– Pero ?que le puede importar a el violar tratados internacionales? Algun dia las potencias europeas se arrepentiran de no haberle parado los pies -se quejo Don Juan.

Al dia siguiente de aquella cena, el dia 8, Santiago volvio a marcharse de viaje sin avisar. Tardo varios dias en regresar, al parecer habia ido a Barcelona a reunirse con los socios catalanes.

Amelia monto en colera, y al segundo dia de estar ausente su marido decidio que ya nada la obligaba a guardar ningun tipo de convencion social.

– Si el puede ir y venir cuando le viene en gana, yo hare lo mismo. Asi que preparate, Edurne, porque esta noche nos acercaremos a casa de Lola, hay una reunion y asistiran algunos amigos de Josep.

Estuve tentada de decirle que no debiamos ir, que Santiago se enfadaria, pero me calle. Santiago no estaba, y cuando se enterara, habrian pasado unos cuantos dias.

Amelia fue a la habitacion de Javier a darle un beso antes de que nos fueramos.

– Cuidale bien, Agueda, es mi mayor tesoro.

– Estese tranquila, senora, ya sabe que conmigo esta bien.

– Si, lo se, le cuidas mejor que yo.

– ?No diga eso! Solo que procuro darle todo lo que necesita.

Agueda tenia razon: le daba a Javier todo lo que necesitaba, sobre todo el carino y la presencia que Amelia le escatimaba. No crea que la juzgo, ella hacia lo que creia mejor. Estabamos convencidas de que teniamos que aportar nuestro grano de arena para que el mundo fuera mejor. Eramos muy jovenes, muy inexpertas, y estabamos convencidas de la bondad de nuestras ideas.

Aquella noche habia mas gente de lo habitual en casa de Lola. Y alli estaba el, Pierre.

No contabamos que estuviera Josep, porque se habia marchado quince dias antes, pero al parecer su jefe habia tenido que viajar con urgencia a Madrid.

– Pasad, pasad… Ven, Amelia, quiero presentarte a Pierre -dijo Josep, que siempre se mostraba especialmente deferente con Amelia.

Pierre debia de tener unos treinta y cinco anos por aquel entonces. No era muy alto, pero tenia el cabello de color oro viejo y unos ojos grises acerados que cuando te miraban parecian poder leer hasta los pensamientos mas ocultos.

Josep nos lo presento como un camarada medio frances, de profesion librero y de visita en Madrid por asuntos de trabajo.

Mentiria si no reconociera que tanto Amelia como Pierre parecieron sentir una atraccion inmediata el uno por el otro.

Aunque aquella noche Pierre era requerido para que explicara la situacion en la Union Sovietica y, sobre todo, por que los intelectuales europeos cada vez apoyaban en mayor numero la revolucion de Octubre, el no dejaba de buscar la mirada de Amelia, quien le escuchaba en silencio, fascinada.

– ?Por que no vienes conmigo a Paris? -le propuso en un aparte.

– ?A Paris? ?A que? -respondio Amelia con cierta ingenuidad.

– La revolucion necesita mujeres como tu, hay mucho trabajo que hacer. Creo que podrias ayudarme, trabajar conmigo. Me ha dicho Lola que hablas frances, y hasta un poco de ingles y de aleman, ?es verdad?

– Si… mi abuela paterna es francesa, y mi padre antes tenia negocios en Alemania, mi mejor amiga es alemana; el ingles lo aprendi con mi ninera, aunque no lo hablo muy bien…

– Te reitero la invitacion, aunque en realidad es una oferta de trabajo. Podrias serme de mucha utilidad.

– Yo… yo no se en que.

Pierre la miro fijamente, y aquella mirada estaba cargada de palabras que solo ella podia interpretar.

– Me gustaria que vinieras conmigo no solo por trabajo, piensalo.

Amelia se sonrojo y bajo la mirada. Asi, tan directamente nunca un hombre le habia hecho una proposicion. Como yo estaba cerca, al acecho por si me necesitaba, y habia escuchado la invitacion de Pierre, me acerque de inmediato.

– Es tarde Amelia, deberiamos irnos.

– Si, tienes razon, se ha hecho muy tarde.

– ?Tienes que irte ya? -quiso saber Pierre.

– Si- murmuro ella, pero sin moverse. Era evidente que no tenia ningunas ganas de que nos fueramos.

– ?Pensaras lo que te he dicho? -insistio Pierre.

– ?Ir a Paris contigo?

– Si, estare en Madrid unos dias, pero no muchos, y no se cuando podre regresar.

– No. No puedo ir a Paris, ya nos veremos en otra ocasion -dijo Amelia con un suspiro.

– ?Que te impide venir conmigo?

– Tiene un marido y un hijo -respondi yo, aunque me arrepenti de inmediato de haber hablado sobre todo por la mirada de rabia que Amelia me dirigio en aquel momento.

– Si, ya se que esta casada y que tiene un hijo. ?Quien no lo esta? -respondio Pierre con tranquilidad.

– No, no puedo ir. Gracias por la invitacion.

Salimos de casa de Lola en silencio. Amelia estaba enfada por mi interrupcion, y yo temia que eso provocara, mas que su enfado, una perdida de confianza.

No hablamos hasta llegar a casa. Me iba a retirar a mi habitacion cuando me agarro del brazo y me dijo muy bajito:

– Si alguien debe saber algo de mi, sere yo quien se lo diga. Tenlo en cuenta para la proxima vez.

– Perdona, yo… no era mi intencion entrometerme…

– Pero lo has hecho.

Se dio media vuelta y me dejo alli, plantada en el vestibulo, hecha un mar de lagrimas. Era la primera vez que se enfadaba conmigo desde que nos conocimos, la primera vez que no la senti una amiga, sino una extrana.

A la manana siguiente Amelia se levanto tarde. La doncella nos dijo que habia pedido que no la molestaran, y aunque yo tenia el privilegio de poder entrar en su habitacion, no me atrevi a hacerlo despues del incidente de la noche anterior.

No vi a Amelia hasta mediodia; parecia tener fiebre y se quejaba de dolor de cabeza. Su madre, que habia acudido a almorzar con ella y a visitar a su nieto, achaco esta indisposicion al disgusto que tenia su hija por la ausencia de Santiago; pero yo intuia que el marido no era la causa de su situacion febril sino la irrupcion de Pierre en su vida, en nuestras vidas, porque nos cambio la existencia a ambas.

Antonietta llego hacia las seis a buscar a su madre, y Amelia se despidio de ellas aliviada, porque aquella tarde no parecian distraerla ni su madre ni su hermana.

A eso de las siete Lola se presento en casa. Nada mas verla supe que venia enviada por Pierre, porque me pidio ver a Amelia a solas. No se de que hablaron, pero es facil de suponer, porque media hora mas tarde Amelia me llamo para decirme que salia a una reunion politica con Lola pero que no queria que la acompanara. Proteste. Santiago no queria que saliera sin mi, pero sobre todo me dolia sentirme excluida.

Amelia fue a la habitacion de Javier. El nino estaba en brazos de Agueda, y esta le cantaba. Sonreia y alzaba sus manitas hacia el rostro del ama. Amelia beso a su hijo y salio deprisa, seguida por Lola.

Me quede sentada en el vestibulo esperando a que regresara, lo que no hizo hasta pasada la medianoche. Llego con el rostro enrojecido, sudorosa, y parecia temblar. Le contrario verme alli, y me mando que me fuera a la cama.

– Amelia, quiero hablar contigo -le suplique.

– ?A estas horas? No, vete a descansar, yo no me encuentro bien y necesito dormir.

– Pero, Amelia, es que estoy preocupada, llevo todo el dia con una opresion aqui en el pecho… quiero que me perdones por lo de anoche… yo… yo no queria ofenderte, ni inmiscuirme en tus cosas… sabes que… bueno, que solo te tengo a ti y si tu no quieres saber nada de mi, no se que voy a hacer.

– Pero, Edurne, ?que cosas dices! ?Que es eso de que solo me tienes a mi? ?Y tu madre, y Aitor, y tus abuelos? Vamos, no digas tonterias y vete a descansar.

– Pero ?me perdonas?

Amelia me abrazo dandome unas palmadas carinosas; ella siempre fue muy generosa y no soportaba ver a nadie sufrir.

– No tengo nada que perdonarte, lo de anoche fue una bobada, tuve un ataque de malhumor, no le des

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