y dale trabajo.
– No quiero que contamine a mis hijas con sus ideas…
– Elena, no insistas, y haz lo que te he dicho -corto tajante mi padre-. Y tu, Laura, espero que seas sensata. Se lo unida que estabas a tu prima, pero debes reconocer que se ha portado mal, muy mal con todos: con su marido, con su hijo y tambien contigo. No quiero que vayas con Edurne a ningun sitio sin la autorizacion de tu madre. En esta familia ya hemos tenido bastantes disgustos con la politica.
– Te prometo, papa, que no tendras ni una queja de mi.
– Eso espero, tu hermana Melita es mas sensata. Comparte el nombre con tu prima, Amelia, pero quiza el haberle anadido el Maria, Amelia Maria, la ha hecho diferente.
– ?Que ocurrencia! ?Que tendran que ver los nombres con lo que ha sucedido? -dijo mi madre.
Aquella discusion entre mis padres se saldo con Edurne en casa, y su estancia, que iba a ser provisional, se convirtio en permanente. Desde entonces Edurne siempre ha estado conmigo, hasta hoy.»
Dona Laura suspiro. Los recuerdos parecian agobiarla, y se pasaba la mano por la cabeza como intentando ahuyentarlos.
– Quiza usted pueda reconstruir a traves de su familia que fue, a partir de aquel momento, de Santiago. Al fin y al cabo es su abuelo. Santiago rompio con los Garayoa para siempre.
– ?Nunca mas le vieron? -pregunte desconcertado.
– No quiso saber nada de nosotros. Supongo que vernos le habria recordado permanentemente la humillacion que sentia por el abandono de Amelia. Nunca nos permitio visitar a Javier, ni siquiera a mis tios, que al fin y al cabo eran los abuelos del nino.
– ?Que fuerte! ?Y don Juan y dona Teresa lo aceptaron?
– ?Que remedio! Se sentian avergonzados, y se culpaban del comportamiento de Amelia. No querian contribuir con su presencia al sufrimiento de Santiago, en realidad no se atrevieron a imponerle su presencia. Santiago rompio toda relacion comercial con mi tio Juan, y le aseguro que eso supuso un duro reves para el. Mis tios practicamente se quedaron en la ruina cuando cerraron su negocio en Alemania, asi que perder el apoyo de los Carranza fue un golpe del que nunca se recupero mi tio Juan. Despues vino la guerra y todo fue de mal en peor. Fueron tiempos dificiles para todos… En fin, le tengo preparada una cita para que continue su investigacion.
– ?Ah, si? ?Con quien? -pregunte sin disimular mi interes.
– Con Pablo Soler.
– ?El hijo de Lola?
– Si, el hijo de Lola. Pero, puesto que usted es periodista, sabra quien es Pablo Soler.
– ?Yo? Ni idea. ?Por que habria de saberlo?
– Porque es un historiador, ha escrito varios libros sobre la guerra civil, y en los ultimos anos ha participado en debates en television y escrito articulos en los periodicos.
– Si, me suena, pero en realidad nunca me he interesado demasiado por conocer los entresijos de la guerra. En estos anos se han publicado tantos libros, ha habido tantas polemicas… Aquello fue una salvajada, y yo, la verdad, es que paso de salvajadas.
– Una actitud estupida.
– ?Caramba, dona Laura! No se muerde usted la lengua.
– ?Desconocer la historia le hace sentirse mejor? ?Cree que por no conocerla no ha existido?
– Al menos yo me mantengo al margen de las polemicas de unos y de otros.
– Una actitud incomprensible en un periodista.
– Nunca he dicho que sea un buen periodista -me defendi.
– Bien, dejemos esta discusion. Tenga, aqui esta anotado el telefono de Pablo Soler; he hablado con el, y esta dispuesto a recibirle. Tendra que ir a Barcelona.
– Le llamare enseguida, y en cuanto me de cita, ire.
– Bien, entonces no tenemos mas que hablar, al menos por ahora.
Dona Laura se levanto con torpeza. Me parecia que envejecia por dias, pero no me atrevi a ofrecerme para ayudarla a ponerse en pie. Sabia que habria rechazado mi ayuda. Me daba cuenta de que, a pesar de su edad, a las Garayoa les gustaba sentirse autonomas, independientes.
2
Cuando llegue a casa me puse a escribir todo lo que me habia contado dona Laura. Lo tenia fresco en la memoria y no queria olvidar ningun detalle.
Estuve escribiendo hasta la madrugada acompanado de una buena botella de whisky. Clareaba el dia cuando me meti en la cama, y dormi como un nino hasta que la musica del movil, que habia dejado en la mesilla, me devolvio a la realidad.
– Hola, hijo, ?que tal te va?
– ?Uf, madre, ya me podias haber llamado a otras horas!
– Pero si son las dos. ?No estaras durmiendo?
– Pues si, eso es lo que estaba haciendo, he estado trabajando hasta tarde. Ayer me contaron un monton de cosas sobre la bisabuela y no queria que se me olvidara nada.
– De eso queria hablarte. Veras, Guillermo, estoy preocupada por ti. Me parece que te estas tomando demasiado en serio el encargo de tu tia Marta, y estas descuidando tu profesion. Ya se que la tia te paga generosamente; escribir sobre la bisabuela esta bien como divertimento, pero no para que te despistes y dejes de buscar trabajo en lo tuyo, de periodista.
Sentia la cabeza como un corcho, pero sabia que si mi madre habia decidido echarme un sermon nada la detendria, de manera que decidi rendirme de antemano.
– Ya me gustaria a mi que me saliera un buen trabajo. ?Crees que no estoy dando voces por todos lados? Pero no me ofrecen nada, mama. La derecha no se fia de mi porque me considera un «rojo», y la izquierda tampoco porque no les hago la ola, de manera que no tengo muchas salidas.
– Vamos, Guillermo, las cosas no pueden ser como las pintas. Tu eres un buen periodista; ademas, hablas perfectamente ingles y frances, e incluso bastante bien el aleman, es imposible que con lo que vales no te ofrezcan ningun trabajo.
– Mama, para ti valgo muchisimo, pero para ellos no.
– Pero las empresas periodisticas no pertenecen a los politicos.
– No, pero como si pertenecieran; unos tienen intereses en unas y otros en otras. ?No oyes la radio? ?No ves la tele?
– ?Guillermo, no seas cabezota y escuchame!
– ?Pero si te estoy escuchando! Se que te cuesta entender de que va el negocio del periodismo, pero creeme que es asi.
– Prometeme que seguiras intentando encontrar un empleo.
– Te lo prometo.
– Bien. ?Cuando vendras a verme?
– No lo se, dejame que me levante y me organice, luego te llamo, ?vale?
Superado el trance de la conversacion con mi madre, me meti en la ducha para despejarme. Las sienes me latian aceleradamente, y sentia un nudo en la boca del estomago. El whisky habia hecho de las suyas.
Eche un vistazo a la nevera y encontre un carton con zumo de frutas y un yogur. Suficiente para reponer energias antes de telefonear a Pablo Soler. Claro que previamente me meti en internet en busca de informacion sobre el, y para mi sorpresa encontre que el profesor Soler era un reputado historiador, que habia ensenado en la Universidad de Princeton y regresado a Espana con todos los honores en el ano ochenta y dos. Tenia publicados mas de una veintena de libros y estaba considerado una notoriedad en la guerra civil espanola.
Busque el numero de telefono que me habia facilitado dona Laura.
– ?Don Pablo Soler?
– Al habla.
