causas ningun trastorno -dijo tia Irina.
– Se lo agradezco, y dadas las circunstancias, teniendo en cuenta que estoy trabajando, contribuire a los gastos de la casa.
– Por eso no te preocupes -senalo tio Giorgi.
– Amelia tiene razon, debe ayudar, para eso trabaja. Sabes, querida, me parece que eres mas lista de lo que das a entender a primera vista -sentencio Anushka.
10
Tras la falta de Pierre los dias comenzaron a hacerse eternos. Amelia aprendio a disimular sus sentimientos, a fingir ante Mijail y Anushka. Nunca daba su opinion en ninguna de las discusiones que entablaban Irina y Giorgi con su hijo Mijail. Se mantenia distante, como si no le interesara nada de lo que sucedia a su alrededor. Tambien evitaba caer en las provocaciones de Anushka, que parecia no fiarse de ella.
Una semana mas tarde volvio a reunirse con Ivan Vasiliev. Este parecia mas inquieto que en la ocasion anterior.
– He venido temiendo que usted intentara ponerse en contacto conmigo, pero he de decirle que no nos veremos mas, creo que la vigilan, y puede que a mi tambien.
– ?Como lo sabe?
– ?Se olvida que trabajo en la Lubianka? Tengo amigos, escucho conversaciones, leo algun que otro documento… Hace unos dias pidieron su expediente, puede que Pierre les haya dicho algo sobre usted.
– No tiene nada que decir, yo nunca he estado al tanto de sus actividades, me entere por casualidad de que era un agente.
– En la Lubianka la gente es capaz de confesar cualquier cosa.
– Digame, ?que sabe de Pierre?
– Poco mas de lo que le dije la semana pasada. Lo interrogan, lo llevan a la celda, lo vuelven a interrogar… Asi, hasta que les diga lo que quieren.
– No puede decir lo que no sabe. Krisov no le dijo donde pensaba ocultarse.
– Tanto da la verdad, continuaran interrogandole hasta que se cansen.
– ?Que sucederia si me presentara en la Lubianka a preguntar por Pierre?
– Podrian detenerla.
– ?Le ha podido ver?
– No, ni lo he intentado. Se… Bueno, puede imaginarse que lo estan torturando y que no se encuentra en muy buen estado. Ahora, debemos irnos. Salga usted primero, yo me quedare aqui un buen rato.
– ?Cuando le volvere a ver?
– Nunca.
– Pero…
– Ya me he arriesgado bastante, no puedo hacer nada mas. Si las cosas cambiaran se donde encontrarla.
Pierre intentaba protegerse la cabeza con las manos en un intento vano de evitar la porra de caucho que con tanta precision utilizaba su interrogador.
?Cuantos golpes habia recibido aquella madrugada? El interrogador parecia especialmente enfurecido. El aliento le olia a vodka, y se mezclaba con el hedor que desprendian sus axilas cada vez que el maton levantaba el brazo para golpearle.
– ?Habla, perro, habla! -le grito.
Pero Pierre no tenia nada que decir y solo podia dejar escapar aquellos aullidos de dolor que hasta a el le sonaban infrahumanos.
Cuando el interrogador se canso de golpearle con la porra de caucho, le empujo al suelo y le coloco un trapo largo entre los dientes; luego, agarrando los extremos de este por detras de los hombros le ato las puntas a los tobillos.
No era la primera vez que le sometian a aquella tortura que le convertia en una rueda, con la espalda doblada hacia atras, mientras recibia las patadas furiosas de sus interrogadores.
Si hubiera sabido donde estaba Krisov lo habria confesado, en realidad hubiera dicho cualquier cosa, pero nada de lo que sabia interesaba a aquellos hombres, salvo saber donde estaba Krisov.
El nombre de este le martilleaba las sienes y maldecia el dia en que le habia conocido. Tambien se maldecia a si mismo por haber creido en aquel dios que para el habia sido el comunismo.
Llevaba dos dias enteros sin beber agua, y sentia la garganta seca y tenia la lengua hinchada. No era la primera vez que le castigaban sin agua. A sus carceleros les complacia especialmente hacer comer a sus victimas anchoas saladas del mar de Azov y negarles el agua durante varios dias.
No sabia si era de noche o de dia, ni que dia era, ni cuanto tiempo llevaba soportando aquel infierno, pero si habia comprendido la infinitud del tiempo ahora que deseaba con ansia la muerte. Rezaba, si, rezaba, para que alguno de los golpes de su interrogador le dejara inconsciente y no tener que despertar nunca jamas.
Al principio pensaba en Amelia y se lamentaba de haberla arrastrado a abrazar una causa que habia resultado ser una pesadilla infernal. Pero ya no le importaba Amelia, ni sus tios, ni sus padres, ni nadie a quien conociera. Lo unico que anhelaba era la muerte, dejar de sufrir.
El tio Giorgi solia contarle a Amelia la marcha de la guerra en Espana. Tenia informacion de primera mano, puesto que la Union Sovietica ayudaba al bando republicano. Y asi, a finales de abril, Amelia supo que Franco habia lanzado una gran ofensiva por el valle del Ebro hasta el Mediterraneo y que habia dividido en dos el territorio en poder de las tropas de la Republica. Ademas, el tio Giorgi le explico que, desgraciadamente, Franco disponia de una clara ventaja y de superioridad aerea y naval respecto a las tropas republicanas.
Amelia se preguntaba que habria sido de sus padres, de sus tios, y sobre todo de su hijo. Javier formaba parte de todas sus pesadillas, en las que veia al nino morir aplastado entre casas derruidas. De vez en cuando escribia largas cartas a su prima Laura y se las entregaba al tio Giorgi, con la esperanza de que el supiera como hacerlas llegar hasta el Madrid sitiado por la guerra.
Odiaba con todas sus fuerzas a Franco y a quienes se habian sublevado contra la Republica, al tiempo que sentia un desprecio frio hacia el comunismo.
Ella, que habia profesado con tanto ardor e inocencia aquella fe, que habia abandonado a su hijo, a su marido y a su familia por Pierre, si, pero tambien convencida de que estaba destinada a contribuir a la puesta en marcha de una nueva sociedad, habia descubierto la brutalidad del sistema de quienes se decian comunistas. Y ella no era como Krisov, no separaba a los hombres de las ideas, porque estas se le habian presentado con una brutalidad inimaginada a traves de fanaticos como Mijail o Anushka, o algunos de sus companeros de trabajo. Pero lo peor habia sido ver con sus propios ojos que el paraiso prometido por la revolucion era solo una pesadilla.
Estaba decidida a marcharse, aunque le pesaba la situacion de Pierre. No podia hacer nada por el, pero irse de Moscu se le antojaba una traicion imperdonable a un hombre que estaba en la Lubianka.
En junio la llamaron al despacho del supervisor de su departamento. Amelia acudio temerosa preguntandose que error habia podido cometer.
El hombre no la invito a sentarse, solo le dio una orden.
– Camarada Garayoa, como usted sabe, estaba previsto que se celebrara un gran congreso de intelectuales en Moscu, que hemos tenido que retrasar hasta septiembre. Vendran varias decenas de periodistas, escritores y artistas de todo el mundo, y queremos que se lleven una imagen real de la Union Sovietica. Se les llevara a visitar fabricas, hablaran con nuestros artistas, viajaran por todo el pais, con toda libertad, pero guiados por personas competentes que les puedan explicar y hacer ver los logros de la revolucion. La camarada Anna Nikolaievna Kornilova ha hablado en favor de usted. Como usted sabe, la camarada Nikolaievna Kornilova forma parte del comite organizador del congreso y ha pedido que usted se incorpore al grupo de camaradas que deberan apoyar al comite en todo cuanto necesiten: acompanar a nuestros invitados, facilitarles la informacion que demanden, ensenarles lo que deseen ver… naturalmente previo acuerdo del comite. Usted habla espanol, frances y aleman, y
