estomago que terminaba convirtiendose en dolor.
– ?Pero no nos pongamos tristes! No quiero que la unica ocasion que vamos a tener de estar a solas se convierta en un velatorio.
– No te preocupes, no me pondre triste.
Fueron a cenar y ambos hicieron un esfuerzo para que la conversacion transcurriera por derroteros amables, aunque cuando estaban con el postre Amelia no pudo resistirse a preguntarle por su futuro en el Ejercito.
– Dime: ?como puedes soportar estar a las ordenes de alguien que cree que hay seres humanos de distinta categoria, que persigue a los judios, que les roba cuanto tienen?
– De eso ya hemos hablado…
– Si, pero es que… me cuesta tanto imaginarte bajo las ordenes de Hitler.
– Ahora es el canciller, pero no lo sera para siempre, y Alemania continuara siendo Alemania. Yo no sirvo a Hitler, sino a mi pais.
– ?Pero Hitler manda en Alemania!
– Desgraciadamente asi es, pero ?que quieres que haga? Gano las elecciones.
– Aun asi…
– Soy un soldado, Amelia, no un politico. Aunque yo quiero hablarte de otra cosa, se que no debo, pero voy a hacerlo.
– Por favor, preferiria que…
– Si, lo correcto es no decirte esto, pero tengo que hacerlo. Me he enamorado de ti y te aseguro que he hecho lo imposible para que no sucediera. No queria marcharme sin decirtelo.
– Yo creo que a mi me ha pasado lo mismo. Pero no estoy segura… Siento una gran confusion…
– Creo que los dos nos hemos enamorado, y hemos hecho lo peor que podiamos hacer, puesto que no tenemos ningun futuro juntos.
– Lo se -musito Amelia.
– No puedo romper mi compromiso con Ludovica, de hecho… en fin, la boda esta prevista a mi regreso. Y tu has sacrificado mucho por estar con Pierre… y ademas no quiero enganarte, aunque rompiera mi compromiso con Ludovica, mi familia no te aceptaria, para ellos siempre serias una mujer casada.
Amelia sintio que le ardia el rostro. Se sentia avergonzada, como no habia estado desde que abandono a su familia para irse con Pierre.
– No he querido ofenderte… Perdona… Es que quiero ser sincero contigo, aun a riesgo de resultar brusco -se excuso Max.
– Es mejor hablar claro -respondio Amelia mientras con gesto distraido se estiraba la falda, como si con este gesto estuviera menos expuesta a la verguenza que sentia por las palabras de Max.
– Necesito que me comprendas, que me digas lo que piensas, y si crees que tenemos alguna otra salida.
– No, Max, no la tenemos. La verdad hace dano, pero la prefiero a la mentira. No hubiera podido soportar que dieras alas a mis ilusiones y luego… Se quien soy: una mujer casada que ha abandonado a su marido y a su hijo, a su familia, para huir con otro hombre. A los ojos de los demas eso me convierte en una mujer poco respetable, y entiendo que tus padres nunca me pudieran aceptar. Tampoco te pediria que rompieras tu compromiso con Ludovica, se que tu sentido del honor sufriria de tal manera que, aunque no me lo dijeras, nunca me perdonarias haber faltado a tu palabra. Dejemoslo estar. Han sido unos dias muy especiales estos que hemos compartido, pero siempre he sabido que tenias que marcharte y que yo no tengo ningun papel en tu futuro. Solo que… bueno, me has devuelto las ganas de vivir. Queria salir de trabajar para encontrarme con los Hertz y contigo, o esperaba que sonara el telefono y escuchar a Gloria invitarme a pasar el fin de semana en el campo. Siempre te estare agradecida por estos dias, porque, sabes, creia estar muerta.
La acompano a casa. Caminaron el uno junto al otro sin atreverse a rozarse, en silencio.
– Aun nos veremos antes de que me marche -le dijo Max.
– Claro que si, se que Gloria te esta preparando una fiesta de despedida.
Para alivio de Martin y Gloria Hertz, no volvieron a verse a solas. Amelia no acudio a la fiesta de despedida de Max pero le envio una nota deseandole suerte.
Sin embargo, aquella breve e infructuosa relacion con el baron Von Schumann dejo una muesca profunda en Amelia, otra mas. Perdio la alegria que parecia haber recuperado al lado de Max, y sus amigos la encontraban cada vez mas pensativa y taciturna.
El 5 de febrero era la fecha prevista para el viaje de Pierre a Moscu. Segun se acercaba la fecha, el estaba mas nervioso: la advertencia de Krisov habia anidado en el con tanta fuerza que apenas podia dormir por la noche, porque en suenos se veia preso y torturado por sus camaradas. Algunas noches regresaba de sus pesadillas gritando, y Amelia acudia, solicita, y le ofrecia un vaso de agua. El se agarraba a su mano como un nino que sabe que esta a punto de perderse.
El temor de Pierre desperto el instinto protector en Amelia. Comenzo a preocuparse por el como si de un nino se tratara. Cuando terminaba su jornada de trabajo en la pasteleria regresaba a su casa rapidamente para estar con Pierre. Seguian sin compartir la cama, pero ella le cuidaba con mimo. Era tan solicita la actitud de Amelia que los amigos de ambos pensaban que se habian reconciliado. El, que era un sofisticado hombre de mundo, se dejaba llevar por ella y la miraba agradecido; ademas, parecia ponerse nervioso cuando no estaba a su lado. Durante aquellos dias ella establecio un vinculo especial con Pierre.
Aunque Pierre le habia dicho a Amelia que no viajaria con el,
El dia anterior a la partida, Pierre observaba como Amelia se afanaba haciendo el equipaje.
– Te voy a echar mucho de menos -dijo en voz baja, creyendo que ella no le oia.
– Creo que no -respondio Amelia, mirandole fijamente.
– Si, si que te voy a echar de menos, eres parte de mi, lo mejor que he tenido en la vida aunque no haya sabido verlo hasta que ha sido demasiado tarde -se lamento Pierre.
– No me vas a echar de menos porque voy contigo.
– ?Pero que dices! Eso es imposible, no puedes venir.
– Si, si puedo. No te veo capaz de hacer frente a lo que se te viene encima.
– ?Que quieres decir?
– Que tienes miedo y razones para tenerlo. Que tus gritos en la noche me producen miedo hasta a mi. No sabes a que te vas a enfrentar en Moscu y necesitas a alguien a tu lado.
– Si, temo lo que pueda suceder. Cuentan cosas terribles del camarada Yezhov.
– Como las contaban sobre el camarada Yagoda.
– Tu no tienes por que correr ningun riesgo, bastante has sacrificado por mi. Es tu oportunidad de regresar a Espana, de ser libre.
– Tienes razon, es mi oportunidad, pero no voy a dejarte solo. Te acompanare, veremos que sucede en Moscu, y si Igor Krisov nos dijo la verdad, al menos estare a tu lado; si no es asi, en cuanto pueda regresare a Espana.
– No, Amelia, no puedo pedirte eso.
– No me lo estas pidiendo tu, lo he decidido yo. Solo estoy posponiendo unos cuantos meses mas mis planes. Te he querido mucho, Pierre, y a pesar del dano que me has hecho, no soporto verte en el estado en que te encuentras. Manana me ire contigo y quiera Dios que Krisov este equivocado y ambos podamos regresar…»
El profesor Muinos se quedo en silencio, perdido en sus pensamientos. Su silencio me traslado al presente.
– ?Vaya con mi bisabuela! -dije asombrado, dandome cuenta de que la expresion se estaba convirtiendo en un latiguillo.
Llevaba tres dias yendo de un lado a otro con el profesor Muinos, porque el estaba empenado en ensenarme todos los rincones de la ciudad por donde se desenvolvio mi bisabuela: la verdad es que no me habia dejado ni un
