pasteleria.

Las dos mujeres simpatizaron de inmediato, y dona Sagrario se alegro al saber que Amelia era buena cocinera y sabia algo de reposteria.

– Me podras ayudar tambien a hacer las tartas y pasteles, ademas de a venderlas -le dijo la buena mujer.

El salario no era muy alto, pero Amelia calculo que en unos meses habria ahorrado lo suficiente para sacar un pasaje en cualquier barco que fuera a Francia y de alli a Espana. No le importaba en esta ocasion viajar en la cubierta de tercera clase, sin lujos ni comodidades.

Dona Sagrario le propuso que se quedara ese mismo dia a trabajar y Amelia acepto de buen grado. Atendio el mostrador, y cuando no habia clientes entraba en la cocina que comunicaba con la tienda para ayudar a dona Sagrario con la masa de los pasteles. Don Jose las observaba sin decir palabra, aunque dona Sagrario aseguraba a Amelia que estaba contento de que la hubieran contratado.

Anochecia cuando Amelia volvio a su casa, donde Pierre, nervioso, la estaba esperando.

– ?Pero donde te has metido! ?Me has tenido muy preocupado! Gloria llamo hace un rato para decirme que a lo mejor tenia un trabajo para ti. ?Quieres explicarme que es eso de que vas a trabajar? No lo has consultado conmigo, y desde ahora te digo que ni lo suenes.

Pero Amelia ya no era la dulce joven que habia conocido Pierre y le respondio con brusquedad, defendiendo su recien iniciado camino hacia la independencia.

– No soy de tu propiedad. Que yo sepa, estas en contra de ella, de manera que mucho menos vas a ser propietario de un ser humano, en este caso de mi. He decidido trabajar, ganar dinero y comprar un pasaje en cualquier barco que me lleve a Francia. Le pregunte a Gloria si sabia de algun trabajo, pero he tenido suerte y lo he encontrado sola, y ya he comenzado a trabajar.

Pierre la escucho en silencio y cada palabra la fue sintiendo como un punetazo en el estomago.

– Amelia, te he pedido perdon… Te he explicado hasta lo que, por tu propia seguridad, no deberias saber… ?Que mas quieres? ?Ya no te basta con que te ame? Me decias que era lo unico que te importaba, que yo te quisiera…

– Tienes que aceptar que las cosas han cambiado, que yo he cambiado. No puedes pretender haberme enganado como lo has hecho y que no suceda nada. ?Tan poco me valoras, Pierre? Claro que… seguramente tienes motivos sobrados para pensar en mi como en una idiota. Me has manejado como un titere, te he seguido ciegamente, sin pensar, pero me he despertado, Pierre; tu amigo Krisov me ha devuelto a la realidad, y no creas que te culpo mas de lo que lo hago a mi misma. Me desprecio por todo lo que he hecho, de manera que acepta que te desprecie tambien a ti.

– ?Y nuestros ideales, nuestros suenos? ibamos a cambiar el mundo.

– Eran tus suenos y tus ideales, pero ya no son los mios, Pierre; ahora mi unico sueno es regresar a mi pais y estar con los mios. Se que ni mi padre ni mi tio habran secundado a quienes se han levantado contra la Republica y temo por ellos, al igual que por Santiago y por mi hijo.

– No me dejes, Amelia -le suplico Pierre.

– Lo siento, pero en cuanto pueda, me ire.

Gloria y Martin insistieron en invitarles a cenar. Estaban preocupados por la pareja y convencidos de que sus desavenencias serian pasajeras. Amelia se resistia pero al final cedio y, una noche despues de terminar su trabajo en la pasteleria, se reunio con Pierre y los Hertz.

A Amelia le gustaba hablar con Martin porque siempre lo hacian en aleman. El habia insistido en que practicaran el idioma para que no se le olvidara.

– Me sorprende el buen acento que tienes -comento Martin.

– Eso me decia mi amiga Yla, pero si no fuera por ti lo terminaria olvidando.

– Sabes, he recibido carta de un tio mio que ha logrado llegar a Nueva York. Si quieres le digo que busque a Yla y a sus padres, pero deberias darme algun dato para saber por donde han de empezar a buscar.

– No lo se, Martin, no lo se, mi prima Laura solo me dijo que herr Itzhak se habia rendido a la evidencia del peligro que Hitler supone para los judios y que estaba preparando el viaje de Yla a Nueva York. ?Ojala lo haya conseguido!

Hablaron de todo y de nada, pero a pesar de los esfuerzos de los Hertz por animar la charla, ni Amelia ni Pierre estaban de humor ni conseguian disimular la enorme fisura que habia entre ellos.

Poco a poco, Pierre se fue acostumbrando a la nueva rutina impuesta por Amelia. Dormian separados, el en el sofa y ella en el cuarto que habian compartido hasta la noche que aparecio Igor Krisov.

Amelia se levantaba rayando el alba, dejaba el almuerzo preparado a Pierre y se marchaba a la pasteleria, donde dona Sagrario le iba ensenando todo su saber de repostera. En ocasiones Amelia tenia que hacerse cargo sola del negocio, porque don Jose no se encontraba bien o, como habia sucedido en un par de ocasiones, porque tenian que hospitalizarle.

Cuando regresaba a casa saludaba a Pierre pero no se entretenia a conversar con el, ni siquiera le preguntaba como le habia ido la jornada. Solia acabar exhausta y deseosa de poder descansar.

Pierre, por su parte, habia continuado su relacion amorosa con Natalia. La visitaba mas a menudo ahora que Amelia y el dormian separados.

Informo a Natalia de que la relacion con Amelia no iba bien y la mujer se aplico con esmero para cubrir todos los huecos que pudiera dejar libres la espanola. Natalia se arriesgaba cada vez mas sustrayendo documentos de la Casa de Gobierno para demostrar a Pierre que estaba dispuesta a cualquier locura por el.

Miguel Lopez seguia siendo una fuente de informacion privilegiada, ya que le suministraba los informes cifrados de los embajadores de Argentina en todas las partes del mundo.

El controlador de Pierre, que ejercia como secretario del embajador, le felicitaba de cuando en cuando asegurandole que en Moscu estaban satisfechos con su trabajo, y aunque no le habia vuelto a mencionar que debia viajar alli, Pierre no podia dominar la inquietud que le producia el que se lo volviera a decir, porque las advertencias de Krisov habian anidado en su animo llenandole de temor.

No fue hasta las Navidades de 1937 cuando se produjeron novedades en la vida de Amelia y de Pierre.

Amelia se carteaba con Carla Alessandrini y guardaba sus cartas como joyas preciosas. La diva le comentaba sus exitos o se explayaba sobre los inconvenientes de alguno de sus ajetreados viajes, pero sobre todo le daba su opinion sobre la marcha de la guerra civil en Espana, donde Carla tenia algunos amigos.

Amelia le habia pedido en su ultima misiva que intentara ponerse en contacto con su prima Laura Garayoa para saber de su familia.

Pierre, sin que Amelia lo supiera, leia estas cartas cuando ella salia a trabajar. Temia perder totalmente el control sobre ella y se excusaba ante si mismo diciendose que si leia las cartas de Carla era para proteger a Amelia, no fuera a ser que esta le confiara a la diva lo que no debia.

Siempre esperaba a que Amelia las hubiera leido para rebuscar en la comoda donde las guardaba.

Gloria y Martin les invitaron a cenar el 24 de diciembre para celebrar la Nochebuena. Aunque Martin era judio, no habia dudado en incorporar a su vida cotidiana las fiestas catolicas y solia bromear con su mujer al respecto diciendole que ellos disfrutaban de mas fiestas que el resto de la gente.

Aunque Amelia no tenia ningunas ganas de celebrar la Navidad, no quiso desairar a sus amigos y acepto acudir con Pierre a la cena.

Los Hertz habian invitado a una docena de personas, entre los que se encontraba el doctor Max von Schumann, amigo de la infancia de Martin, ademas de medico como el.

– Amelia, quiero que conozcas a Max, mi mejor amigo -les presento Martin, dirigiendose a Amelia en aleman.

Ella respondio en el mismo idioma y los tres iniciaron una conversacion que parecia molestar a Pierre, puesto que no les entendia.

– ?Quien es ese amigo vuestro? -pregunto el frances a Gloria.

– Nuestro querido Max… el baron Von Schumann. Martin y el se conocen desde ninos, y estudiaron medicina juntos; Max es cirujano y, segun Martin, el mejor.

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