responsabilidad. Amelia habia permanecido en silencio, sabiendo que no era ella quien tenia que librar esa batalla.
Amelia se sentia feliz haciendo el equipaje. Por fin Anushka le habia anunciado que podia regresar a Paris con el grupo de Albert James y Jean Deuville y llevarse a Pierre con ellos.
Tia Irina le ayudaba a guardar la ropa en la maleta; la buena mujer le daba consejos sobre como tratar al enfermo durante el viaje que iban a emprender.
– Mi hermana Olga nunca me perdonara lo que le han hecho a su hijo -se lamentaba-. Yo no he hecho por el lo que debia…
– Usted y tio Giorgi se han portado muy bien con Pierre y conmigo, no tienen nada que reprocharse, es este maldito sistema…
– Nunca fui una revolucionaria -aseguro la tia Irina-, pero Giorgi si lo era y, bueno, llegue a creer que tenia razon, que el pueblo viviria mejor, que construirian una sociedad con mas libertades, pero ahora hay mas miedo que en tiempos del zar. Mijail se revuelve cuando lo digo, pero es la verdad.
– Cuidese, tia Irina.
– ?Crees que mi hijo seria capaz de denunciarme?
– No, no he dicho eso.
– Pero lo piensas, Amelia, se que lo piensas. No, el no lo hara. Se que muchos hijos han denunciado a sus padres, pero el mio no lo hara. Mijail posee una fe inquebrantable en el comunismo, pero es un buen hijo. No desconfies de el.
Amelia no quiso contradecir a la mujer. Ademas, en ese momento lo unico que le importaba era cerrar la maleta e ir al hotel Metropol, donde la esperaban Albert James y Jean Deuville. Anushka habia prometido que un coche les llevaria al hospital para recoger a Pierre y de alli irian al aeropuerto.
La tia Irina derramo unas cuantas lagrimas al despedirla.
– Cuida a Pierre y dale mi carta a mi hermana Olga.
– Asi lo hare, y usted tenga cuidado.
Jean Deuville estaba nervioso, y Albert James no parecia de muy buen humor.
– Si alguien me dice que iba a vivir todo esto le habria dicho que estaba loco -se lamento Deuville.
Anushka aparecio a la hora acordada con un coche grande para, segun dijo, acomodar mejor a Pierre. Parecia intranquila y sin ganas de hablar.
Ya en el hospital, Anushka les pidio que esperaran a que ella buscara al director medico para que firmara el alta de Pierre.
Amelia asintio nerviosa. Sabia que en la Union Sovietica la burocracia podia resultar interminable.
Media hora despues aparecio Anushka con el medico que atendia a Pierre.
– Acompanenme, por favor -pidio el medico-. El camarada Comte ha empeorado. Esta madrugada sufrio una crisis cardiaca aguda. Estamos haciendo todo lo posible para salvarle la vida y, desde luego, es imposible que pueda viajar.
Le siguieron nerviosos. Amelia sentia desbocarse los latidos del corazon mientras Jean Deuville y Albert James se miraban sorprendidos.
El medico abrio la puerta de la habitacion donde se encontraba Pierre, y vieron a dos enfermeras y a otros dos medicos alrededor de la cama.
– Lo siento, camaradas, el enfermo acaba de sufrir una parada cardiaca -dijo uno de los medicos-, desgraciadamente no hemos podido hacer nada. Ha fallecido.
Amelia se acerco a la cama y les aparto. El rostro de Pierre estaba crispado, como si sus ultimos momentos hubieran sido de gran sufrimiento. Comenzo a llorar, al principio sin emitir ningun sonido, luego dejando escapar un grito agudo. Se abrazo al cuerpo inerte de Pierre. El cuerpo de un anciano. El cuerpo de un hombre torturado.
Albert James se acerco a la cama e intento que Amelia se soltara de Pierre, pero ella no queria hacerlo, necesitaba sentir aquel cuerpo pegado al suyo y murmurarle que nunca jamas volveria a querer a nadie como le habia querido a el.
Con ayuda de Jean Deuville, Albert James pudo apartar a Amelia. Los dos hombres estaban impresionados por la escena.
– Lo siento -aseguro el medico.
– ?Lo siente? Creo que ustedes le han…
Albert James no permitio que Amelia continuara hablando. Sabia que iba a decir lo mismo que sospechaba el: que habian matado a Pierre.
– ?Por favor, Amelia! Debemos irnos. Ya no podemos hacer nada por Pierre -le dijo con dureza.
– ?Quiero que le hagan la autopsia! Quiero llevarme su cadaver a Paris, y que le hagan la autopsia alli para saber de que ha muerto -gritaba Amelia.
– Amelia, no estas bien, quiza debas quedarte para recuperarte de la perdida de Pierre -afirmo friamente Anushka.
Sus palabras sonaron a amenaza.
– Es comprensible que este asi, pongase en su lugar -afirmo Albert James con voz neutra.
– Vamos, Amelia, aqui no tenemos nada que hacer -le dijo Jean Deuville mientras le pasaba el brazo por encima de los hombros.
– Tengan en cuenta que el accidente que sufrio fue terrible -dijo el doctor.
– Si, lo tenemos en cuenta. Lo milagroso es que haya vivido hasta hoy -respondio Albert James con ironia.
Amelia se nego a despedirse de Anushka, y esta se comprometio con Jean Deuville y Albert James a encargarse del entierro.
– No olvide que Pierre tiene familia aqui -insistia Anushka- y sera enterrado como merece.
Durante un segundo Amelia dudo si debia quedarse para enterrarlo, pero Albert James le insistio en que debia marcharse con ellos.
– Acompanenos, ya no tiene sentido que continue aqui. El no habria querido que se quedara.
Ella tambien rechazo la mano del medico que habia atendido a Pierre. Abrazada ajean Deuville no cesaba de repetir «asesinos» en espanol, idioma que ella creia que ninguno de los presentes conocia.
Salieron del hospital directamente hacia el aeropuerto. Era el 2 de octubre de 1938…»
La profesora Kruvkoski se quedo en silencio. Mirando fijamente a Guillermo.
– Esto es todo lo que le puedo contar.
– Pues me ha dejado usted hecho polvo.
– ?Como dice?
– Que estoy muy impresionado. Los crimenes del estalinismo ponen los pelos de punta. Debio de ser una epoca terrible.
– Lo era, el sistema funcionaba a traves del terror, asi lograron dominar a todo el pais. Si, fue terrible, murieron millones de inocentes, a los que Stalin mando asesinar.
– Digame, ?como puede usted saber con tanta precision lo que sucedio? Lo digo porque no debe ser facil averiguar lo que pasaba en la Lubianka.
– Algunos documentos y archivos han sido abiertos para los investigadores.
– Resulta increible que no se rebelaran ustedes contra Stalin, y sobre todo que hoy en dia haya gente que le anore.
– Preguntele a sus padres por que no se rebelaron contra Franco -respondio malhumorada la profesora.
El silencio se volvio a instalar entre ellos. Despues la profesora Kruvkoski suspiro, y parecio relajarse.
– Es dificil que ustedes entiendan lo que paso. En cuanto a lo de anorar a Stalin… No, no se equivoque, el pueblo ruso no tiene nostalgia de el, lo que no soporta es no ser una potencia, no tener el respeto de los demas paises. La Union Sovietica fue una gran potencia, temida por todos, y eso era un motivo de orgullo para los rusos. La caida del Muro de Berlin nos dejo desconcertados. Eramos pobres, habiamos dejado de ser una potencia, todo se derrumbaba a nuestro alrededor… Occidente nos creia vencidos y los rusos se sentian humillados.
– Reconocera que es mejor la democracia que la dictadura.
– Naturalmente, joven, eso esta fuera de toda duda, pero los rusos somos orgullosos y no soportamos que se
