las invito a sentarse y luego miro a Amelia con desconfianza.
– Camarada Garayoa, siento tener que decirle que el camarada Comte esta muy grave -afirmo el medico.
– Eso es evidente -respondio Amelia con un deje de ironia.
– Es un hombre fuerte pero aun asi… En el accidente perdio los testiculos -le dijo mirandola fijamente e intentando que ella se sintiera avergonzada.
– ?Ah, si? Bueno, por lo que se se puede vivir sin testiculos.
– Los golpes recibidos… Ya sabe que se le cayo una grua encima… En fin, le han producido lesiones irreversibles.
– Soy consciente de su estado, camarada doctor.
– Tiene el cerebro afectado, en cuanto a sus facultades mentales… No creo que vuelva a ser una persona normal. Tiene que estar preparada para lo peor, camarada -sentencio el medico.
– ?Lo peor? ?Puede haber algo peor que lo que le ha sucedido?
– Le aseguro que hemos hecho cuanto hemos podido -insistio el medico-, pero debe tener en cuenta que… En fin, no habia sido debidamente atendido.
– Quiero llevarle a Paris, con sus padres -anuncio Amelia con voz desafiante.
– ?Imposible! -exclamo Anushka.
– ?Por que? No tiene sentido que continuemos aqui ninguno de los dos. Pierre necesita unos cuidados especiales, necesita a su familia.
– Nosotros somos su familia, Amelia -le reprocho Anushka.
– Sus padres estan en Paris, y alli es donde Pierre quiere y debe estar.
– No se si sera posible trasladarle en su estado… -El medico miraba a Anushka con preocupacion.
– Le aseguro que mejorara notablemente en cuanto salgamos de aqui -respondio Amelia, conteniendo la ira que a duras penas lograba dominar.
– He pensado que quiza puedan venir a verle ese periodista, Albert James, y tambien el poeta, Jean Deuville - apunto Anushka.
– Muy considerada por tu parte. Pero ademas te pido, camarada Anna Nikolaievna Kornilova, que consigas los permisos necesarios para trasladar a Pierre a Paris. Mi intencion es regresar junto a los intelectuales invitados, precisamente con sus dos grandes amigos, Albert James y Jean Deuville.
Anushka apreto los dientes endureciendo la expresion del rostro. Le irritaba la actitud de Amelia, pero sabia que no era el momento de discutir con ella.
Por mas que esta intento que la dejaran permanecer al lado de Pierre, el medico se mostro inflexible. Hasta el dia siguiente no podia ir a visitarle ya que tenian algunas pruebas pendientes que hacerle. Podia acudir por la manana temprano junto a los amigos de Pierre.
Esa noche Amelia acudio a la cena de despedida que el Comite Central ofrecia a los intelectuales participantes en el congreso.
El ambiente era de preocupacion: aquel 30 de septiembre se habia recibido la confirmacion del pacto al que habian llegado en Munich Edouard Daladier en nombre de Francia y Neville Chamberlain en el de Inglaterra con Hitler y Mussolini. Las dos potencias europeas habian cedido ante Hitler en su determinacion de apoderarse de la region checa de los Sudetes.
– ?Es una verguenza! -afirmaba Albert James-. Francia e Inglaterra pagaran caro su error. Estan permitiendo que Hitler crea que puede hacer y deshacerlo todo a su antojo, y lo unico que hacen es alimentar a un perro rabioso.
Los anfitriones sovieticos escuchaban las conversaciones de sus invitados pero contenian prudentemente sus comentarios. Preferian escuchar, pulsar la opinion de aquel grupo de hombres que representaban a una parte de la «intelectualidad» europea.
Amelia se acerco al grupo donde se encontraba Albert James y le hizo una indicacion para hablar a solas.
– ?Que sucede? -pregunto el periodista.
– Quiero agradecerle lo que han hecho con Pierre. Hoy he podido verle; a Dios gracias, esta vivo aunque su estado es critico.
– ?Donde estaba? ?Que le sucede?
– Le vera manana y… Bueno, le costara reconocerle. Le han torturado, pero a usted le diran lo mismo que a mi, que ha sufrido un accidente, que se le cayo una grua encima.
Le conto la historia que los sovieticos habian inventado para justificar el estado de Pierre, y le pidio que no dejara de acudir al dia siguiente con Jean Deuville a verle al hospital.
– Anushka y yo vendremos a buscarles a las ocho en punto. Ahora quiero pedirle otro favor.
– ?Vaya! ?Y ahora de que se trata?
– Quiero que le diga a Anushka que Pierre debe regresar a Paris, y que usted y Jean Deuville me ayudaran a cuidar de el durante el viaje. Pero tiene que insistir en que hemos de ir con ustedes.
– Pueden negarse.
– Si, pero si usted los aprieta… Se han visto obligados a hacerlo aparecer, y bueno, las autoridades sovieticas no quieren escandalos en este congreso, pretenden que todos ustedes hagan grandes alabanzas del sistema, para eso les han invitado. De ahi que no hayan tenido mas remedio que acceder a su peticion de ver a Pierre.
– Resulta increible que le hayan tenido detenido tanto tiempo…
– Torturar y asesinar en nombre del pueblo es una practica comun. Si a uno le declaran enemigo de la revolucion, a partir de ese momento se merece cuanto le pueda suceder. La gente tiene miedo, pasa hambre, hay censura, los hijos denuncian a los padres, los tios a los sobrinos, y los amigos se observan con desconfianza. Stalin ha instalado un regimen de terror, aunque en realidad no es solo suya la culpa, la semilla de esta barbarie la planto Lenin.
– ?Ha dejado de abrazar la fe comunista?
– He vivido aqui el tiempo suficiente para querer huir de esto que llaman comunismo. Pero lo que yo piense no es importante, ahora de lo que se trata es de salvar a Pierre.
Jean Deuville no pudo contener una exclamacion de horror cuando entro en la habitacion de Pierre. Albert James tambien estaba impresionado pero, para alivio de Anushka, no dijo nada. El medico les explico la gravedad de su estado insistiendo en que era un milagro que hubiera sobrevivido al accidente con la grua.
– Pierre, amigo, ?que te ha sucedido? -pregunto Jean haciendo un esfuerzo por contener las lagrimas.
El unico ojo de Pierre permanecia abierto pero no parecia verlos. Amelia le noto mas adormilado que el dia anterior, y en su unico ojo sano pudo leer el miedo que Pierre sentia.
– Lo llevaremos a Paris -afirmo Albert James-, vendra con nosotros. Cuanto antes este con su familia, mas pronto se recuperara.
– No creo que… En fin, puede que su salud mental quede afectada para siempre. Ya ven ustedes, es poco mas que un vegetal -afirmo el medico.
– Aun asi vendra con nosotros -replico Jean Deuville con determinacion-; su madre nunca me perdonaria que le dejara aqui.
– En ningun lugar tendra los cuidados que en un hospital dedicado a la salud del pueblo -agrego Anushka.
– Discrepo, camarada Anna Nikolaievna Kornilova, en ningun lugar del mundo se esta mejor que en casa - afirmo Jean.
– La Union Sovietica es la patria de Pierre, y la de todos los trabajadores. Ademas, le recuerdo que el camarada tiene familia aqui -afirmo Anushka.
– Nikolaievna Kornilova, como amigos de Pierre y representantes de sus padres, insistimos en llevarle a Paris. No entendemos su empeno en impedir que regrese… -dijo Albert James.
– El camarada Comte no esta en condiciones de viajar -aseguro el medico-; ni siquiera me atrevo a decir… En fin…
– Aguantara el viaje- aseguro Jean Deuville-, se que podra hacerlo.
Albert James y Jean Deuville no dejaron opcion ni al medico ni a Anushka, de manera que estos optaron por decir que tramitarian los permisos necesarios, pero que si se lo llevaban y le sucedia algo seria bajo su
