– Hemos pensado en ir a casa de Lola -intervino mi padre-, espero que nos acompanes.
– No, no, don Armando, no les voy a acompanar. No voy a ir a buscarla. Si se ha marchado, ella sabra por que y tendra que asumir las consecuencias.
– ?Pero es tu esposa! -protesto mi tio Juan.
– Una esposa que me ha abandonado.
– ?Pero precisamente tu acabas de regresar de un viaje y cuando te fuiste ni siquiera te despediste de ella…!
Santiago se encogio de hombros. Para el era perfectamente natural el ir y venir sin dar explicaciones, como si fuera una prerrogativa por la que no tenia que excusarse.
– Nos gustaria que nos acompanaras a casa de Lola -insistio mi padre.
– Ya le he dicho que no, don Armando. Y tu, Laura…
No me dijo ni una palabra mas, pero me hizo sentir como una malvada.
Salimos de casa de Santiago destrozados. No habiamos podido hablar con Edurne, y yo me alegre porque no se si habriamos podido seguir manteniendonos firmes en nuestra version si nos hubieran presionado a ambas.
Les indique donde vivia Lola. Caminamos deprisa hasta la calle Toledo, hasta dar con el piso que Lola compartia con Josep y donde vivia con su hijo Pablo.
Lola ocupaba una buhardilla a la que llegamos a traves de una escalera oscura. Yo solo habia estado en aquella casa en una ocasion acompanando a mi prima. En realidad, ni a mi me caia bien Lola ni yo a ella, de manera que soliamos tratarnos con una frialdad que apenaba a Amelia. A ella le hubiera gustado que fueramos amigas y, sobre todo, poder compartir conmigo sus andanzas con Lola.
No funcionaba el timbre, asi que mi tio Juan golpeo la puerta. Nos abrio Pablo, el hijo de Lola. El chiquillo estaba resfriado, y parecia tener fiebre.
– ?Que quieren?
– Pablo, estamos buscando a Amelia -acerte a decir antes de que mi tio o mi padre hablaran.
– Pero Amelia se ha ido con Pierre, se fueron anoche en tren -respondio.
Mi tio Juan palidecio al escuchar lo que acaba de decir el nino.
– ?Podemos pasar? -pregunto, al tiempo que lo apartaba y entraba.
Pablo se encogio de hombros mientras me miraba extranado por la situacion.
– Es que no esta mi madre, ni tampoco Josep.
– ?Quien es Josep? -pregunto mi tio Juan.
– Mi padre.
– ?Y le llamas Josep? -La pregunta de mi tio no parecio sorprender al nino.
– Si, todos le llaman Josep, aunque a veces tambien le llamo papa, depende de como me de.
A estas alturas de la conversacion ya estabamos en la pequena estancia que hacia las veces de sala y de dormitorio de Pablo. La buhardilla solo tenia dos piezas: una era en la que estabamos y la otra, aun mas pequena, donde solian dormir Lola y Pablo cuando no estaba Josep, ademas de un minuscula cocina iluminada por un tragaluz. Carecian de cuarto de bano; al igual que el resto de los vecinos, tenian que utilizar un retrete situado en el descansillo.
Mi tio Juan busco con la mirada una silla donde poder sentarse. Mi padre y yo nos quedamos de pie, mientras Pablo se sentaba en otra silla esperando a que le dijeramos que queriamos.
– Bien, dinos exactamente donde esta Amelia -ordeno mi tio.
– Ya se lo he dicho: en Francia, con Pierre.
– ?Y quien es Pierre? -insistio mi tio.
– El novio de Amelia… bueno, no se si es su novio, porque Amelia esta casada, pero si no lo es, es algo parecido. Se quieren y Amelia le va a ayudar.
Mi tio Juan empezo a sudar, mientras mi padre, atonito por lo que Pablo decia, decidio sentarse.
– Pablo, no digas esas cosas… Amelia y Pierre son solo amigos… Amelia le va a ayudar a hacer la revolucion - intervine yo mirando angustiada a Pablo, intentando decirle con los ojos que no dijera una palabra mas.
– ?Callate! -El tono de voz de mi padre me corto en seco-. Y tu, nino -anadio-, nos vas a decir todo lo que sepas.
Pablo parecio asustarse de repente, y comprendio que habia hablado mas de la cuenta.
– ?Yo no se nada! -alcanzo a decir, angustiado.
– ?Claro que sabes! Y nos lo vas a decir. -Mi padre se habia levantado plantandose delante del nino, que le miraba asustado.
– Cuanto antes nos cuentes lo que sabes, antes nos iremos -lo apremio mi tio Juan.
– ?Pero si no se nada! ?Por favor, Laura, diles que me dejen en paz!
Baje los ojos avergonzada. No podia hacer ni decir nada, ni mi padre ni mi tio iban a permitirme intervenir para evitar que el nino hablara.
– Mi madre dice que no soy un esclavo, que no tengo que humillarme ante los capitalistas de mierda -dijo Pablo, intentando darse valor a si mismo.
– Si no nos cuentas lo que sabes, te llevaremos a la comisaria, la policia buscara a tu madre y luego ya veremos lo que pasa -amenazo mi padre.
Pablo, al que cada vez le brillaban mas los ojos por la fiebre y el susto, empezo a gimotear.
– Mi madre es una revolucionaria, y ahora no gobiernan los fascistas. -Fue el ultimo intento de Pablo antes de comenzar a hablar.
– Bien, vamonos a la comisaria; por lo que se, tu madre tiene algunas cuentas pendientes con la policia, y por muy revolucionaria que sea, la ley es la ley para todo el mundo -afirmo mi padre.
Pablo volvio a buscar mi mirada solicitando ayuda, pero yo no podia decirle nada, aunque rezaba para que el nino no diera ninguna pista que pudiera frustrar la fuga de Amelia.
– Amelia vino anoche a casa, la estaba esperando Pierre. Dijeron que iban a coger el tren, que primero irian a Barcelona y luego a Francia.
– ?A Barcelona? -pregunto mi tio Juan.
– Pierre tiene que ver a unos amigos de mi padre -alcanzo a decir Pablo.
– ?Donde vive tu padre? -quiso saber mi tio Juan.
– En una calle del Ensanche.
– ?Y cual es el apellido de tu padre? -insistio mi tio.
– Soler.
– Dime, ?quien es Pierre? -Mi padre hablaba ahora con un tono de voz suave, intentando tranquilizar a Pablo.
– Es un amigo de mis padres, es un revolucionario de Paris. Trabaja para llevar la revolucion a todas partes, y nos esta ayudando.
– ?Es el novio de Amelia? -Mi padre hizo la pregunta sin mirarnos ni al tio Juan ni a mi.
– Si- musito Pablo-, ayer cuando Amelia llego se besaron.
Ella lloraba mucho, pero el le prometio que nunca tendria que arrepentirse por irse con el. Pierre la besaba todo el rato, y Amelia tambien a el. Se besaban como se besan mis padres… y Amelia le dijo que le seguiria hasta la muerte.
Empece a toser. La mia era una tos nerviosa, lo unico que queria es que Pablo se callara, que no dijera una palabra mas, que mi padre y mi pobre tio Juan no siguieran oyendo aquellas cosas.
Mi tio Juan estaba palido y con el cuerpo tan rigido que parecia un cadaver. Escuchaba a Pablo con los ojos muy abiertos, y en ellos no solo habia sufrimiento, tambien verguenza y estupor. ?Como podia imaginar a Amelia besandose con un hombre que no fuera su marido? ?Era posible que ella se comprometiera con otro hombre hasta la muerte? Parecia como si lo que estuviera escuchando no fuera posible, que se tratara de una extrana, no de su propia hija. De repente parecia darse cuenta de que no la conocia, de que la mujer de la que le hablaban nada tenia que ver con su primogenita, con su hija del alma.
Mi padre se acerco a mi tio invitandole a marcharnos. A duras penas mi tio Juan se puso en pie. Parecia un automata. Mi padre lo cogio del brazo, ayudandole a dirigirse hacia la puerta. Salieron sin despedirse de Pablo.
