esto?

– Todo, por favor.

Mientras el abogado recitaba las cifras, Sally seguia en el periodico la cotizacion de las acciones.

Temple continuo. No se trataba de una lista demasiado larga.

– Y los ingresos -concluyo-, redondeando…

– Cerca de cuarenta libras al ano -se avanzo la muchacha.

– ?Como lo sabia?

– Lo calculaba mientras usted iba leyendo la lista.

– ?Dios mio!

– Y si no me equivoco, puedo controlar de alguna manera mi dinero, ?verdad?

– Efectivamente. Demasiado, desde mi punto de vista. Trate de disuadir a su padre, pero nadie hubiese logrado hacerle cambiar de opinion, por lo que redacte el testamento segun sus deseos.

– Entonces me alegro de que usted fracasara en su intento. Senor Temple, me gustaria que vendiera trescientas libras de Bonos del Tesoro y que comprara acciones, en partes iguales, en las siguientes companias: Compania Ferroviaria Occidental, Compania del Gas, Luz y Carbon y C. H. Parsons, Ltd.

Se quedo atonito, pero tomo nota de sus instrucciones.

– Ademas -puntualizo ella-, sobre esas acciones preferentes de la Real Compania de Correo Maritimo… le ruego que las venda y que compre acciones ordinarias en P &O. Eso deberia incrementar los ingresos en algo mas del cincuenta por ciento. Lo volvere a consultar dentro de un mes mas o menos, cuando… cuando tenga tiempo. Supongo que se ha pagado de mi cuenta a la senora Rees.

– Se pagaron a la senora Rees… -paso una pagina- cien libras cuando murio su padre. Era un legado, por supuesto, no un pago por un servicio prestado. Los administradores, uno de los cuales soy yo, llegamos a un acuerdo por el que los rendimientos del fideicomiso deberian pagarse en su nombre a la senora Rees mientras usted viviera en su casa.

– Ya veo -observo Sally.

O sea, que esa mujer habia estado percibiendo todos los ingresos de Sally, ?y encima la acusaba de vivir de la caridad!

– Bien -prosiguio la chica-, he estado hablando con la senora Rees y lo mejor sera que a partir de ahora los beneficios me sean pagados a mi directamente. Me gustaria que se encargara de enviar el dinero a la cuenta que tengo a mi nombre, en el London and Midland Bank.

Dio la impresion de que Temple estaba desconcertado. Respiro profundamente y anoto lo que Sally le decia, pero no hizo ningun comentario.

– Por cierto, senor Temple, querria algo de dinero. Me parece que antes no ha mencionado ninguna cuenta corriente, pero estoy segura de que debe de haber alguna.

Volvio la pagina del libro de registro.

– Tiene veintidos libras, seis chelines y nueve peniques -dijo-. ?Cuanto desea retirar?

– Veinte libras, por favor.

Abrio una pequena caja de caudales y conto las monedas de oro.

– Senorita Lockhart, tan solo una pregunta… ?Ya sabe lo que esta haciendo?

– Por supuesto, es lo que deseo hacer. Y ademas, tengo todo el derecho de hacerlo. Un dia, senor Temple, le prometo que le contare el porque. Ah…, otra cosa…

Temple guardo la cajita y la miro de nuevo.

– ?Si?

– ?Le menciono mi padre alguna vez a un tal comandante Marchbanks?

– Si, he oido mencionar ese nombre. Aunque creo que su padre y ese hombre perdieron el contacto durante mucho tiempo. Era un amigo de la epoca en que estuvo en el Ejercito, tengo entendido.

– ?Y le suena el nombre de senora Holland?

Movio la cabeza con un gesto negativo.

– ?Y algo llamado Las Siete Bendiciones?

– ?Que nombre tan curioso! No, senorita Lockhart, no lo he oido nunca.

– Y… no le entretendre mas, senor Temple, pero… ?que me dice de la participacion de mi padre en Lockhart & Selby? Esperaba que tuviera algun valor.

El abogado se llevo la mano a la barbilla. Parecia incomodo.

– Senorita Lockhart, usted y yo tenemos mucho de que hablar. Ahora no puede ser…, estoy muy ocupado; pero espero que nos podamos ver dentro de una semana. Su padre era un hombre fuera de lo comun y usted es una joven tambien muy poco convencional, si me permite decirlo. Se comporta como una verdadera mujer de negocios. Estoy impresionado. Eso es razon suficiente para comentarle ahora algo que tenia reservado para cuando fuera mayor: estoy preocupado por esa empresa y tambien por lo que hizo su padre antes de irse de viaje a Oriente. Tiene usted mucha razon: deberia haber mas dinero. Pero lo cierto es que vendio toda su participacion, por un valor de diez mil libras esterlinas, a su socio, el senor Selby.

– ?Y donde esta el dinero ahora?

– Eso es lo que me preocupa. Ha desaparecido.

La pasion por el arte

Habia pocos lugares, en la Inglaterra de 1872, donde una chica joven pudiera ir sola para sentarse, reflexionar y quiza tomar un te. El te no era lo mas importante; tarde o temprano, tendria que comer algo, y solo habia una clase de mujeres jovenes, bien vestidas, que se movian con total libertad dentro y fuera de los hoteles y restaurantes. Sally no queria que la tomaran por una de esas.

Como el senor Temple habia dicho, era una jovencita poco convencional. Su educacion le habia dado una mentalidad abierta e independiente que hacia de ella una chica avanzada a su epoca; por esa razon salia a pasear y no tenia miedo de estar sola.

Se fue de Lincoln's Inn y paseo sin prisas junto al rio, siguiendo su curso, hasta que encontro un banco, debajo de la estatua de un rey que llevaba un gran peluquin. Entonces se sento para ver como pasaban los barcos.

Lo peor de todo habia sido perder la pistola. Habia copiado los tres papeles perdidos -el mensaje de Oriente, la carta del comandante Marchbanks y la unica pagina que tenia del libro- en su diario; para que estuvieran a salvo. Pero la pistola habia sido un regalo de su padre y, ademas, podria salvarle la vida algun dia.

Lo que mas necesitaba en esos momentos, no obstante, era hablar. Jim Taylor hubiera sido la persona ideal, pero era martes y debia de estar trabajando. Luego tambien estaba el comandante Marchbanks, aunque la senora Holland seguramente tenia vigilada su casa, como ya lo habia hecho antes.

Entonces se acordo de la tarjeta que habia guardado entre las hojas de su diario. ?Gracias a Dios que el ladron no se la habia llevado!

FREDERICK GARLAND

Artista Fotografico

45, Burton Street

Londres

Tenia algo de dinero, ahora. Llamo a un taxi y le dio la direccion al conductor.

Burton Street era una pequena zona degradada, cerca del Museo Britanico. El portal del numero 45 estaba abierto; un cartel pintado que ponia: «W. y F. Garland, Fotografos» indicaba de que clase de negocio se trataba. Sally entro y se encontro con una pequena tienda, estrecha y polvorienta, abarrotada de todo tipo de artilugios y material de fotografia -linternas magicas, botellas con productos quimicos, camaras y cosas por el estilo-, algunos en el mostrador y otros amontonados en los estantes. No salio nadie a atenderla, pero la puerta que daba al interior

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