nos menosprecie. Occidente se ha equivocado con Rusia.

– Ustedes son parte de Europa.

– Ese es el error. Somos parte de Europa pero no del todo. Rusia es por si sola un continente, con sus propias peculiaridades. Por eso ustedes no entienden que Putin tenga tanto predicamento aqui, y la respuesta es porque ha devuelto a los rusos el orgullo. En fin, no voy a darle ahora una leccion de geopolitica ni a explicarle como somos los rusos.

– Le agradezco lo que me ha contado de mi bisabuela.

– Fue una mujer notable y muy valiente.

– Si, supongo que si.

No tenia excusa para continuar en Moscu, aunque lamentaba no poder alargar mi estancia un par de dias. Ademas, me habria encantado ir a San Petersburgo pero teniendo en cuenta que ahora mis financiadoras eran las ancianas Garayoa, no me sentia capaz de abusar de su confianza; no obstante, aproveche el resto del dia para recorrer Moscu. Por la manana temprano debia regresar a Espana. Estaba expectante, porque no podia imaginar que derroteros habria tomado mi bisabuela cuando regreso a Paris. Y me preguntaba a quien le encargaria ahora dona Laura que guiara mis pasos.

ALBERT

1

Mi madre me echo una bronca descomunal y no se apiado cuando le conte que en menos de quince dias habia visitado Roma, Buenos Aires y Moscu.

– ?Dejate de historias del pasado y ponte a trabajar!

– Pero madre, si no dejo de trabajar.

No obstante, para mi madre todo lo que no fuera un empleo con un horario de entrada y salida no era trabajo. Ademas, me conmino a abandonar la investigacion sobre la bisabuela.

– Tu tia Marta siempre se pasa de original, te ha metido en el lio y ahora se desentiende, de lo cual me alegro, pero no me gusta que sigas con esta historia.

Me conto que, por mi culpa, habia discutido con su hermana y que llevaban una semana sin hablarse. Luego volvio a insistir en que sentara la cabeza y buscara un buen empleo.

– Guillermo, hijo, yo no entiendo por que otros que valen menos que tu estan ahi, saliendo en la television. Mira Luis, que estudio la carrera contigo y que siempre ha sido un poco panfilo, y sin embargo presenta un informativo en la radio, y Esther… bueno, esa chica no vale nada, y ahi la tienes, de «estrella» de la television… y Roberto… bueno, de todos tus amigos era el mas tonto y le han hecho director general.

– Lo siento, madre, pero es que tengo un defecto: no me callo, y eso no les gusta a los jefes.

– ?Y tus amigos socialistas por que no te echan una mano? En la campana dijeron que querian periodistas independientes.

– ?Y tu te lo creiste? ?Vamos, madre, no seas ingenua! Los politicos abominan de los independientes, todo aquel que no sirva a sus intereses termina marginado. Y en esto son iguales los de derechas que los de izquierdas, y como yo me meto con todos, pues ya ves el resultado.

Las discusiones con mi madre siempre se me antojan inutiles. Ella cree a pies juntillas lo que los politicos dicen en television y no le entra en la cabeza que hagan lo contrario de lo que afirman.

Seguramente lo mejor de mi madre es la confianza que tiene en el ser humano.

Llame a dona Laura para informarle de mi regreso a Madrid. Me dijo que ya me llamaria ella para indicarme los pasos a seguir, de manera que aproveche el tiempo que se me presentaba por delante para ver a Ruth, mi chica, ir a la redaccion del periodico, tomar copas con los amigos y volver a discutir con mi santa madre. Hasta transcurrida una semana dona Laura no me telefoneo.

– Tendra que llamar al profesor Soler. El le orientara.

Cuando le escuche al otro lado del aparato tuve la impresion de encontrarme con la voz de un viejo conocido.

– Dona Laura me ha pedido que continue guiando su investigacion. No sera facil, pero entre lo que yo se y algunas cosas de las que usted me cuente podre ir orientandole, si bien no es necesario que me de detalles. Ahora debe ir a Paris. Hablara con un viejo amigo, Victor Dupont; el conocio a Amelia cuando era un adolescente poco mayor que yo.

– ?Quien es?

– El hijo de un activista, un comunista. Nuestros padres fueron amigos, y nosotros vivimos una temporada en su casa de Paris al termino de la guerra civil.

– ?Usted vivio en Paris?

– Si, con mi padre.

– ?Y su madre?

– No se que fue de ella, quiza la fusilaron los franquistas. No quiso pasar a Francia; estaba dispuesta a seguir combatiendo aun despues de que Franco hubiera ganado la guerra. Mi padre huyo a Francia conmigo.

– ?Y que puede saber el senor Dupont de Amelia Garayoa?

– Mas de lo que imagina, la conocio y tambien ajean Deuville y a Albert James.

– ?Y cree que se va a acordar de lo que sucedio entonces?

– Desde luego. Ademas, Victor es documentalista, su padre fue periodista, y, bueno, cuando este murio Victor guardo todos sus papeles. Pero no le quiero adelantar nada. Vaya usted a Paris, Victor Dupont le recibira de inmediato.

Llovia en Paris, lo que no me sorprendio porque rara vez he ido a la capital francesa sin que me haya caido algun chaparron. Pero olia a primavera y eso me animo.

Habia reservado habitacion en un hotel de la orilla izquierda, cerca del domicilio de Victor Dupont.

Me lleve una sorpresa al conocerle. Era un hombre muy entrado en anos, pero aun le quedaba mucha energia por gastar.

Documentalista y archivero de profesion, el senor Dupont me parecio un sabio nada despistado.

Por su aspecto fisico deduje que debia de haber sido guapo; alto, con los ojos azules, ahora tenia el cabello blanco y el porte erguido de un viejo galan.

– Asi que esta investigando la historia de su bisabuela, ?en menudo lio se ha metido! -dijo el senor Dupont mientras colocaba sobre la mesa dos vasos de burdeos para acompanar un plato de queso.

– Si, eso dice mi madre, que me he metido en un buen lio.

– Hijo, hay cosas que es mejor no remover, sobre todo las cosas de familia. Pero alla usted. Le ayudare en todo lo que pueda porque me lo ha pedido mi buen amigo Pablo. ?Por donde quiere que empiece?

– Bueno, por lo que se, Amelia Garayoa regreso a Paris a principios de octubre de 1938 acompanada de Jean Deuville y Albert James. Volvian de un congreso de intelectuales en Moscu.

– Si, un congreso organizado a mayor gloria de la propaganda sovietica, pero que resulto muy efectivo en aquel momento.

No me atrevi a preguntarle si el era comunista, dado que su padre lo fue y ademas era amigo del padre de Pablo Soler, que tambien lo era, pero Dupont debio de leerme el pensamiento.

– Fui comunista, y no se imagina con cuanto ardor. Los comunistas han hecho cosas reprobables, pero tambien mucho bien. Y en sus filas ha habido gente abnegada, creyentes, tan buenos como santos, en su afan de ayudar a los demas. Hace anos deje la militancia y eso me ha permitido analizar mi propia vida con una perspectiva y

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