– Manana me voy a Barcelona -me dijo el nino a modo de despedida.

– ?A Barcelona? ?Y veras a Amelia? -pregunte en voz baja.

– No lo se, pero mi madre dice que vamos a vivir con mi padre. Esta muy contenta. A mi me da pena irme de Madrid, aunque aqui no tenemos a nadie. Bueno, a mi abuela, pero mi madre no se lleva bien con ella.

– Si ves a Amelia dile… dile… dile que sea muy feliz y que la quiero mucho.

Pablo asintio sin decir palabra, y yo sali deprisa, para alcanzar a mi padre y a mi tio Juan.

De regreso a mi casa, mi tia Teresa continuaba llorando. Mi madre le habia dado dos tilas y un vasito de agua del Carmen, pero no le habian hecho ningun efecto. Mi madre habia llamado a mi prima Antonietta, que estaba sentada, muy seria, sin decir palabra.

– ?La habeis encontrado? -pregunto impaciente mi madre.

Mi padre le conto sin mucho detalle que habiamos estado con Santiago y luego en casa de Lola, y que al parecer Amelia se habia ido a Barcelona aunque su destino final era Francia.

Mi tia Teresa lloro con mas fuerza y desconsuelo al escuchar el relato de las ultimas horas, y solo alcanzaba a pedir que le devolvieran a su hija.

No sabiamos que hacer, ni que decir; aquel fue el dia mas largo de mi vida.

A media tarde, mi padre, Melita y yo acompanamos a mis tios y a mi prima a su casa. Estabamos de duelo, pero mi madre habia decidido que no podia suspender la cena de aquella noche, ya que entre los invitados se encontraba un matrimonio con dos de sus hijos, uno de los cuales pretendia a mi hermana Melita, y sabiamos que aquella noche iba a pedir oficialmente permiso para cortejarla.

Yo me hubiese quedado de buena gana con mis tios y Antonietta, pero ellos preferian estar solos.

La cena resulto ser una pesadilla. Mi padre estaba distraido; mi madre, nerviosa, y mi hermana, conmocionada por lo sucedido, apenas prestaba atencion a su pretendiente. Bien es verdad que el chico no se desanimo por lo inusual del ambiente y, apoyado por su padre, termino pidiendo permiso al mio para iniciar relaciones con mi hermana. Mi padre se lo dio sin mostrar ningun entusiasmo. Anos despues, le contamos a Rodrigo lo que habia pasado aquel dia. Aunque ahora no venga al caso, le dire que, poco despues de comenzar la guerra civil, Rodrigo se caso con mi hermana Melita.

A la manana siguiente Edurne se presento en mi casa con la maleta. Santiago le habia dado una generosa cantidad de dinero para que regresara al caserio con su madre y sus abuelos.

– Yo no pudo regresar, senorita Laura; mi madre me mata si se entera que me ha despedido don Santiago.

– Pero si tu no tienes la culpa de lo que ha pasado, tu madre te comprendera -le dije yo, poco convencida.

– En casa necesitan lo que gano, el caserio apenas da para vivir, y ademas mi madre me esta haciendo el ajuar por si un dia me caso.

– El ajuar puede esperar -tercio mi madre- y tu alli siempre podras echar una mano. Ademas tu hermano Aitor se esta situando bien dentro del PNV; mi cunada Teresa me ha dicho que le tienen muy bien considerado.

– ?Ay, dona Elena, usted no conoce a mi madre! No sabe como se va a enfadar. Ella me pidio que me comportara como ella lo habia hecho siempre con la familia Garayoa, y ya ve usted lo que he hecho.

Edurne lloraba con desconsuelo y me agarraba la mano suplicando que no la abandonara. Yo me debatia entre lo que me habia pedido mi prima Amelia, que cuidara de Edurne, y el peso de la responsabilidad que asumia. Pudo mas la lealtad a mi prima.

– Mama, ?puedo hablar contigo a solas un momento?

Mi madre me miro con desconfianza; me conocia muy bien y sabia lo que iba a pedirle, asi que se hizo la remolona.

– Mira, Laura, no puedo perder mas tiempo, tenemos demasiados problemas encima…

– ?Pero si es solo un momento! -suplique.

Salimos de la sala y nos metimos en mi cuarto. Para entonces mi madre ya se habia puesto de un humor pesimo.

– Laura, tienes que ser sensata -comenzo a decirme, pero la interrumpi.

– ?Que quejas tienes de mi? ?En que te he disgustado?

– En nada, nina, en nada, pero tienes que entender que no podemos hacernos cargo de Edurne, que es precisamente lo que me vas a pedir.

– Pero, mama, ?ella no puede volver al caserio! Tu sabes que Amaya tenia mucho genio…

– Amaya fue siempre una sirviente leal. Ojala Edurne fuera como su madre, no se habria metido en problemas ni se le habria llenado la cabeza de pajaros sobre la revolucion.

– Te lo pido por favor, ?habla con papa!

– No somos ricos, no podemos meter una boca mas en casa. ?Es que no te das cuenta de la situacion? La politica esta revolviendolo todo: hay huelgas, desordenes, algunos locos estan asaltando conventos; no se que va a pasar… Y tu padre es un bendito, apoya a don Manuel Azana lo mismo que su hermano Juan, pero yo creo que Azana no termina de hacerse con la situacion…

– ?No me importa la politica! ?Lo que quiero es ayudar a Edurne! Y no me digas que no podemos hacerle un hueco en casa. Puede dormir en el cuarto de tu doncella, a Remedios no le importara. Ademas, Remedios esta mayor, le vendra bien que le ayuden.

– ?Que no! Que no quiero a una comunista como doncella, no quiero lios en mi casa. Bastante tenemos con lo que ha pasado con tu prima Amelia.

Mi padre golpeo suavemente en la puerta. Habia escuchado la voz alterada de mi madre.

– Me voy al despacho, volvere para almorzar. Pero ?que es lo que pasa?

– Tu hija quiere que metamos a Edurne en casa, Santiago la ha despedido.

– ?Por favor, papa!

– Mira, lo que podemos hacer es hablar con tus tios, yo misma ire a visitar a Teresa y le explicare la situacion. Deberian ser ellos quienes se hicieran cargo de Edurne. Al fin y al cabo, Edurne es hija de Amaya, que fue su sirvienta durante muchos anos. Ellos sabran que hacer.

Mi madre se mostraba terca como las muias.

– No creo que sea buena idea -dijo mi padre, para mi sorpresa y la de mi madre.

– ?Por que no? Dime, Armando, ?por que no? Edurne no es nuestro problema.

– Amelia es mi sobrina y lo que ha hecho tambien tiene consecuencias para nosotros, no podemos lavarnos las manos. Mira, Elena, para mi hermano y para Teresa seria doloroso tener que acoger a Edurne. Lo harian, claro, por sentido de la responsabilidad, pero su presencia seria un recordatorio permanente del drama que tienen que afrontar. No, no quiero anadir mas dolor a mi hermano y a mi cunada, y Laura tiene razon, no podemos abandonar a esa chiquilla tonta.

– Es una comunista -respondio mi madre, y parecia que escupia la palabra «comunista».

– ?Crees que de verdad Edurne sabe lo que es el comunismo? Y aunque asi fuera, ?por que no habria de serlo? ?Que le ha dado la vida para ser otra cosa?

– Tendria que estar agradecida a tu familia por lo que ha hecho por ella. La han tratado como si fuera de la familia, lo mismo que a su madre…

– ?Agradecida? No, Elena, las cosas no son como las planteas. La han tratado como a un ser humano y nadie tiene por que agradecer que le traten como lo que es. Edurne ha hecho bien su trabajo, como lo hacia Amaya; no nos deben nada.

– ?Como puedes hablar asi! ?A veces tu tambien pareces comunista!

– ?Vamos, Elena, no exageres! No confundas comunismo con justicia. Eso es de lo que adolece este pais, por eso pasan las cosas que estan pasando. Aqui se ha tenido a la gente esclavizada, y ahora muchos se asombran porque el pueblo esta reclamando lo suyo.

– ?Y por eso tienen que quemar iglesias? ?Justificas que los campesinos ocupen las fincas? ?No son suyas!

– Mira, no vamos a seguir discutiendo, tengo que irme al despacho, y quiero acercarme a ver a mi hermano Juan. Estan viviendo una tragedia con la huida de Amelia, y nuestra obligacion es echarles una mano.

La firmeza de mi padre doblego a mi madre.

– ?Y que quieres que hagamos?

– Por lo pronto, que Edurne se quede en casa, al menos provisionalmente. Acomodala donde creas conveniente

Вы читаете Dime quien soy
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату