llegar muy lejos.
– Si, tienes mucha razon -dijo el conserje-. ?Lo estas escuchando, Jim? Es un joven muy sensato.
– Si, senor Buxton -contesto Jim, con respeto-. Lo recordare. Por aqui…, te ensenare la salida.
Poniendo una mano en senal de amistad sobre la espalda del mensajero, Jim le abrio la puerta que daba a la calle. El chico salio airadamente sin decir una palabra, pero no habia andado ni cinco metros cuando Jim le llamo:
– ?Eh! ?No te has olvidado algo?
– ?Que? -dijo el chico volviendose.
– Esto -dijo Jim, y le lanzo con su goma elastica una bola de papel completamente empapada de tinta. Le dio justo en medio de los ojos, salpicando su carga por toda la nariz, las mejillas y la frente, y el chico empezo a gritar rabioso. Jim se quedo en el escalon sacudiendo la cabeza.
– Vaya, vaya -dijo el-. No deberias utilizar ese lenguaje. ?Que diria tu mami? Mejor sera que pares, o haras que me sonroje.
El mensajero apreto los dientes y los punos, pero con solo ver los brillantes ojos de Jim y su tensa postura, echado hacia delante, esperandole, considero que la dignidad era la mejor venganza; y se volvio y se fue sin decir nada. Jim le miro, con gran satisfaccion, mientras la elegante americana granate, con su mano impresa con cal en la espalda, desaparecia entre la multitud.
– Hotel Warwick -le dijo Jim a Sally dos horas despues-. Lo tenia inscrito en su gorra, el muy idiota. Y en todos sus botones. No me importaria nada ver lo que sucede cuando llegue al hotel con tinta y cal por todas partes. Hola, Adelaide -prosiguio-. He estado en Wapping.
– ?Has visto a la senora Holland? -dijo la nina.
– Solo una vez. Tiene a aquel maton encerrado, haciendo todo lo que antes te mandaba a ti. ?Ja! ?Esta si que es buena!
Estaban en la cocina, en Burton Street, y Jim estaba mirando las nuevas estereografias.
– ?Cual te gusta mas? -dijo Sally, interesada en saber su opinion.
– Estas horribles y enormes cucarachas. Es para partirse de risa, si senor. Deberiais hacer asesinatos. Deberiais representar
– Lo haremos -dijo Sally.
– O «Jack talones de muelle surcando el cielo».
– ?Quien? -dijo Frederick.
– Mira -dijo Jim, ensenandole un ejemplar de Chicos
– ?Y como esta el tipo de arriba? -continuo Jim-. ?Como se recupera?
– Casi no ha hablado -dijo Sally.
– ?Que le pasa? ?Esta asustado o algo por el estilo? Porque… me parece que aqui no corre peligro.
– Quiza solo necesite un tiempo para recuperarse del opio. O quiza deberiamos darle mas droga -dijo Sally, que era muy consciente de lo poco que les quedaba de la bola de resina en el armario de la cocina. Ademas, su Pesadilla tambien era prisionera de esa resina como un genio dentro de una lampara, y solo necesitaria una cerilla para liberarla.
– ?Que crees que quiere el hombre del Hotel Warwick? -dijo ella, cambiando de tema.
– El viejo Selby ultimamente esta muy nervioso. Crei que se iba a desplomar cuando leyo la carta, esta tarde. Los esta enganando, y ellos se han dado cuenta; eso es todo.
– ?Pero que pueden estar haciendo? Frederick, ?que puede hacer una compania naviera que vaya contra la ley? ?Que delitos pueden cometer?
– Contrabando -contesto el-. ?Que te parece?
– Podria ser -dijo Jim-. Tambien puede tratarse de fraude. Hundir barcos y reclamar el seguro.
– No -se opuso Sally-. La compania solo tenia ese barco. No son propietarios de barcos, son agentes maritimos. Y este tipo de asuntos son muy faciles de detectar, ?por supuesto!
– Pasa siempre -dijo Jim.
– ?Crees que fue hundido a proposito?
– ?Pues claro que si!
– ?Para que?
– Yo os lo dire -dijo la voz de Matthew Bedwell.
Estaba de pie en la entrada de la cocina; estaba palido y temblaba. Adelaide se quedo boquiabierta y Frederick se levanto rapidamente para ayudarle a sentarse en la silla que habia junto a la estufa.
– ?Donde estoy? -pregunto-. ?Cuanto tiempo he estado durmiendo?
– Esta en Bloomsbury -contesto Frederick-. Su hermano le trajo aqui hace tres dias. Somos todos amigos… Esta mas o menos a salvo.
Bedwell miro a Adelaide, que no dijo nada.
– Adelaide se escapo -explico Sally-. El senor Garland nos deja quedarnos aqui porque no tenemos ningun otro sitio adonde ir. Aparte de Jim.
Los ojos del marinero pasaron de uno a otro muy lentamente.
– Estabais hablando de la goleta
– Si -dijo Sally-. ?Que nos puede contar?
Dirigio su atencion a la chica.
– ?Es usted la hija del senor Lockhart?
Sally asintio.
– Me pidio… me pidio que le diera un mensaje. Me temo que el esta… Me temo que ellos… Quiero decir que… el esta muerto, senorita. Lo siento. Me imagino que ya lo sabia.
Ella asintio de nuevo y noto que no podia hablar.
Bedwell miro a Frederick.
– ?Mi hermano esta aqui?
– Esta en Oxford. Esta esperando a que se recupere. Vendra el miercoles, pero quiza usted podra ir alli antes.
Bedwell se inclino hacia atras y cerro los ojos.
– Quiza -dijo el.
– ?Tiene hambre? -pregunto Sally-. No ha comido nada durante dias.
– Si teneis algo parecido a un traguito de conac en la casa, os estare eternamente agradecido. Pero de momento no podria comer. Ni un poco de tu sopa, Adelaide.
– No era mia
Frederick le sirvio un poco de conac.
– A vuestra salud -dijo Bedwell, y echo un buen trago-. Si -prosiguio-, la
– ?Y el mensaje? -dijo Sally.
– Forma parte de la historia. Empezare en Singapur, cuando su padre embarco.
– Yo era el segundo de a bordo de la
– No se refiere a mi padre, ?verdad? -afirmo Sally con orgullo.
– No -dijo Bedwell-. Se lo aseguro. Su padre era un buen hombre… Lo supe al cabo de dos dias de subir a
