– ?Que haran con Pierre?
– Le interrogaran hasta que confiese lo que ellos quieren. O a lo mejor se convencen de que no sabe nada de Krisov. Nadie sale de la Lubianka.
– ?Pierre es frances!
– Y ruso, su madre lo es.
– Hay mucha gente que sabe que estamos aqui, no les conviene que el mundo sepa que en Moscu hay personas que desaparecen.
– ?Y quien va a creer eso? ?Como va a demostrar que le tienen en la Lubianka?
– Usted…
– ?No, querida, no! Yo negare haberle dicho nada, y si es necesario dire que el encuentro en este apartamento ha sido una cita amorosa.
Amelia le miro con horror y leyo en los ojos de Ivan Vasiliev que estaba dispuesto a sobrevivir: no importaba lo que tuviera que hacer ni a quien tuviera que sacrificar.
– ?Que puedo hacer? -pregunto Amelia con un timbre desesperado en la voz.
– Nada. No puede hacer nada. Con suerte condenaran a Pierre a algun campo; si no son muchos anos y logra sobrevivir, sera una suerte.
Se quedaron en silencio. Amelia deseaba ponerse a llorar y gritar, pero se contuvo.
– ?Que me sucedera a mi?
– No lo se. Puede que se conformen con Pierre. En su expediente se dice que usted es una comunista entusiasta y una agente «ciega», de manera que se supone que usted no sabe nada.
– No se lo que ellos quieren, pero se sobre ellos lo que nunca hubiera querido saber.
– Cuando se es joven uno tiene la arrogancia de creer que puede cambiar el mundo y… Mire lo que hemos hecho aqui, convertir nuestro pais en la antesala del infierno -la intento consolar Ivan Vasiliev.
– Han traicionado la revolucion -sentencio Amelia.
– ?De verdad lo cree? No, Amelia, no. Lenin y todos los que le seguimos ciegamente creiamos que no se podia hacer una revolucion sin sangre, que era necesario el terror. Nuestra revolucion partio de una premisa y es que la vida humana no es algo extraordinario y santificarla es cosa de las religiones, y aqui hemos decretado la muerte de Dios.
– ?Me detendran?
– No lo se, espero que no. Pero siga mi consejo, cuando hable con sus companeros de trabajo muestrese como una comunista fanatica, convencida de que hay que depurar a todo aquel que no siga al dedillo lo que quiere Stalin. No exprese ninguna duda, solo conviccion en que el partido siempre tiene razon.
– ?Permitiran que me vaya?
– No lo se, puede que si o puede que no.
– No me esta dando una respuesta.
– No la tengo.
– ?Que puedo hacer por Pierre?
– Nada. Nadie puede hacer nada por el.
Acordaron volver a verse una semana mas tarde en el mismo lugar. Ivan prometio intentar llevarle alguna noticia de Pierre.
Mientras caminaba de regreso a casa, Amelia pensaba en lo que les diria a los tios de Pierre, y sobre todo a Mijail y Anushka. Lo unico que tenia claro era que en ningun caso podia revelar que habia hablado con Ivan Vasiliev.
Cuando llego, la tia Irina estaba preparando la cena y tio Giorgi discutia con su hijo Mijail, mientras Anushka se pintaba las unas y fingia indiferencia.
– ?Donde has ido? -le pregunto Mijail, sin ocultar su enfado.
– A dar una vuelta. Necesitaba respirar.
– ?Has ido a la Lubianka? -insistio el.
– No, no he ido. Pero lo hare manana, alguien tiene que intentar saber algo de Pierre.
– Puede que el no sea como crees -dijo Mijail con cierto misterio.
– No se que quieres decir… -respondio Amelia.
– A lo mejor mi primo no es un buen comunista y ha traicionado al partido.
– ?Estas loco! No conoces a Pierre, antes nos sacrificaria a todos que al partido.
– No estes tan segura, Amelia -insistio Mijail.
Tia Irina se acerco indignada al escuchar a su hijo.
– Mijail, ?como te atreves a cuestionar a tu primo? ?Que sabes para decir eso? -pregunto la mujer.
– Nada, no se nada. Era solo una suposicion. La Union Sovietica tiene muchos enemigos, madre, gente que no comprende el alcance de nuestra revolucion. Pero no nos preocupemos, puede que Pierre haya tenido que salir de viaje y regrese en unos cuantos dias.
– Eso no es posible, Mijail, Pierre jamas se habria ido sin decirmelo -afirmo Amelia.
– Eres un poco ingenua -tercio Anushka.
– Puede que lo sea pero, ?sabes?, creo conocer algo al hombre por el que abandone a mi familia y a mi hijo, y te aseguro que Pierre no es un bebedor, ni tampoco un hombre que falta en su casa si no es por una causa mayor.
– Puede que exista esa «causa mayor», pero no nos preocupemos, ya aparecera -insistio Anushka.
– ?Y si no es asi? -pregunto la joven.
Mijail se encogio de hombros, mientras se sentaba al lado de su esposa.
– Mijail, ?donde esta Pierre? -pregunto tia Irina plantandose delante de su hijo.
Este se quedo en silencio, dudando sobre si dar una respuesta a su madre, y volvio a encogerse de hombros.
– No lo se, madre.
– Pero el salio a trabajar como todos los dias, y fue a la Lubianka. Debemos preguntar alli. Si ha tenido que salir de viaje como dices, alli nos lo diran.
Anushka se miraba las unas satisfecha tras haberselas pintado. Parecia ajena a la conversacion, salvo los momentos que de vez en cuando cruzaba la mirada con Mijail; en sus ojos se podia leer que le animaba a mantener esa postura.
– Manana ire a la Lubianka. Quiero que me informen sobre Pierre, quiero verle -declaro Amelia.
– Ese sera un empeno inutil, querida Amelia. No te comprometas dando pasos que no te llevaran a ninguna parte y que, sin embargo, nos pueden perjudicar al resto de la familia -replico Mijail.
– ?Perjudicar? ?Por que? ?Por preguntar por Pierre? Si os puedo perjudicar por eso me ire de esta casa. Manana mismo. Buscare una habitacion para vivir y asi no os vereis comprometidos por mi presencia aqui.
– ?Vamos, Amelia, no seas melodramatica! -la interrumpio Anushka-. Te recuerdo que aqui soy yo la actriz, y muy buena por cierto. Mijail tiene razon, si te presentas en la Lubianka y preguntas por Pierre puedes crearnos problemas, al fin y al cabo el ya te ha dicho que no sabe nada. ?Que mas quieres?
– Quiero saber donde esta Pierre.
– ?No se te ocurre que pueda haber otra mujer? -pregunto Mijail, riendose.
Amelia estuvo a punto de gritar y de expresarle todo su desprecio, pero se contuvo. No podia revelar lo que le habia contado Ivan Vasiliev, de manera que apreto los punos hasta hacerse dano. Cualquier indiscrecion podria costarle caro a Vasiliev pero tambien a ella y a Pierre.
Sabia que de lo contrario Mijail no dudaria en acusarla de quien sabe que convirtiendola en «enemiga del pueblo». Le extranaba que todavia no hubiera denunciado a sus padres teniendo en cuenta que en esos dias era habitual que los hijos denunciaran las «desviaciones» de sus progenitores. No era infrecuente que la policia irrumpiera en una fabrica, en una casa, en cualquier lugar, para detener a alguien denunciado por un familiar, un amigo, una esposa, un marido, o un amante.
En realidad, en casa de los tios de Pierre se hablaba con una libertad insolita y Amelia penso que era cuestion de tiempo que Mijail o Anushka denunciaran a Irina y Giorgi.
De manera que Amelia trago saliva
– Hija, es mejor que te quedes aqui, es lo que a Pierre le gustaria. Y no te preocupes por nosotros, no nos
