– Pues tu eres tan burguesa como yo.

– Pero yo me he dado cuenta de que es una perversidad que haya clases sociales, y quiero renunciar a todos nuestros privilegios, no veo justo que haya quienes tengamos mas oportunidades que otros, me parece injusto que no seamos todos iguales.

– Lo siento, Amelia, no puedo compartir tus ideas. Claro que creo que todos merecemos las mismas oportunidades, pero, ?sabes?, desgraciadamente los hombres nunca seran iguales.

– Eso ha sido asi hasta ahora. Stalin ha demostrado que es posible una sociedad igual para todos.

– Bueno, bueno, no discutamos de politica y llevame al cuarto de Javier, que quiero darle un beso antes de marcharme.

Por la noche Amelia fue a casa de Lola, o eso me dijo, porque no permitio que la acompanase. Me aseguro que Pierre acudiria a buscarla a la esquina de casa y que no andaria sola por la calle. No regreso hasta bien entrada la madrugada. No se que sucedio aquella noche, pero cuando llego a casa no era la misma.

Paso la manana muy agitada, y se puso de malhumor cuando su madre le mando el aviso de que iria a almorzar con Antonietta para pasar un rato con Javier.

Durante el almuerzo estuvo distraida, y a eso de las cinco rogo a su madre y a su hermana que se marcharan alegando que tenia que ir a hacer una visita. Me sorprendio que de repente las abrazara con efusion y reprimiendo las lagrimas.

Cuando dona Teresa y Antonietta se fueron, Amelia se encerro durante media hora en su habitacion. Luego salio y se dirigio al cuarto de Javier. El pequeno dormia mientras Agueda, a su lado, hacia una labor de ganchillo.

Amelia cogio al nino en brazos despertandole, y se puso a llorar mientras le besaba susurrando «mi nino, mi nino querido, perdoname, hijo mio, perdoname».

Agueda y yo la observabamos en silencio, desconcertadas.

– Cuida bien a Javier, es mi tesoro mas preciado -le dijo Amelia a Agueda.

– Si, senora, sabe que le quiero como si de mi hijo se tratara.

– Cuidale, mimale.

Dejo el cuarto y yo la segui sabiendo que iba a pasar algo. Amelia entro en su habitacion y salio con una maleta, apenas podia con ella.

– ?Adonde vas? -le pregunte temblando, aunque sabia la respuesta.

– Me marcho con Pierre.

– Pero, Amelia, ?no lo hagas! -Empece a llorar mientras le suplicaba.

– ?Calla, calla!, o se enterara toda la casa. Tu eres comunista como yo y puedes entender el paso que voy a dar. Me voy donde me pueden necesitar.

– ?Dejame que te acompane!

– No, Pierre no quiere, tengo que ir sola.

– ?Y que sera de mi?

– Mi marido es bueno y dejara que te quedes. Ten, toma, tenia algo de dinero reservado para ti.

Amelia me puso en la mano un fajo de billetes que yo me resisti a coger.

– Edurne, no te preocupes, no te pasara nada, Santiago cuidara de ti. Ademas, siempre puedes contar con mi prima Laura. Ten, quiero que le lleves esta carta. Le explico adonde marcho y lo que voy a hacer, y le pido que cuide de ti, pero no se la des a nadie que no sea ella, prometemelo.

– ?Y que dire cuando vean que no regresas? Me preguntaran a mi…

– Di que sali a hacer una visita y te dije que llegaria tarde.

– Pero tu marido querra saber la verdad…

– Santiago sigue de viaje y cuando regrese dile que hable con mi prima Laura, ella le explicara. En la carta que te he dado para Laura le pido que sea ella quien anuncie a la familia que me he ido para siempre.

Nos abrazamos llorando hasta que Amelia se separo, y sin darme tiempo a decir nada, abrio la puerta y salio cerrandola suavemente.

No volveria a verla en mucho, mucho tiempo.»Edurne suspiro. Estaba fatigada. Durante tres largas horas habia hablado sin darse un respiro. Yo habia permanecido sin moverme, atento a una historia que, a medida que avanzaba, me iba interesando mas y mas.

Estaba sorprendido, mucho de lo que habia escuchado me parecia inaudito. Pero alli estaba aquella anciana, con la mirada perdida en algun lugar donde habitaban sus recuerdos, y en el rostro una mueca de dolor.

Si, a Edurne aun le dolia recordar aquellos dias que cambiaron su vida, aunque no me habia explicado que habia sido de ella despues.

Me di cuenta de que no podia forzarla a hablar mucho mas, estaba demasiado agotada fisica y emocionalmente para insistir en que me aclarara algunos aspectos de su relato.

– ?Quiere que la acompane a algun sitio? -dije por decir algo.

– No, no hace falta.

– Me gustaria ser util…

Me clavo su mirada cansada al tiempo que negaba con la cabeza. Queria que la dejara en paz, que no la obligara a seguir exprimiendo aquella memoria donde habitaban los fantasmas de su juventud.

– Ire a decir que hemos terminado. No sabe lo mucho que le agradezco todo lo que me ha contado, me ha sido usted de una gran ayuda. Ahora se mejor quien era Amelia, mi bisabuela.

– ?De verdad?

La pregunta de Edurne me sorprendio, pero no respondi, solo acerte a sonreir. Era muy anciana; me di cuenta de que tenia esa cerulea palidez que precede al ultimo viaje, y me puse a temblar.

– Avisare a las senoras.

– Le acompano.

La ayude a ponerse en pie, y espere a que se afianzara en el baston que llevaba en la mano derecha. No imaginaba como habia sido Edurne en el pasado, pero ahora era una anciana extremadamente delgada y fragil.

Amelia Maria Garayoa estaba con sus tias. Parecia inquieta, y cuando nos vio entrar salto del sofa.

– Ya era hora, ?es que no se ha dado cuenta de que Edurne es muy mayor? Si hubiese sido por mi no le habria permitido quedarse tanto tiempo.

– Lo se, lo se…

– ?Le ha sido provechosa la conversacion? -quiso saber dona Laura.

– Si, realmente estoy sorprendido. Necesito pensar, poner en orden todo lo que Edurne me ha contado… No me podia imaginar que mi bisabuela hubiera sido comunista.

Se quedaron en silencio y me hicieron sentir incomodo, lo que empezaba a ser un habito en ellas.

Amelia Maria ayudo a sentarse a Edurne mientras dona Laura me miraba expectante, y la otra anciana, dona Melita, parecia perdida en sus pensamientos. A veces parecia desentenderse de lo que sucedia a su alrededor, como si no le interesara lo que estaba viviendo.

Yo tambien estaba cansado, pero sabia que para continuar mi investigacion tendria que hablar con ellas.

– Bien, ustedes me dijeron que iban a guiar mis pasos. ?Cual es el siguiente? Aunque, bien mirado, yo necesitaria hablar con usted, dona Laura, y que me explicara que ocurrio cuando…

– No, ahora no -me corto la anciana-, es tarde. Llame manana, y ya le dire por donde seguir.

No proteste, sabia que habria sido inutil, sobre todo porque Amelia Maria me estaba diciendo con la mirada que si insistia me despediria con cajas destempladas.

Cuando llegue a mi casa dude en si llamar a mi madre para contarle todo lo que habia descubierto sobre la bisabuela o, por el contrario, no decir ni media palabra hasta que no tuviera la historia completa. Al final opte por dormir y dejar la decision para el dia siguiente. Me sentia confuso; la historia de mi bisabuela estaba resultando ser mas complicada de lo que yo habia previsto, y no sabia si terminaria convirtiendose en un folletin o en cambio aun me podia llevar unas cuantas sorpresas mas.

Me quede dormido pensando en que Amelia Garayoa, aquella misteriosa antepasada mia, habia sido una romantica temperamental, una mujer ansiosa de experiencias, constrenida por las imposiciones sociales de su epoca; un tanto incauta y desde luego con una clara tendencia a la fascinacion por el abismo.

Вы читаете Dime quien soy
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату