– Ya ha llegado… sientese -me ordeno mientras senalaba un sillon cercano al suyo.
– ?Como esta su hermana? -pregunte con un tono de voz preocupado al tiempo que le daba el ramo de rosas-. Le he traido estas flores…
– ?Mi hermana? -inquirio con un deje de extraneza.
– Su sobrina Amelia Maria me dijo ayer que dona Melita estaba resfriada…
– ?Ah si! Claro que esta resfriada, pero ya se encuentra mejor, desde ayer no tiene fiebre. Somos muy mayores, ?sabe? Y cualquier cosa nos afecta… y la gripe de este ano ha venido muy mala. Pero esta mejor. Le dire que ha preguntado usted por ella.
Hizo un gesto para indicar al ama de llaves que se llevara las flores y le pidio que trajera cafe para los dos.
– Bien, ?que opina de lo que le conto Edurne? -me pregunto sin mas preambulos.
– En realidad su prima me parece que era una joven bastante atolondrada, con ansias de convertirse en una heroina -respondi a modo de conclusion.
– Si, algo de eso hay, pero no solo eso. Mi prima Amelia siempre fue una chica inteligente, inquieta, solo que se equivoco de siglo; si hubiera nacido hoy, se habria convertido en una mujer notable, habria podido desarrollar todo su talento, pero en aquella epoca…
– Eso de largarse con el tal Pierre creyendo que debia sacrificarse por la revolucion… en fin, que me parece una excusa pueril. Se fue con el porque se enamoro, y se habria ido igual con revolucion o sin ella -conclui ante la mirada de espanto de dona Laura.
– Joven, me parece que usted no ha entendido nada. Juzga con mucha ligereza a Amelia. Puede que usted no sea capaz de entender… que no sea la persona adecuada para escribir su historia…
Estaba claro que habia metido la pata. ?Quien me mandaria soltar de sopeton mi opinion sobre mi bisabuela! Intente arreglarlo como pude.
– ?Por favor, no me malinterprete! A veces los periodistas somos asi de impulsivos, decimos las cosas a lo bruto, olvidandonos de los matices, pero le aseguro que a la hora de escribir esta historia lo hare con ecuanimidad y carino, al fin y al cabo fue mi bisabuela.
Temi que me dijera que me marchara, pero no dijo nada. Espero a que el ama de llaves, que acababa de entrar, nos sirviera el cafe.
– Bien, usted dijo que tenia unas cuantas preguntas que hacernos. ?Que mas quiere saber?
– En realidad son ustedes quienes me tienen que decir de que hilos debo tirar. Reconozco que sin su ayuda seria muy dificil poder desentranar la historia de mi bisabuela. Tambien me gustaria que me contara que sucedio cuando regreso Santiago, mi bisabuelo.
– No le compadezca. Santiago fue un hombre de una pieza, que sufrio, si, por la perdida de Amelia, pero que supo sobreponerse con enorme dignidad.
– Pues de eso queria que me hablara, al fin y al cabo ustedes eran la familia mas cercana de Amelia.
– Bien, le contare algunos detalles, pero no tome por costumbre que seamos nosotras quienes le demos informacion; ese no es el trato. Ademas, hay cosas que aunque quisieramos no podriamos contarle porque las ignoramos. Aunque, como usted dice, sabemos de que hilos tirar. Le tengo preparadas un par de entrevistas mas.
Me acomode en el sillon dispuesto a escuchar a dona Laura, que se habia quedado en silencio, como si estuviera pensando por donde comenzar…
«Al dia siguiente de la fuga de Amelia, Edurne me trajo la carta que habia escrito mi prima. Era un domingo de finales de marzo de 1936 y todos estabamos en casa. La tengo aqui para ensenarsela. En ella, Amelia me decia que se habia enamorado de Pierre, que no soportaba la idea de que el se marchara y no volver a verlo, que preferia morir antes que perderlo. Tambien me suplicaba que fuera yo quien explicara a sus padres y a Santiago su ausencia; insistia en que la verdadera causa no era Pierre, sino sus ideales revolucionarios. Pedia perdon a todos y me rogaba que hiciera lo posible para evitar que su hijo la odiara; tambien decia que algun dia regresaria en busca de Javier. Y me pedia que cuidara de Edurne, porque temia que Santiago la pudiera despedir.
Se puede imaginar mi estado de conmocion cuando lei aquella carta. Me sentia desolada, perdida, e incluso traicionada, porque Amelia, ademas de mi prima, era mi mejor amiga. Desde pequenas habiamos compartido hasta las confidencias mas intrascendentes, estabamos mas unidas la una a la otra que a nuestras propias hermanas.
Edurne estaba aterrorizada. Pensaba, y no le faltaba razon, que podia quedarse sin trabajo, que tendria que regresar al caserio. Lloraba pidiendome que la ayudara. Yo me sentia desbordada por la situacion, puesto que con dieciocho anos, y en aquella epoca, se puede usted imaginar lo poco que sabiamos del mundo, y mi prima se habia fugado delegando en mi una responsabilidad para la que no estaba preparada. Lo primero que hice fue tratar de tranquilizar a Edurne y prometerle que nada le sucederia, y le dije que regresara a casa de Amelia, y si alguien le preguntaba por Amelia tenia que responder que no sabia donde habia ido. Luego fui a ver a mi madre, que en aquel momento estaba con la cocinera dandole instrucciones porque esa noche teniamos invitados.
– Necesito hablar contigo.
– ?No puedes esperar? No creas que es facil organizar una cena para doce comensales.
– Mama, es muy urgente, necesito hablar contigo -insisti.
– ?Como sois las ninas de hoy de impacientes! Los mayores tenemos que dejarlo todo para complaceros. En fin, vete a la salita que ahora voy.
Mi madre tardo aun un buen rato en reunirse conmigo; para cuando lo hizo, yo ya me habia mordido todas las unas.
– ?Que pasa, Laura? Espero que no sea ninguna tonteria de las tuyas.
– Mama, Amelia se ha ido.
– ?Tu hermana? Claro que se ha ido, ha ido a visitar a su amiga Elisa.
– No me refiero a mi hermana Melita sino a mi prima.
– Si no la has encontrado es que habra salido a casa de sus padres o a visitar a alguien, lo mismo esta con esa Lola…
– Se ha ido para siempre.
Mi madre se quedo callada intentando digerir lo que acababa de oir.
– Pero ?que dices? ?Que tonteria es esa! Ya se que esta enfadada con Santiago por su ultimo viaje… la verdad es que Santiago deberia ser mas considerado y no marcharse asi por las buenas… pero Amelia ya sabe como es su marido…
– Mama, Amelia ha dejado a Santiago.
– ?Pero que dices, nina! ?Basta de tonterias!
Mi madre se habia puesto roja del sofoco. Le costaba asimilar lo que le estaba diciendo.
– Se ha marchado porque… porque cree en la revolucion, y se va a sacrificar para construir un mundo mejor.
– ?Dios mio! ?No puedo creer que Lola le haya lavado el cerebro hasta esos extremos a tu pobre prima! Vamos, dime donde esta, llamare a tu padre, tenemos que ir a buscarla de inmediato… imagino que se habra ido a casa de esa Lola.
– Se ha ido a Francia.
– ?A Francia? ?Que estas diciendo! Explicame que ha pasado, pero ?como puedes decir que Amelia se ha ido a Francia…?
Mi padre entro en la salita alertado por los gritos de mi madre. Se asusto al verla moviendose de un lado para otro haciendo aspavientos.
– Pero ?que pasa? Elena, ?que sucede? ?Te encuentras mal? Espero, Laura, que no le hayas dado ningun disgusto a tu madre, y menos hoy, que tenemos invitados a cenar…
– Papa, Amelia se ha ido a Francia. Ha dejado a Santiago y a su familia aunque algun dia volvera a por Javier.
Lo dije todo seguido, sin preambulos.
Mi padre se quedo mudo, mirandome fijamente, como si no entendiera lo que le estaba diciendo. Mi madre habia roto a llorar desconsoladamente.
Les conte la fuga de Amelia a trompicones, intentando no traicionarla, sin nombrar en ningun momento a
