segundo de respiro.

– Bien, hemos llegado al final de este trayecto, ahora tendra que ir a Moscu -me dijo el profesor con aire ausente.

– ?A Moscu?

– Si, hijo, si. Yo le he contado cuanto conocia de la estancia de Amelia Garayoa en Buenos Aires, pero si quiere saber mas tendra que seguir investigando, y su proxima parada es Moscu.

– Pensaba que usted, en fin, que usted podia contarme el final de la historia.

El profesor rio sin disimulo, como si yo hubiera dicho algo gracioso.

– Veo que ni siquiera mi buen amigo el profesor Soler tiene demasiada informacion sobre Amelia Garayoa. Joven, no ha hecho usted mas que empezar a saber que fue de ella. Le aseguro que la vida de esta mujer fue apasionante y dificil, sobre todo dificil. Me temo que si quiere saber mas sobre ella, tendra que ir a buscar esa informacion a Moscu.

– ?A Moscu?

– Si, ya le he dicho que su bisabuela siguio a Pierre Comte a Moscu. No ponga esa cara. Le he conseguido una cita con la profesora Tania Kruvkoski. Es una mujer notable y, a mi juicio, una historiadora independiente, toda una autoridad en lo que se refiere a la Cheka, la GPU, la OGPU, la NKVD y la KGB. La profesora Kruvkoski es la persona indicada para contarle todo lo referente a la estancia de Amelia en Moscu. Es una de las pocas personas a las que han dejado ver algunos archivos de la KGB, aunque con restricciones y el compromiso de no contar mas alla de unos limites. O sea que le han permitido echar un vistazo a los archivos del pasado, de los anos treinta y cuarenta, digamos que hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. La KGB es el esqueleto sobre el que se ha montado el nuevo estado, de manera que no le han permitido indagar nada de lo sucedido desde el cuarenta y cinco. La he telefoneado esta misma manana y, aunque no tiene ningunas ganas de recibirle, lo hara, dada su amistad con el profesor Soler y conmigo. Eso si, le aconsejo que sea prudente en el trato con ella; Tania Kruvkoski tiene un caracter endiablado y si no se gana su respeto le despedira con cajas destempladas.

Regrese al hotel pensando en que hacer. Estaba claro que el profesor Muinos daba por zanjadas sus conversaciones conmigo y ademas me habia fijado una cita en Moscu para dos dias despues.

Decidi llamar a mi madre, al periodico y a mi tia Marta, por ese orden, para saber si podia coger ese vuelo a Moscu.

Estaba cansado; en menos de una semana habia estado en Barcelona, Roma, y Buenos Aires, pero si tia Marta daba su visto bueno ya me veia rumbo a Moscu.

Tal y como me esperaba, mi madre me regano. Llevaba cuatro dias sin llamarla, y me reprocho que por mi culpa le doliera el estomago.

La conversacion con Pepe, el redactor jefe del periodico, tampoco fue demasiado halaguena.

– Guillermo, pero ?donde te has metido? Oye, una cosa es que la entrevista con el profesor Soler haya sido un puntazo y otra, que creas que te van a dar el premio Nobel. Te he enviado a casa tres libros para que hagas una critica urgente y no has dado senales de vida.

– Vale, Pepe, no me eches la bronca. Mira, la critica de los libros puede esperar, porque tengo algo mejor para el periodico. Te dije que tenia que venir a Buenos Aires, y precisamente se esta celebrando la Feria del Libro, que ya sabes que, junto a la de Guadalajara en Mexico, es de las mas importantes de America Latina.

– ?Chico, que nivel! De manera que estas en Buenos Aires.

– Si, y te voy a enviar unas cuantas cronicas sobre la feria, incluso unas entrevistas con algunos autores, y ademas no te voy a pasar nota de gastos, pero quiero que me las pagueis mejor que las criticas literarias, ?vale?

Pepe refunfuno durante buen rato pero acepto, eso si, conminandome a que le enviara la primera cronica antes de una hora.

No le dije ni que si ni que no, y llame a mi tia Marta, a la que encontre con su malhumor habitual.

– ?Lo estas pasando bien? -me pregunto con ironia.

– Pues si, la verdad es que si. Buenos Aires es una ciudad asombrosa, deberias venir en vacaciones.

– ?Dejate de idioteces y dime que estas haciendo!

Le resumi la marcha de la investigacion sin darle grandes detalles, lo que le produjo mayor irritacion, tanta que cuando le anuncie que debia viajar a Moscu, su respuesta fue fulgurante: me colgo el telefono.

Decidi darme un descanso para pensar que hacer y, mientras tanto fui a visitar la Feria del Libro para mandar las cronicas a las que me habia comprometido. Lo dificil iba a ser convencer a algun escritor de que me diera una entrevista. Al fin y al cabo no tenia acreditacion para la feria y nadie me esperaba.

Seguramente tengo un angel de la guarda, porque fue llegar al recinto donde se celebraba el certamen y encontrarme con un par de jovenes escritores espanoles, invitados a participar en una de las mesas redondas organizadas por los responsables de la feria. Me pegue a ellos como una lapa, asisti al debate de la mesa redonda, que versaba sobre las ultimas tendencias literarias, y les hice una docena de preguntas a cada uno, que me servirian como entrevistas; y a riesgo de que me consideraran un gorron no me separe de ellos, de manera que termine conociendo a cuatro escritores argentinos, un editor, un par de criticos literarios y unos cuantos plumillas como yo.

Cuando regrese al hotel tenia una «cosecha» suficiente para quedar bien con el periodico y ganar tiempo, si es que al final podia ir a Moscu.

Volvi a llamar a mi tia por telefono.

– ?Sabes que hora es aqui? -me pregunto gritando.

– La verdad es que no…

No me lo dijo, simplemente colgo el telefono. De manera que decidi despertar a mi madre y pedirle un prestamo para ir por mi cuenta a Moscu, pero ella tampoco se mostro predispuesta a ayudarme, ya que me seguia culpando de su dolor de estomago.

Fin del viaje, me dije a mi mismo. Lo cierto es que lo lamentaba profundamente, porque la historia de Amelia Garayoa se estaba convirtiendo en una obsesion, no porque fuera mi bisabuela, que eso tanto me daba, sino porque estaba resultando una historia apasionante.

Deje pasar unas cuantas horas para no despertar a nadie mas en Espana, y telefonee a dona Laura.

El ama de llaves me hizo esperar casi diez minutos al telefono y suspire aliviado cuando escuche la voz de la buena senora.

– Digame, Guillermo, ?donde esta?

– En Buenos Aires, pero tengo que darle una mala noticia: no puedo continuar con la investigacion.

– ?Como? ?Que ha sucedido? El profesor Soler me ha asegurado que le estan marcando los pasos a dar y que tiene usted una cita concertada en Moscu.

– Precisamente ese es el problema. Mi tia Marta no quiere financiar mas la investigacion, de manera que no voy a poder ir a Moscu. En fin, lo siento, solo queria decirselo. Manana o pasado regresare a Espana y si no le molesta, pasare por su casa para agradecerle la ayuda que me ha, prestado. La verdad es que sin ella no habria podido dar ni un paso.

Dona Laura no parecia escucharme. Se habia quedado en silencio aunque a traves de la linea crei escuchar su respiracion agitada.

– Dona Laura, ?me oye usted?

– Si, claro que si. Vera, Guillermo, quiero que continue con su investigacion.

– Ya, a mi tambien me gustaria, pero carezco de medios, de manera que…

– Yo pagare los gastos.

– ?Usted?

– Bueno, nosotras. Al principio nos parecio… Bueno, no nos causo demasiada buena impresion, pero lo que esta haciendo alguien tenia que hacerlo, y ahora creemos que es la persona adecuada. Tiene que seguir adelante. Deme un numero de cuenta y le ingresaremos dinero para sus gastos. Pero eso si, a partir de este momento trabaja para nosotras; eso quiere decir que la historia que escriba no se la podra dar ni tampoco dejar leer a su tia Marta ni al resto de su familia.

– Pero… Yo, la verdad es que no se que decirle… No me parece bien que ustedes paguen esta investigacion. No, no me sentiria comodo.

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