– Me han ordenado ir a Moscu. Tengo que ir en quince o veinte dias.
– Krisov dijo…
– ?Ya se lo que dijo ese traidor! -El tono de voz de Pierre delataba su preocupacion, mezclada con miedo.
– ?Por que quieren que vayas?
– Estan preparando un congreso de intelectuales, van a invitar a escritores, periodistas y artistas del mundo entero. Los intelectuales son los mejores propagandistas de la revolucion. Tienen autoridad moral en sus paises. En Moscu quieren que colabore con el comite que esta organizando el congreso.
– Ya. Te sacan de Buenos Aires, donde has establecido una base de espionaje, y te llevan a Moscu a formar parte de un comite… No vayas, Pierre.
– No puedo negarme.
– Si puedes, diles que no iras y… deja todo esto, recupera tu vida.
– ?Mi vida? ?A que vida te refieres?
– Diles que no quieres continuar siendo un agente, que estas cansado, que ya has hecho bastante…
– ?Crees que es tan facil? No, Amelia, de esto no se entra y se sale cuando uno quiere. Una vez dentro tienes que llegar hasta el final.
– Tienes derecho a vivir otra vida.
Pierre la miro con aire cansado, se sentia viejo, apesadumbrado.
– He dedicado mi vida al comunismo. Nunca he tenido otro horizonte que servir a la revolucion. Amelia, no sabria hacer otra cosa.
– Krisov te aviso sobre lo que te podia pasar si ibas a Moscu.
El se encogio de hombros. No se sentia capaz de otra cosa que enfrentarse con el destino que habia elegido.
– Quieren que vengas conmigo -musito.
– Si, lo imagino. No quieren dejar piezas sueltas.
– Pero no vendras. He venido pensandolo, les hare creer que me acompanaras, pero el dia de nuestra marcha te pondras enferma, diremos que has sufrido un ataque de apendicitis y te ingresare en un hospital. Les dire que te reuniras conmigo mas adelante. Te dare dinero para que regreses a Espana o adonde quieras; quiza estarias mas segura con tu amiga Carla, al menos durante un tiempo. A mis jefes de Moscu les irritara que no vayas y…
– Y podrian decidir eliminarme, ?no?
– No me fio de lo que pudiera sucederte en Espana, ya sabes que alli hay establecido un mando sovietico ayudando a la Republica.
– Krisov me dio un consejo que he seguido a rajatabla desde la tarde que vino a esta casa. Ahora soy yo quien lleva las riendas de mi vida.
– No quiero que te suceda nada, te amo, Amelia. Se que no me crees, que no quieres perdonarme, pero al menos dejame que te ayude.
– Yo decido, Pierre, yo decido por mi.
Los dias siguientes Pierre los dedico a reunirse con Natalia y con Miguel para anunciarles su viaje a Moscu y como debian ponerse en contacto con el controlador sovietico.
Natalia tuvo un ataque de de nervios cuando Pierre le anuncio que debia viajar a Moscu y que tardaria meses en regresar.
– ?No puedes dejarme! -se lamento Natalia-. ?Quiero ir contigo!
– Me gustaria, pero no puede ser. Tienes que comprenderlo. No estare fuera mas que cinco o seis meses…
– ?Y yo que voy a hacer?
– Lo mismo que hasta ahora. No tendras problemas para pasar al controlador la informacion que vayas consiguiendo.
– No me fio de nadie, solo de ti. ?Y si me siguen? Pueden sospechar de mi si me ven con un ruso…
– Te he explicado como evitar que te sigan, y ya te he dicho que no es necesario que os veais salvo que suceda algo extraordinario. Cuando tengas algo relevante que transmitir, colocas este tiesto con geranios que te he traido en el lado izquierdo de la ventana. No lo muevas de esa posicion durante tres dias. Al tercer dia metes entre las paginas de cualquier periodico el informe y a la hora del almuerzo te vas a pasear al parque zoologico, y, en la zona de las aves, sientate en un banco para contemplarlas, y cuando te vayas, dejate olvidado el periodico.
– ?Y si lo coge quien no debe?
– Eso no sucedera.
A Pierre no le fue facil convencer a Natalia de que continuara colaborando con los sovieticos. El interes de la mujer por la revolucion era directamente proporcional a la relacion con su amante.
Mientras el pasaba mas tiempo que nunca con Natalia, Amelia continuaba trabajando y sus escasos ratos libres solia compartirlos con los Hertz.
Gloria y Martin eran conscientes de la atraccion que Amelia y Max sentian el uno por el otro y les preocupaba propiciar una relacion que sabian imposible. Amelia estaba casada; en Espana, pero al fin y al cabo lo estaba y, ademas, vivia con un amante. Y su querido amigo Max von Schumann era la clase de hombre que preferiria dejarse matar antes que incumplir con sus compromisos o mancillar lo que el llamaba el «honor familiar». Por muy enamorado que estuviera de Amelia jamas romperia su compromiso con la condesa Ludovica von Waldheim, de manera que su relacion con la joven espanola no tenia ningun futuro. A la misma conclusion llego Pierre, al principio preocupado por el interes que el medico aleman y Amelia eran incapaces de ocultar.
No obstante, Pierre procuraba acompanar a Amelia cuando sabia que esta iba a reunirse con los Hertz, aunque en ocasiones ella no le avisaba de estos encuentros.
Una noche en la que Pierre tuvo que ir a cenar a casa de Natalia porque ella lo llamo hecha un mar de lagrimas, Amelia aprovecho para aceptar la invitacion de Max.
– Me ire dentro de unos dias y me gustaria que cenaramos a solas una vez; no se si es correcto o si te creo un problema con… con Pierre, pero si pudieras… -le habia pedido Max.
Cuando termino su jornada de trabajo en la pasteleria, se despidio de dona Sagrario con mas premura de la que era habitual en ella. La pastelera se dio cuenta de que a Amelia la brillaban los ojos de manera especial.
– Veo que hoy estas contenta. ?Acaso tienes una celebracion especial con Pierre?
Amelia sonrio sin responder. No queria mentir a la buena mujer, que tan comprensiva se habia mostrado al enterarse de que Pierre no era su marido legal, pero tampoco queria decirle que tenia una cita con otro hombre, por lo que pudiera llegar a pensar de ella.
Max la esperaba en el Cafe Tortoni y desde alli se fueron a cenar a un restaurante.
Si Amelia estaba nerviosa, Max no le andaba a la zaga. Los dos sabian que con aquel encuentro a solas estaban cruzando una raya que ninguno de los dos podia traspasar.
– Me alegro de que hayas aceptado cenar conmigo. Me voy dentro de una semana, no puedo alargar mas mi estancia en Buenos Aires.
– Lo se, Gloria me ha dicho que tienes que incorporarte a tu unidad.
– Soy un privilegiado, Amelia, he dispuesto de estas largas vacaciones en casa de mis mejores amigos, pero la influencia familiar no llega para poder ampliar mi estancia aqui -respondio Max riendo.
– ?Por que has venido a Buenos Aires? ?Solo por ver a Martin?
– ?Te extrana?
– Bueno, en realidad, si…
– ?No irias a Nueva York si supieras donde encontrar a Yla? Me dijiste que era la mejor amiga de tu infancia, ademas de tu prima Laura.
– ?Si, claro que iria!
– Pues es lo que yo he hecho yo, venir a ver a mi mejor amigo, que ha tenido que dejar nuestro pais por culpa de unos locos. Necesitaba saber que estaba bien, que aqui… En fin, queria ver si era feliz. No es facil abandonar tu patria, tu casa, tus amigos, dejar de respirar el aire que siempre has respirado… Tu lo puedes entender porque tambien has dejado tu pais.
Amelia se entristecio. En los ultimos meses cada vez que pensaba en Espana sentia un vacio en la boca del
