– ?Ha cambiado de opinion y me ensenara Moscu, aunque sea de noche?

– Imposible, manana tienen que empezar a trabajar temprano.

– Noto algo raro en usted, Amelia, y no se que es…

Ella lo miraba intentando hablarle sin palabras, pero Albert James no lograba captar lo que queria decirle.

– ?Es usted feliz? -le pregunto de manera espontanea.

– No, no lo soy.

A el le sorprendio la respuesta, y no supo que decir. Anushka los escuchaba, malhumorada. Al igual que Amelia, hablaba frances a la perfeccion, de manera que no habia perdido detalle de la conversacion, y decidio intervenir.

– ?Que cosas dice nuestra querida Amelia! Claro que es feliz, todos nosotros la queremos bien.

Albert James se volvio para ver quien les habia interrumpido y se encontro con una mujer joven y atractiva, rubia, alta, delgada y con unos inmensos ojos verdes. De inmediato se dio cuenta de que era una de las organizadoras del congreso.

– ?Ah, usted es…!

– Anna Nikolaievna Kornilova, directora del Departamento de las Artes del Ministerio de Cultura.

– Y actriz y directora de teatro -apostillo Amelia.

– ?He oido hablar de usted! Creo que manana por la noche asistiremos a una obra que ha dirigido, ?me equivoco? -pregunto Albert James.

– Asi es, para mi sera un honor que ustedes vean mi trabajo.

– Chejov, creo…

– Efectivamente. Y ahora que la obra ha terminado, nosotras tenemos trabajo, hemos de acompanarlos al hotel. Amelia, creo que tu grupo debe de estar ya saliendo hacia donde estan los autobuses.

– Yo formo parte de su grupo -dijo Albert James.

– Bien, pues no se retrasen. A ti, Amelia, te vere en el hotel y regresaremos juntas a casa. Mijail nos acompanara. ?Te parece bien?

Amelia asintio y se dirigio junto a Albert James hacia el vestibulo junto al resto de los periodistas.

– Una mujer importante y muy bella. La veo a usted muy bien relacionada.

– Esta casada con el primo de Pierre. Vivimos todos juntos.

– ?Ah, si! Creo recordar que la madre de Pierre es rusa, ?no?

– Si, y su hermana Irina nos ha acogido en Moscu.

– Perdone mi insistencia, pero la veo rara y su confesion de que no es feliz… La verdad, me ha sorprendido.

– Quiero marcharme de la Union Sovietica pero no puedo, quiza usted podria ayudarme -murmuro Amelia mirando a un lado y a otro temiendo que alguien les escuchara.

– ?De que tiene miedo? -quiso saber el.

– Tendria que explicarle tantas cosas para que lo entendiera… Pierre me dijo que usted no era comunista.

– Y no lo soy. No se preocupe, tampoco soy fascista. Me gusta demasiado la libertad para que dirijan mi vida. Creo en los individuos por encima de cualquier otra cosa. Pero le confieso que sentia curiosidad por conocer la Union Sovietica.

– No se ira decepcionado -sentencio Amelia.

– ?Tan segura esta?

– Usted, como los otros, vera lo que ellos quieren. Pero no se imagina usted lo que sucede aqui.

Interrumpieron la charla al subir al autobus. Amelia se sento lejos de Albert James. Temia que si la veian demasiado junto al periodista decidieran que se encargara de otro grupo de invitados y entonces no tendria la oportunidad de llevar adelante el plan que empezaba a germinar en su cabeza.

De regreso al apartamento, flanqueada por Mijail y Anushka, Amelia intentaba dominar su nerviosismo.

– ?Quien es ese periodista? -le insistio Anushka.

– Se llama Albert James, es un antifascista norteamericano amigo de Pierre. En Paris eran inseparables -mintio Amelia- y esta empenado en verlo.

– Eso va a ser un problema -afirmo Mijail.

– Lo se, pero ni el ni los otros invitados se conformaran con la excusa de que Pierre no quiere verles por trabajo o porque ha tenido que viajar repentinamente. Las cosas no suceden asi en Europa. Vais a tener que hacer algo.

Anushka guardo silencio, consciente de que, efectivamente, el caso de Pierre podia terminar dando al traste la operacion de imagen montada por los ministerios de Exteriores y de Cultura. Tenia previsto hablar con sus superiores a primera hora, pero sabia que ella misma quedaria comprometida al ser Pierre primo de Mijail, y, sobre todo, al haber propuesto a Amelia para ese trabajo.

A la manana siguiente, tal y como temia Amelia, cuando llego al congreso, su superior le habia adjudicado otro grupo, esta vez de pintores. No protesto y lo acepto con aparente indiferencia, pero estaba decidida a buscar a Albert James en cuanto pudiera. La ocasion se le presento a la hora del almuerzo, cuando los distintos grupos de trabajo coincidieron ante un surtido bufet.

Amelia penso que si los ciudadanos sovieticos pudieran ver aquella comida harian cualquier cosa por conseguirla, pues soportaban con estoicismo la escasez y el hambre y en aquel congreso parecia que en la Union Sovietica sobraban los alimentos.

– Nos ha abandonado -le dijo Albert James en cuanto la vio.

– Me han asignado a otro grupo, les preocupa que hable con usted o con Jean Deuville. Puede que incluso decidan apartarme de este trabajo, de manera que no tengo mucho tiempo para explicaciones. Se que usted y Pierre no simpatizaban demasiado pero le pido que salve su vida.

– ?Como dice? -Albert James la miraba con asombro.

– Esta detenido en la Lubianka y de alli solo se sale muerto o en direccion a un campo de trabajo del que no se suele regresar jamas.

– Pero ?que ha hecho? -Habia un tono de incredulidad y nerviosismo en la pregunta de Albert James.

– Le juro que no ha hecho nada, le suplico que me crea. Quieren una informacion que Pierre no tiene sobre… sobre una persona que el conocio y al parecer era un agente que ha desertado. Le han declarado enemigo del pueblo.

– ?Dios mio, Amelia, en que lio se ha metido!

– ?Por favor, hable bajo! No creo que me permitan volver a hablar con usted. Solo si usted, Jean y otras personas empiezan a insistir en que quieren ver a Pierre, puede suponer una oportunidad para que se salve. Insistan en ello por favor. En cuanto a mi, si pudiera pensar algo para convencerles de que debo marcharme con ustedes… Aqui me estoy muriendo.

– Todo lo que me esta contando es tan extrano…

– No puedo darle mas detalles, solo le pido que confie en mi, se que no me conoce, pero le aseguro que no soy mala persona…

Un funcionario del departamento de Amelia se acerco con cara de pocos amigos.

– Camarada Garayoa, esta descuidando su trabajo -le advirtio.

– Lo siento, camarada.

Amelia se alejo con la mirada perdida en el suelo.

Albert James no sabia que hacer. La confesion de Amelia le habia dejado perplejo. No entendia lo que estaba sucediendo y mucho menos por que Pierre estaba preso. En realidad no sabia por que este y Amelia se habian venido a vivir a Moscu. Todo su circulo de amigos parisino les hacia en Buenos Aires. Pese a tantas preguntas como se hacia para las que no hallaba respuesta, le impresionaba la angustia de Amelia, que ella dominaba y parecia convertir en una calma fria. Penso en contarle todo a Jean Deuville, pero su amigo poeta era un enamorado de la revolucion y para el seria un duro golpe saber que Pierre estaba preso y, sobre todo, que las autoridades le consideraban un «enemigo del pueblo». Sintio las manos humedas por el sudor y busco una silla donde sentarse y poder pensar.

– ?Satisfecho por el trabajo de esta jornada?

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