conocida como Lubianka…

Pierre no fue recibido por ningun responsable destacado de la NKVD. Un funcionario de menor rango le informo que a partir de ese momento estaba a libre disposicion de la NKVD y que ya se le asignaria un cometido. Mientras tanto debia escribir detalladamente sobre la red de Krisov, de la que habia formado parte, precisando los nombres y datos de todos los agentes «ciegos» que venian colaborando en Europa con la NKVD.

Pierre protesto. Si estaba alli, dijo, era para ayudar a organizar una visita, para la celebracion de un congreso con intelectuales de todo el mundo. El funcionario no se anduvo con contemplaciones y le amenazo: o cumplia las ordenes o seria considerado un traidor.

Pierre no se atrevio a seguir discutiendo y acepto a reganadientes las instrucciones del hombre.

– Trabajara usted en el Departamento de Identificacion y Archivo, ayudando al camarada Vasiliev.

En ese momento Pierre recordo que Igor Krisov le habia hablado de un amigo caido en desgracia, un tal Ivan Vasiliev, y se pregunto si seria el mismo.

Ivan Vasiliev tenia en aquel entonces treinta y cinco anos. Era un hombre alto, delgado, y muy fuerte, y habia trabajado desde su creacion para el Departamento Extranjero de la NKVD.

La oficina donde estaba situado el Departamento de Identificacion y Archivo estaba ubicada en uno de los sotanos de la Lubianka, y para acceder a ella habia que bajar por unas escaleras donde no era raro encontrarse con detenidos que caminaban con la cabeza baja, sabedores de que alli rara vez se salia con vida.

Vasiliev le indico a Pierre la mesa donde trabajaria, que estaba iluminada por una bombilla de gran potencia. Apenas habia sitio para moverse porque unos inmensos archivadores cubrian cada palmo de pared.

– ?Usted era amigo de Igor Krisov? -le pregunto Pierre apenas se sento.

Ivan Vasiliev le miro con dureza, reprochandole en silencio que hubiera pronunciado ese nombre. Despues trago saliva y busco cuidadosamente las palabras para responder.

– Ya se que usted era uno de los agentes del camarada Krisov, un traidor de la peor especie.

Pierre dio un respingo al escuchar la respuesta y a punto estuvo de replicarle, pero los ojos de Vasiliev le indicaron que mantuviera la boca cerrada.

Vasiliev se enfrasco en sus papeles y de cuando en cuando se levantaba para dirigirse a otras mesas donde otros hombres como el trabajaban en silencio. En una de esas ocasiones, al pasar cerca de la mesa de Pierre, deslizo un papel. Este se quedo extranado y lo abrio.

«No sea estupido y no haga preguntas que pueden comprometernos a los dos. Rompa esta nota. Cuando pueda hablare con usted.»Cuando Pierre regreso a casa de su tia Irina bien entrada la tarde, Amelia le esperaba impaciente.

– ?Que ha pasado? ?Como no has llamado para decir que estabas bien? -le recrimino con angustia en frances, idioma en que tambien podia entenderse con los tios de Pierre.

Le conto a Amelia y a sus tios cada detalle vivido aquella jornada, sin escatimar su sentimiento de angustia y decepcion. Aquella no era la «patria» a la que venia entregando lo mejor de si mismo. Su tia Irina le mando hablar en voz baja.

– ?No hables tan alto y se prudente o terminaremos todos en la Lubianka! -le regano.

– Pero ?por que? ?Acaso no se puede hablar libremente? -pregunto Amelia con cierta ingenuidad.

– No, no se puede -sentencio el tio Giorgi.

De repente Pierre y Amelia se encontraron con que el mito al que tanto habian sacrificado era un monstruo despiadado que podia devorarles sin que nadie pudiera mover un dedo para evitarlo.

– De manera que has venido enganado -dijo el tio Giorgi.

– Por lo que cuenta, es evidente -apostillo la tia Irina.

– Krisov te lo advirtio -recordo Amelia.

– ?Quien es Krisov? -quiso saber la tia Irina.

– Un hombre para el que trabaje… -respondio Pierre.

– Su controlador -conto Amelia.

– No es momento de reproches pero… en fin… ser espia no es la mejor tarea. -La tia Irina no queria reprimir su disgusto por el tipo de trabajo de su sobrino-. Dedicarse a fisgonear a los demas y denunciarlos…

– ?Jamas he denunciado a nadie! -protesto Pierre-. Mi unico cometido ha sido el de recabar informacion que pudiera servir a la Union Sovietica y a la revolucion.

– Pierre no ha hecho nada malo -le defendio Amelia.

– ?Espiar es de truhanes! -insistio la tia Irina.

– Vamos, mujer, no te alteres, tu sobrino es uno de los muchos ingenuos que se ha creido lo de la revolucion; tambien nosotros creimos en ella y dimos lo mejor de nosotros mismos -tercio el tio Giorgi.

– Por supuesto que lo hemos hecho, pero Stalin es…

– ?Calla! Ahora eres tu la imprudente, sabes que las paredes oyen. ?Quieres que nos detengan a todos? -le recordo el tio Giorgi.

La tia Irina se callo y entrelazo las manos para ocultar su crispacion. Le hubiera gustado no tener que acoger a su sobrino, pero Olga era su unica hermana y su unica esperanza en el caso de que algun dia pudieran salir de la enorme prision en la que se estaba convirtiendo su patria.

Poco despues llego Mijail y se unio a la conversacion. Al joven le incomodaban los comentarios de Pierre.

– ?Exagerais! -protesto Mijail hablando en ruso-. ?Claro que hay problemas! Estamos construyendo un nuevo regimen, una Rusia donde ya no hay siervos, sino hombres libres, y tenemos que aprender a ser responsables de nosotros mismos. Naturalmente que se cometen errores, pero lo importante es el camino que hemos emprendido, y adonde nos llevara. ?Acaso se vivia mejor en tiempos del zar? No, y lo sabeis bien.

– Yo si vivia mejor en tiempos del zar -afirmo Irina, mirando desafiante a su hijo-. Ahora mira a tu alrededor, y solo veras hambre. La gente se muere de hambre, ?es que no lo ves? Ni siquiera tu, que eres de ellos, tienes mas que la mayoria de los desgraciados de este pais. Si, hijo, si, yo vivia mejor en tiempos del zar.

– Pero tu no eres la medida de todas las personas de Rusia, tu eras una burguesa privilegiada. Mira a tu alrededor, madre, ahora todos somos iguales, tenemos las mismas oportunidades.

– La gente se muere de hambre y desaparece en las carceles por protestar; Stalin es peor que el zar -respondio Irina.

– ?Si no fueras mi madre…!

– ?Me denunciarias? Stalin ha logrado pudrir el alma de Rusia porque no serias el primer hijo que denuncia a sus padres. Aunque Stalin no es el unico culpable, el solo es el discipulo aventajado de Lenin, a quien teneis por un dios. Con el la dignidad humana dejo de tener sentido, la convirtio en moneda devaluada.

– ?Basta, Irina! No quiero esta discusion en casa. Y tu, hijo… algun dia veras la realidad tal como es mas alla de tus ilusiones y suenos. Fui un bolchevique, luche por la revolucion, pero no la reconozco. Me callo, porque quiero vivir y no deseo perjudicarte, y porque soy un cobarde.

– ?Padre!

– Si, hijo, si, soy un cobarde. Luche por la revolucion, y a punto estuve de perder la vida y no tuve miedo. Pero ahora tiemblo al pensar que me puedan llevar a la Lubianka para confesar algun delito inexistente como les ha sucedido a algunos amigos, o que me envien a uno de esos campos de trabajo en Siberia de los que no se regresa jamas.

– Yo creo en la revolucion -respondio Mijail.

– Y yo hice la revolucion, pero no esta, que es una pesadilla desatada por Stalin.

– ?Stalin vela porque nadie se desvie de los objetivos de la revolucion! -grito Mijail.

Se quedaron en silencio, exhaustos, sin mirarse los unos a los otros. Amelia y Pierre se sentian sobrecogidos por lo que acababan de escuchar.

Irina tomo la mano de Amelia intentando animarla.

– No te asustes, son discusiones de familia, pero Mijail nos quiere, y nunca moveria un dedo contra nosotros.

Se callaron al oir el ruido de la llave en la cerradura. Anushka llegaba de trabajar, y aunque estaba casada con Mijail, ni Irina ni Giorgi hablaban libremente delante de ella.

– ?Uf! Por las caras que teneis veo que habeis vuelto a discutir -dijo al entrar en la sala.

– Mis padres son demasiado criticos con la revolucion -respondio Mijail.

– Son mayores y no entienden que para no desviarnos de los objetivos de la revolucion hay que extirpar a sus

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