Media hora mas tarde se pararon. Se sorprendio al ver que estaban dentro de un garaje.
– Salga, es aqui -dijo la mujer.
Pistola en cinto, se les acerco un hombre que caminaba renqueando.
– Habeis tardado -les reprocho en griego.
– Hemos tenido que evitar los controles -respondio el conductor; y luego, senalando a Amelia, anadio en ingles-: Ella te llevara.
– ?Sabe conducir? -le pregunto el hombre que renqueaba mirandola por primera vez.
– Si, algo se.
– Tendra que esmerarse -afirmo el hombre malhumorado.
– ?Te duele? -le pregunto la otra mujer mirando la pierna vendada de la que cojeaba.
– Eso no importa, el problema es que no puedo conducir.
Le senalaron a Amelia un viejo coche negro que estaba aparcado, y ella sintio temor de no ser capaz de manejarlo. Le habia ensenado Albert James en Londres y habia pasado el examen para obtener el permiso de conducir, pero en realidad no habia conducido nunca.
– Nos vamos -dijo el cojo.
La pareja volvio a su coche y salieron los primeros del garaje. Amelia sufrio la humillacion de que se le calara el motor antes de lograr poner en marcha el coche.
– ?Sabe o no sabe conducir? -pregunto, irritado, el hombre.
– Ya le he dicho que un poco.
– Pues, entonces, vamonos.
El le iba indicando el camino. Parecia preocupado y no hacia ningun esfuerzo por ser amable.
– ?Como se llama? -le pregunto Amelia.
– ?Y a usted que le importa? Cuanto menos sepa, mejor.
Ella se quedo en silencio pero sus mejillas se pusieron rojas por la irritacion. El hombre parecio lamentar su brusquedad.
– Es por su seguridad, lo que no se sabe no podra decirlo en caso de que la detengan. Pero tiene razon, tiene derecho a que le de un nombre, el que sea, con el que dirigirse a mi. ?Le parece bien Costas?
– Me da igual -respondio ella con irritacion a aquel hombre alto y moreno, con un poblado bigote.
– Es usted agente britanica, debe de ser muy buena para vivir con un nazi y que el no se haya dado cuenta.
Iba a defender a Max, a repetir que no era nazi, solo un soldado que debia cumplir con su deber. Pero sabia que Costas no lo entenderia, que no querria entenderlo. Para el todos los alemanes eran lo mismo, y ademas Max llevaba un uniforme.
– ?Nos llevaremos todo el material? -pregunto.
– Todo no, solo una parte. Ya se habran llevado la otra otros miembros del grupo. Anoche mismo. A nosotros nos han dejado los explosivos y los detonadores. Vamos a volar un convoy con unos cuantos tanques. Usted sera mi chofer, no lo hace tan mal.
Cuando llegaron al almacen donde habian escondido las armas, ya estaban alli la pareja del otro coche. El hombre trasladaba las cajas a su vehiculo, mientras la mujer vigilaba con una pistola en la mano.
– Usted tambien vigilara. Subase alli, a aquella roca, y avisenos si ve algo raro. Tenga -le dijo entregandole un arma.
– No la necesito -afirmo Amelia sin atreverse a cogerla.
– ?Cojala! ?Que hara si nos descubren? ?Echarse a llorar? -le grito Costas.
Amelia cogio el arma y sin decir palabra se encaramo a la roca.
Aguardo impaciente a que los dos hombres camuflaran las armas en ambos coches, lo que les llevo cerca de una hora. Cuando terminaron, hicieron una senal a las mujeres.
De regreso a Atenas, Amelia iba en silencio; fue Costas quien comenzo a hablar.
– La operacion tendra lugar dentro de tres dias. Las cargas las pondremos pronto, por la manana. Luego esperaremos a que pasen y ?bum!
– Bien -respondio ella sin demasiado entusiasmo.
– ?Tiene miedo?
– Si no lo tuviera seria una estupida. Usted tambien lo deberia tener.
– No, yo no tengo miedo. Cuando mato alemanes siento un cosquilleo que me baja por el vientre, como si estuviera… ?bah!, usted es una mujer.
– Una mujer que conduce su coche y que va a ayudarle a volar un convoy. -Amelia no soportaba el desprecio con que Costas la trataba.
– Si, las mujeres tambien son valientes, nuestras camaradas de la Resistencia no se quejan, saben obedecer y no les tiembla el pulso cuando disparan. Veremos de lo que es capaz de hacer usted.
– ?Por que no recurre a sus camaradas? -pregunto irritada.
– Nos han diezmado en la ultima redada. Lo de mi pierna es un recuerdo, tuve que saltar una tapia con un tiro en la rodilla. Muchos de los nuestros estan en manos de la Gestapo. No saldran vivos de alli.
– ?Y si hablan?
– ?Jamas! Somos griegos.
– Supongo que ademas son seres humanos.
– De manera que usted hablaria -afirmo el con desconfianza.
– ?Cuantas veces le han detenido? ?Cuantas le ha interrogado la Gestapo? -quiso saber Amelia.
– Nunca, nunca han podido detenerme.
– Entonces no de nada por hecho.
– ?Y a usted? ?Acaso a usted la han detenido? -respondio el con un tono de burla que la ofendio.
Estuvo a punto de parar el coche y subirse las mangas para que viera las huellas de las esposas en sus munecas, de bajarse las medias para que viera sus piernas, pero no lo hizo, comprendio que aquel hombre era asi, que hablaba sin animo de ofenderla.
– Dentro de tres dias -recordo el cuando se despidieron.
Max estaba sumergido en la banera cuando ella llego al hotel.
– ?Donde has estado? -le pregunto desde el bano.
– Dando una vuelta. He ido a la catedral -respondio Amelia poniendose en guardia.
Luego le dejo seguir disfrutando del bano y salio de la habitacion para aprovechar los minutos hasta que Max terminara y fotografiar algunos de los documentos que el tenia esparcidos sobre el escritorio.
Ni siquiera se fijo en lo que fotografiaba. No tenia tiempo. Se lo daria a Dion en cuanto tuviera la primera oportunidad.
La noche anterior a la operacion de la Resistencia, Max le dijo que estaria unos dias fuera porque tenia que acercarse a un pueblo donde algunos soldados habian caido enfermos.
– No se de que se trata, pero tengo que ir a echar un vistazo.
– ?Cuando te iras?
– Manana muy temprano. Antes de que amanezca me vendra a buscar mi ayudante.
– Estas preocupado…
– Lo estoy, por la marcha de la guerra. En Berlin se niegan a ver lo que esta pasando.
– ?Que esta pasando, Max?
– Que podemos perder. Fue un error atacar a los rusos y lo estamos pagando.
Amelia suspiro aliviada. Deseaba fervientemente que Alemania perdiera la contienda, aunque en ese momento su mayor preocupacion era como salir de su habitacion sin que Max la viera. Llevaban un dia sin dormir juntos, porque ella le habia dicho que estaba indispuesta y se encontraba mal. El habia aceptado a reganadientes que ella durmiera en su habitacion, pero mantenian abiertas las puertas que comunicaban los cuartos.
Ahora no habria problema. Max se iria al amanecer y ella a continuacion. Tenia que acudir a la casa de Costas, de alli irian al lugar por donde tenia que pasar el convoy para colocar los explosivos. Se tranquilizaba diciendose que ella solo tenia que conducir.
Max se acerco a su cama para despedirse, la beso en la frente creyendola dormida. Cuando salio de la
