»Tenia que ganar tiempo, asi que le explique que guardaba en una caja fuerte de un banco londinense todos los detalles precisos de mis agentes, algunos de los cuales solo son conocidos en Moscu por sus apodos y por el lugar donde estan infiltrados. Un banco capitalista es el lugar mas seguro para guardar los secretos comunistas, le dije al camarada Yezhov. No me creyo, pero tampoco se podia arriesgar a que fuera verdad lo que le estaba diciendo, de manera que cambio de tactica, y paso a desplegar una amabilidad empalagosa. Me invito a almorzar, y, de repente, me pregunto por usted. No me sorprendio, porque usted es un agente ya veterano en la NKVD. En realidad usted empezo a colaborar con nosotros con la OGPU. Ni siquiera Yezhov pone en cuestion que sea usted un agente valioso. Su cobertura como librero le ha permitido viajar por Europa y entablar contactos con las elites intelectuales logrando colaboraciones importantes, pero sobre todo reportando una informacion fiable. Pocos como usted conocen la politica espanola tan detalladamente.
– ?Que queria saber el camarada Yezhov de mi?
– Nada en concreto, pero me sorprendio su interes por usted, incluso que me preguntara a mi si sus convicciones comunistas eran firmes o si por el contrario era solo uno de esos intelectuales diletantes. Le dare mi opinion: usted no le gusta a Yezhov. Mas tarde me encontre con un viejo camarada, Ivan Vasiliev, que ha sido relegado a un departamento administrativo de la NKVD; era uno de los hombres de confianza de Yagoda y le han apartado, pero esta contento de no haber sido fusilado. Este amigo habia sido hasta hace poco el receptor de sus informes desde Buenos Aires, y me aseguro que usted estaba teniendo un gran exito porque habia logrado captar a dos agentes en el corazon del estado, de manera que no se explicaba por que Yezhov le habia puesto en su punto de mira. Pero seria inutil intentar comprender el alma de un asesino.
– Creo que usted pretende alarmarme sin ningun fundamento. Me parece logico que el camarada Yezhov le pregunte por sus agentes, su obligacion es rendirle cuentas.
– Pierre, usted ya no es uno de mis agentes, esta aqui, en Buenos Aires, y tiene otro controlador. Dos dias mas tarde ese amigo del que le hablo me confirmo lo que yo intuia; Yezhov queria hacer una «limpia», sustituirme, poner al frente de la red a un hombre de su confianza y depurar a quienes a mi sustituto le pudieran parecer tibios. Mi amigo me dijo que a Yezhov no le gustaban los burgueses, por muy revolucionarios que pudieran ser, y que podria suceder que usted hubiera caido en desgracia, al igual que yo.
Yezhov me permitio regresar a Londres, pero cuando llegue, encontre esperandome en el aeropuerto a un viejo colega, un hombre con el que mantuve disputas en el pasado. Sus ordenes eran precisas, yo debia entregarle toda la informacion que habia dicho que guardaba en un banco y, despues, regresar a Moscu. Este agente no debia separarse de mi ni de dia ni de noche hasta que no hubiera embarcado en el avion y, hasta ese momento, se instalaria en mi casa.
– Pero usted esta aqui…
– Si, llevo demasiados anos en el oficio para no haber pensado en mas de una ocasion que hacer si un dia tenia que marcharme precipitadamente, ya fuera porque el Servicio de Inteligencia britanico descubriera que soy un agente sovietico, o por perder la confianza de Moscu, como les habia sucedido a otros colegas. Puede no creerme, pero le aseguro que muchos de los camaradas junto a los que luche en la revolucion del diecisiete estan muertos, victimas del terror de Stalin. Otros han sido enviados a campos de trabajo, y algunos tienen tanto miedo que no se han atrevido a hablar conmigo y me han cerrado la puerta con lagrimas en los ojos suplicandome que me marchara y no les comprometiera con mi presencia. Asi que aun antes de salir de Moscu empece a poner en marcha un plan para desertar.
»Logre zafarme del hombre que Yezhov habia enviado para vigilarme; le dire como lo hice, poniendo un narcotico en su copa de vino. Estuve a punto de tener que bebermelo yo, puesto que el parecia desconfiar de mis buenas intenciones cuando le propuse un brindis por la gloriosa Union Sovietica y por el camarada Stalin. Una vez que se quedo profundamente dormido lo ate a la cama y lo amordace. Dedique lo que quedaba de noche a ponerme en contacto con mis agentes y avisarles de que estuvieran preparados por lo que pudiera suceder. A primera hora de la manana me presente en mi banco, pedi la caja de seguridad donde guardaba dinero, pasaportes falsos y documentos, y pase a Francia, donde lo mismo que usted, embarque rumbo a esta ciudad. En nuestra querida Europa corria peligro, alli tarde o temprano podian localizarme, pero el Nuevo Mundo es inmenso, y como usted bien sabe aun no tenemos redes muy solidas, de manera que Iberoamerica es el mejor lugar para perderse.
– ?Adonde ira?
– Eso, amigo mio, no se lo voy a decir. Si estoy aqui es porque aun conservo intacta parte de mi integridad como hombre y como bolchevique, y me siento en la obligacion de avisarle a usted de que puede correr peligro. Debo lealtad a los camaradas que han trabajado conmigo, que han puesto lo mejor de si mismos para lograr extender la revolucion y engrandecer la idea del comunismo. Hombres que, como usted, se han sacrificado y han renunciado a existencias acomodadas porque creen que todos los seres humanos somos iguales y merecemos lo mismo. Cuando se combate en una guerra sabes lo importante que es ser leal y contar con la fidelidad de tus camaradas. Uno no es nada sin ellos, ni ellos lo son sin uno, de manera que he cumplido con mi obligacion.
»Como le conozco bien, se que si le hubiera enviado una carta habria desconfiado de mi. Ya le he dicho que la larga noche antes de mi partida me puse en contacto con los agentes de Londres mas comprometidos, hombres que tarde o temprano se que estaran en la lista negra de Yezhov. Les adverti de la situacion para que ellos elijan lo que deben hacer. Antes de embarcar avise a otro agente para que fuera a mi casa a desatar al hombrecillo de Yezhov. Bueno, y aqui estoy. Creo que un dia de estos recibira una invitacion para ir a Moscu; yo de usted no iria, y mucho menos acompanado de Amelia Garayoa. En Moscu la conocen como agente «ciega» pero, por lo que se, creen que Amelia es solo un capricho pequeno-burgues, una excusa que se ha buscado usted para mantener una relacion adulterina con una mujer. Amelia no vale nada para ellos, de manera que yo no la expondria a las elucubraciones mentales de Yezhov.
– ?Me esta diciendo que ha venido hasta Buenos Aires solo para decirme que debo desertar?
– No le estoy diciendo que deserte, le estoy exponiendo cuales la situacion, le estoy dando informacion y ahora es usted quien debe decidir lo que hace. Yo he cumplido con mi obligacion.
– No quiera hacerme creer que ha desertado pero que se ha sentido en la obligacion de venir a avisarme antes de desaparecer. Eso es pueril -dijo Pierre, levantando la voz.
– Tener conciencia es un inconveniente y yo, amigo mio, la tengo, nunca he podido desprenderme de ella. Soy ateo, he borrado de mi mente todas las historias que mis padres me contaban de nino, y las que el pope se empenaba en que aceptaramos como unica verdad. No, no creo en nada, pero me quedo grabada una conciencia en algun lugar de mi cerebro; le aseguro que me hubiera gustado poder prescindir de ella porque es la peor companera que pueda tener un hombre.
Pierre daba vueltas por la sala. Estaba fuera de si, asustado e irritado a partes iguales. No queria creer a Igor Krisov, pero tampoco se atrevia a dejar de hacerlo.
De repente los dos hombres se dieron cuenta de que Amelia estaba en el umbral muy quieta, palida, con los ojos arrasados por las lagrimas.
– ?Que haces aqui? -le grito Pierre-. ?Eres una entrometida! ?Siempre estas donde no debes!
Amelia no respondio, ni siquiera se movio. Igor se levanto y la abrazo como se hace a los ninos, intentando transmitirle consuelo y seguridad.
– ?Vamos, querida, no llores! No sucede nada que no se pueda remediar. ?Desde cuando estaba ahi, escuchando?
Pero Amelia no acertaba a decir palabra. Igor la ayudo a sentarse y se dirigio a la cocina a buscar un vaso de agua mientras Pierre le recriminaba que hubiera escuchado la conversacion. Finalmente ella pudo decir que habia ido a avisarles de que la cena estaba lista y no habia podido evitar escuchar parte de lo que Igor decia.
– ?Es horrible! ?Horrible! -repitio entre lagrimas.
– ?Basta ya! Deja de ser una nina. Yo no te he enganado, has sido tu quien te has querido enganar -le decia Pierre, que a duras penas contenia la ira desatada por las revelaciones de Krisov.
– Deberia controlarse; veo que no esta usted preparado para afrontar una crisis, le creia un hombre mas consistente -le reprocho Krisov a Pierre.
– ?No me sermonee! -continuo gritando Pierre.
– No, no tengo intencion de hacerlo. He cumplido con mi deber, ahora me voy. Haga usted lo que tenga que hacer… Lo siento por usted, Amelia, se que abrazo la causa del comunismo con ilusion, no deje que esa idea sea abatida por el mal uso que hacen de ella algunos hombres. La idea es hermosa, y merece la pena luchar y
