su nivel de ruso es aceptable, de manera que esta capacitada para el nuevo trabajo. Trabajara a las ordenes directas de la camarada Nikolaievna Kornilova. Presentese manana en su despacho en el Ministerio de Cultura.

Amelia asintio a cuanto le decia el hombre, mientras ocultaba el asombro que le producia enterarse de que Anushka era una persona relevante del Ministerio de Cultura. La tenia por una actriz de total confianza del partido y poco mas, pero la realidad es que Anushka era una desconocida para ella. Ademas, nunca hubiese imaginado que hablara a favor suyo. ?Por que lo habria hecho?

Cuando llego al apartamento le conto a tia Irina el encargo recibido por mediacion de Anushka.

– Es una persona muy especial. Yo tampoco se muy bien lo que hace. Creo que antes era actriz, pero ahora es directora de teatro o algo asi. Me parece que trabaja en un departamento que se encarga de decidir las obras que podemos ver. Me alegro de que haya hablado en tu favor, si lo ha hecho se ha comprometido por ti.

Amelia penso que a lo mejor Anushka no era tan mala persona como ella creia, aunque no lograba quitarse el sentimiento de desconfianza.

Aquella noche Mijail y Anushka parecian animados, incluso contentos. Amelia le agradecio a ella que hubiera hablado a su favor, pero la joven le quito importancia a su gestion.

– El congreso es muy importante, queremos que los intelectuales se lleven la mejor imagen de la Union Sovietica. Necesitamos gente con la que puedan sentirse comodos, que les hablen en su idioma. Tu lo haras bien. Manana en el despacho te dare los detalles, no me gusta hablar de trabajo en casa.

A mediados de septiembre, Amelia se encontraba junto a otro grupo de funcionarios aguardando en el aeropuerto la llegada de los vuelos que traian a los invitados al congreso. Estaba nerviosa, anhelaba encontrarse con aquellos desconocidos que para ella suponian una puerta abierta hacia el mundo que habia abandonado pero al que ansiaba regresar.

El congreso se inauguro el 20 de septiembre con asistencia de algunos ministros y varios miembros del Comite Central. Estaba previsto que durante quince dias los intelectuales europeos y rusos debatieran sobre musica, arte, teatro, etcetera.

Los invitados extranjeros acudirian a representaciones de teatro y ballet, y visitarian fabricas y granjas modelo. Entre los asistentes se rumoreaba que en algun momento Stalin haria acto de presencia.

A Amelia le encargaron que acompanara a un grupo de periodistas a un encuentro con colegas rusos para debatir sobre los limites de la libertad de expresion.

Mientras se dirigia con ellos a la sala donde se iba a celebrar el encuentro escucho que la llamaban por su nombre.

– Pero si es… ?Amelia? ?Amelia Garayoa?

Ella se volvio y se encontro frente a un hombre a quien al principio no reconocio. Le hablaba en frances y la miraba sorprendido.

– Soy Albert James, nos conocimos en Paris, en La Coupole. Nos presento Jean Deuville, y usted estaba con Pierre Comte. ?Se acuerda?

– Si, ahora si, perdone que no le haya reconocido a la primera, es usted la ultima persona que pensaba encontrarme aqui -respondio Amelia.

– Bueno, yo tampoco esperaba encontrarla en Moscu, y mucho menos trabajando para los sovieticos. ?Ya ha visto a Jean Deuville?

– No, no le he visto, no sabia que estaba invitado a este congreso.

– Bueno, es un poeta, y ademas comunista, no podia faltar, pero digame ?Y Pierre? ?Esta aqui con usted?

Amelia palidecio. No sabia que responder. Notaba las miradas de algunos periodistas, pero sobre todo la de los funcionarios sovieticos, muy atentos a la conversacion que mantenia con Albert James.

– Si, esta aqui.

– Estupendo, supongo que podremos verle. Ademas de Jean hay unos cuantos amigos de Pierre que tambien han sido invitados a este congreso.

Durante el encuentro entre los periodistas rusos y europeos Albert James se mostro especialmente combativo. Frente a sus colegas sovieticos, que defendian la intervencion del estado en los medios de comunicacion como garante de los intereses generales, Albert James defendia la libertad de expresion sin limites ni tutelas. Sus posiciones incomodaban a los sovieticos y en algun momento el debate adquirio tintes de crispacion.

Cuando termino la sesion, Albert James se acerco a Amelia, que no habia dejado de mirarle ni un solo momento.

– Con quien esta de acuerdo, ?con ellos o conmigo? -le pregunto el, sabiendo que la ponia en un aprieto.

– Prefiero la libertad absoluta -respondio ella, sin ignorar que los otros funcionarios sovieticos no perdian palabra de lo que decian.

– ?Menos mal! Aun no la han echado a perder.

– Vamos, senor James, es la hora del almuerzo -le apremio ella-, y luego deben continuar debatiendo.

– ?Uf, es demasiado para mi! Preferiria pasear por Moscu. Ya he discutido bastante durante la manana. ?Por que no me acompana?

– Porque no esta previsto que ni usted ni nadie pasee ahora por la ciudad, sino que continuen trabajando despues del almuerzo, de manera que cumpla con el programa -respondio Amelia.

– No sea tan rigida… comprendera que venir a Moscu ha sido una oportunidad que no podia dejar pasar, pero este congreso me aburre, ya me he dado cuenta de que no va a servir de nada.

Por la noche Amelia volvio a encontrarse a Albert James en el teatro durante una representacion de El Lago de los Cisnes. Albert estaba junto a Jean Deaville y los dos hombres estaban buscandola.

Jean la abrazo y le dio dos besos. Se alegraba de verla pero, sobre todo, queria saber de su amigo.

– ?Donde esta Pierre? Quiero verlo cuanto antes. Cuando termine la representacion podemos acompanarte a casa, se llevara una sorpresa -propuso Jean.

– No, no es posible. Ya lo vereis en otro momento -respondio Amelia, incomoda.

– Quiero darle una sorpresa -insistio Jean.

– Hoy no, Jean, quiza manana.

Varios funcionarios sovieticos no dejaban de fijarse en la familiaridad que Amelia tenia con aquellos dos hombres, de manera que, en medio de la representacion del ballet, Amelia sintio una mano que se apoyaba en su hombro, y al volver la mirada se encontro con Anushka, que le susurro que saliera del palco.

– ?Quienes son esos hombres? -le pregunto.

– Albert James es periodista y Jean Deuville, poeta, pero tu deberias conocerlos, son vuestros invitados.

– ?De que los conoces?

– Son unos amigos de Pierre que conoci en Paris. Insisten en verlo. Pero no solo ellos, hay unas cuantas personas mas que lo conocen en este congreso, y al verme todos me preguntan por el.

Anushka se lamento de haber elegido a Amelia para aquel trabajo, puesto que su presencia se habia convertido en un problema.

– ?Que les has dicho?

– Quieren acompanarme a casa para darle una sorpresa a Pierre, pero les he dicho que hoy no es posible, que le veran en otro momento.

Y al pronunciar esas palabras Amelia se dio cuenta de que podia crear un problema a los sovieticos si los amigos de Pierre insistian en verle y no lo conseguian.

– Diles que esta fuera de Moscu, que ha regresado a Buenos Aires -le ordeno Anushka.

– Lo siento, les he dicho que esta aqui, y que podran verle en cualquier momento, no se me ha ocurrido otra cosa -respondio Amelia, intentando parecer inocente.

De vuelta a su palco se dedico a mirar descaradamente a Albert James intentando llamar su atencion. Este noto su mirada y le sonrio; poco antes de que terminara la representacion se presento en su palco. Anushka, que no les perdia de vista, tambien acudio de inmediato. No sabia por que, pero le inquietaba la relacion de Amelia con aquel hombre.

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