Pierre.
Mi padre no terminaba de creerse que su sobrina, por atolondrada que fuera, se hubiese ido a Francia a hacer la revolucion.
– Pero ?que revolucion? -insistia mi padre.
– Pues la revolucion. Sabes que los comunistas quieren llevar la revolucion a todas partes… -respondi sin excesiva conviccion.
Durante mas de una hora mi padre estuvo preguntandome sin darme tregua, mientras mi madre hablaba y hablaba de la influencia de Lola.
– Tenemos que llamar a Juan y a Teresa. ?Que disgusto les vamos a dar! Y tu, Laura, ensename esa carta que te ha escrito Amelia -me reclamo mi padre.
Les menti. Jure que, a causa de los nervios, sin darme cuenta la habia roto. No podia entregarsela puesto que en la carta Amelia contaba toda la verdad, es decir, que se habia enamorado de Pierre.
– ?No te creo! -dijo mi padre reclamando la carta.
– Te aseguro que la he roto sin darme cuenta -proteste llorando.
Mis tios Juan y Teresa llegaron a mi casa apenas media hora despues. Mi padre les habia insistido en que era urgente que vinieran. Para el suponia un gran sufrimiento tener que decirle a su hermano que su hija se habia escapado.
Mi padre me pidio que les contara cuanto sabia, y yo, entre lagrimas, fui diciendo lo que podia.
Mi tia Teresa se desmayo y mi madre tuvo que atenderla, lo que propicio que mi padre, mi tio Juan y yo nos refugiaramos en su despacho, donde ambos me insistieron en que les contara cuanto sabia.
No di mi brazo a torcer, y achaque a la revolucion la causa de la fuga de mi prima Amelia.
– Bien -acepto mi tio Juan-, entonces iremos a ver a esa Lola, que ha sido la causante de meter en la cabeza de Amelia estas ideas extremistas. Ella sabra donde esta, no creo que le haya dado tiempo a llegar a Francia; en todo caso, nos tendra que decir donde encontrarla. Pero primero iremos a casa de Amelia, hay que procurar no alertar al servicio sobre lo que esta sucediendo. Espero que Edurne no diga ni una palabra.
Mientras mi madre atendia a mi tia Teresa, fui con mi padre y mi tio a casa de Amelia. Pero aquel no era nuestro dia de suerte y cuando llegamos a casa de Amelia nos encontramos con la sorpresa de que Santiago habia regresado del viaje por la manana.
Santiago estaba hablando con Edurne, o mejor dicho, Santiago hablaba y Edurne lloraba.
El se sorprendio al vernos y yo me puse a temblar. Enfrentarme a mis padres y a mis tios era una cosa, pero enfrentarme a Santiago…
Mi tio Juan estaba igualmente nervioso. No iba a ser facil para el decirle a Santiago que su mujer se habia marchado.
– ?Que sucede? -pregunto Santiago con un tono de voz helado.
– ?Podemos hablar en privado? -solicito mi tio Juan.
– Si, naturalmente. Acompanadme al despacho, y tu, Edurne… luego continuaremos hablando.
Lo seguimos hasta el despacho, yo rezando por lo bajo, pidiendole a Dios que hiciera un milagro y Amelia apareciera de repente. Pero aquel dia Dios no me escucho.
Santiago nos invito a sentarnos, pero mi tio Juan estaba tan nervioso que se quedo de pie.
– Siento lo que voy a decirte… estoy desolado… y te aseguro que no lo entiendo, pero…
– Don Juan, cuanto antes me diga a lo que ha venido, mejor -corto Santiago.
– Si… desde luego… lamento lo que ha pasado… pero, en fin, no tengo mas remedio que informarte de que Amelia ha huido.
Agarre la mano de mi padre como si fuera un refugio, porque el rostro de Santiago reflejaba una ira sin limites.
– ?Ha huido? ?Donde? ?Por que? -Santiago intentaba controlarse, pero era evidente que estaba a punto de estallar.
– No lo sabemos… bueno si… al parecer se ha ido a Francia.
– ?A Francia? ?Pero que locura es esta! -Santiago habia elevado el tono de voz.
– Amelia le ha escrito a Laura para explicarselo -acerto a decir mi padre.
– ?Ah, si? Bien, leamos esa carta -y me miro fijamente mientras tendia la mano a la espera de que le entregara la misiva de Amelia.
– No la tengo -musite-, con los nervios la he roto…
– ?Ya! ?Y pretendes que me lo crea?
– ?Es la verdad! -Me di cuenta de que a pesar de mi protesta Santiago siguio sin creerme.
La verdad es que siempre se me ha dado mal mentir.
– ?Y que es lo que Amelia te ha autorizado a decirnos? -Santiago seguia haciendo un esfuerzo por contenerse.
– Pues que se ha ido a Francia a colaborar con la revolucion, alli estan mas preparados para ayudar a extender a todas partes la Revolucion sovietica.
Lo dije de corrido, me habia aprendido la leccion.
– Laura, ?con quien se ha ido Amelia? -El tono de voz de Santiago era duro y cortante.
Me mordi el labio hasta hacerme sangre y se me escaparon las lagrimas.
– Responde, hija -me pidio mi padre.
– No lo se…
– Si, si lo sabes. Tu y Edurne sabeis exactamente lo que ha pasado, cuando y con quien se ha marchado - afirmo Santiago.
Don Juan y mi padre se miraron con espanto, mientras Santiago clavaba sus ojos en los mios hasta hacerme bajar la cabeza, avergonzada.
– Laura, no le haces ningun favor a Amelia ocultandonos la verdad. Tu prima, mal aconsejada, ha cometido un error, pero si nos dices todo lo que sabes aun lo podemos enmendar -insistio mi padre.
– Es que se que se ha ido a hacer la revolucion… -respondi casi sollozando.
– ?No digas tonterias! -me interrumpio Santiago-. No nos tomes por estupidos. Mia ha sido la culpa por permitir a Amelia participar en esas reuniones de las Juventudes Socialistas de Espana a las que la llevaba Lola. Y mas aun de haberme hecho hasta gracia que Edurne se tomara su militancia tan en serio. ?Amelia una revolucionaria? Si, una revolucionaria acompanada de su criada para que, naturalmente, la senorita no tuviera que molestarse ni en hacerse la cama.
– Amelia no se ha llevado a Edurne -proteste sacando algo de valor.
– No, no se la ha llevado, porque no se lo han permitido. Edurne me ha contado que ella queria acompanarla, pero que Amelia le dijo que no le autorizaban a ir con nadie. Bien, me habeis venido a contar lo que ya sabia, que Amelia se ha ido. Cuando llegue a casa esta manana pregunte por mi mujer y nadie supo darme razon, y Edurne se puso a llorar cuando le pregunte por ella. Solo ha alcanzado a decirme la misma tonteria que tu, Laura, que Amelia se ha ido a Francia a hacer la revolucion.
De pronto Santiago parecia cansado, como si toda la furia que estaba conteniendo se estuviera transformando en resignacion.
– Santiago, estamos contigo, dispuestos a ayudarte en lo que sea, pero quiero pedirte que perdones a mi sobrina, es una chiquilla sin ninguna mala intencion. -Las palabras de mi padre parecieron revivir la ira en Santiago.
– ?Ayudarme? ?En que pueden ayudarme? No se engane, don Armando, si Amelia se ha ido es que… es que lo ha hecho con otro hombre.
– ?No, eso si que no! -Mi tio Juan se planto ofendido delante de su yerno-. No permitire que faltes el respeto a mi hija. Amelia es una nina, si, ha cometido un error, pero irse con otro hombre, ?jamas! No quiero reprocharte nada, pero tus viajes sin avisar no han sido precisamente una manera adecuada de cuidar un matrimonio.
Santiago apreto los punos. Creo que si no hubiese sido por su exquisita educacion y, sobre todo, porque era un hombre que sabia controlarse, habria golpeado mi tio Juan.
– Quiero creer que Amelia solo nos habria abandonado a su hijo y a mi por una gran pasion. ?Abandonar a Javier solo por la revolucion? No, usted no conoce a Amelia. Bien es verdad que nunca se ha comportado como una madre solicita con Javier, pero yo se que le quiere; en cuanto a mi… tambien lo creia.
