– Que Dios me bendiga -murmuro-, pero he dormido como un nino.
– ?Como un tronco! -bromeo Ranulfo apartandose las mantas-. Volvi antes de medianoche, amo. La taberna estaba a rebosar. Dormiais como un muerto.
Ranulfo se dio cuenta de lo que habia dicho y se disculpo. Bajo y regreso con una jarra de agua fresca. Corbett decidio no afeitarse, pero se lavo rapidamente. Se cambio la camiseta y la ropa interior y, mientras Ranulfo se aseaba, bajo al bodegon desierto. Estaba a punto de tomarse un tazon de caldo caliente cuando Bullock irrumpio en la estancia con un chasquido de dedos.
– Sir Hugo, sera mejor que vengais. Vos tambien -grito a Ranulfo que acaba de bajar las escaleras-. Hemos encontrado al Campanero.
Corbett aparto el tazon y se puso en pie.
– ?Al Campanero! ?Como?
– ?Seguidme!
Corrieron detras de el. Ranulfo se acordo de los talabartes y regreso a buscarlos, mas pronto los alcanzo, justo cuando entraban por el camino que llevaba a Sparrow Hall.
– ?Quien es? -pregunto Corbett tirando de la manga del baile.
– ?Appleston! Ya sabeis, el hijo bastardo de De Montfort.
– ?Y teneis pruebas?
– Todas las pruebas del mundo -replico el baile-, pero sera mejor que lo comprobeis vos mismo.
Tripham, Churchley, Barnett y lady Mathilda estaban esperandolos en el pequeno recibidor.
– Lo encontramos despues del amanecer -informo Tripham poniendose en pie y juntando las manos-. ?Tantas muertes! -exclamo. Tenia el rostro palido y ojeroso-. ?Tantas muertes! ?Tantas muertes! El Rey montara en colera.
– ?Otro asesinato? -pregunto Corbett paseando la mirada entre los presentes.
– No, esta vez no se trata de ningun asesinato -replico lady Mathilda-. Appleston tomo la opcion del cobarde. El profesor Tripham os lo ensenara.
El vicerregente los condujo escaleras arriba. En la primera galeria habia dos criados, entregados a la labor de doblar ropa en un arca, que se arrinconaron contra la pared para dejarlos pasar como si no quisieran ser vistos. Bullock abrio la puerta. La camara era muy lujosa: contenia una cama con dosel con las cortinas echadas, estanterias repletas de libros, platos de peltre y copas, taburetes y una silla forrada frente a un escritorio elegante debajo de la ventana. A cada lado de la estancia habia unos cofres medio abiertos. Bullock corrio las cortinas de la cama. Appleston yacia alli, tan serenamente que Corbett penso que estaba dormido. Bullock, grunendo por lo bajo, abrio las contraventanas.
– No toqueis la copa que hay sobre la mesa -advirtio a Corbett, aunque este ya la habia cogido y la estaba oliendo.
Advirtio cierto olor agrio mezclado con el clarete.
– ?Que era? -pregunto.
– Soy un baile, no un boticario -espeto Bullock-. Pero Churchley dice que es una especie de pocion para dormir, de esas que proporcionan el sueno eterno.
Corbett se sento en la cama. Retiro con cuidado las mantas y desabrocho los botones de la camisa de dormir de Appleston.
– ?Es realmente necesario? -pregunto Tripham.
– Si, creo que si -contesto Corbett.
Le subio la camisa y estudio el cadaver. Corbett no encontro ninguna marca de violencia. La piel estaba humeda y fria, tenia el rostro palido, los labios medio abiertos y ligeramente amoratados, pero no habia nada mas relevante. Si no hubiera sido por la copa, Corbett habria pensado que Appleston habia muerto silenciosamente mientras dormia.
– ?Y por que creeis que es el Campanero?
– Mirad en el escritorio -replico Tripham.
Corbett le obedecio. Un trozo de pergamino, cortado limpiamente, le llamo la atencion: el tipo de caligrafia era el mismo que el de las proclamas del Campanero. Tambien se fijo en el bote de tinta y la pluma que habia al lado.
– «El Campanero va y viene -leyo en voz alta-. Hace sonar sus advertencias y proclama la verdad; sin embargo, al final siempre llega la oscuridad. ?Quien sabe cuando regresara?» Bastante enigmatico -apunto Corbett.
Se acerco a la cama, cogio la mano de Appleston y aprecio unas manchas de tinta en los dedos y en la camisa de dormir de lino.
– Y todavia hay mas -declaro Bullock.
Empezo a abrir los cofres y las arcas que habia a su alrededor, sacando rollos de vitela y botes de tinta negra. Tambien saco unos trozos de pergamino amarillentos y se los lanzo a Corbett.
– Copias de las proclamas del Campanero. -Senalo un rollo de vitela que habia al lado del escritorio-. Extractos de las cronicas sobre la vida de De Montfort. Y lo mas importante…
Bullock se acerco a un cofre y rebusco en su interior. Saco lo que parecia ser un pequeno triptico. Sin embargo, cuando Corbett lo abrio, en vez de encontrarse con una crucifixion en el centro con la virgen Maria y san Jose a cada lado, vio un retrato de De Montfort santificado rodeado de una multitud de personas con los brazos extendidos y cartelas saliendo de sus bocas con las palabras escritas: LAUDATE, LAUDATE (alabad al Senor).
Corbett se unio a la busqueda de mas pistas. Tripham no paraba de protestar desde la puerta. Bullock volvio a su tarea de revolver cofres y arcas. Al final Corbett amontono todo lo que habia encontrado sobre el escritorio.
– Asi que Appleston era el Campanero -concluyo-. Sabiamos que era el hijo ilegitimo de De Montfort y no hay ninguna duda de que sentia un amor especial por el conde. Los rollos de pergamino, los utensilios de escribir, todo parece indicar que era el.
– Pero no estais seguro -afirmo Ranulfo.
– ?Oh! Puedo aceptar que era el Campanero -anadio Corbett-, pero ?por que se suicido? Porque ese sera el veredicto, ?me equivoco? Appleston se da cuenta de que no puede continuar con su subterfugio. En consecuencia, escribe un pequeno memorandum proclamando la verdad, se toma la pocion y muere en paz mientras duerme - lanzo una mirada a Tripham-. ?La puerta estaba cerrada con llave?
– No, sir Hugo.
Corbett se sento en un taburete y se froto la punta de la nariz.
– Aqui tenemos a un hombre que va a suicidarse -declaro-. Escribe una nota antes de morir; solo hay que ver la tinta en sus dedos. Ingirio bastante vino. A Appleston no le importaba morir de una forma tan tragica y decide meterse en la cama. -Corbett miro la vela; vio como se habia consumido-. Me gustaria que todo el mundo saliera de la estancia. Vos tambien, baile.
Bullock estaba a punto de protestar.
– Por favor -anadio Corbett-. Os prometo que no tardare demasiado.
Bullock salio detras de Tripham. Ranulfo cerro la puerta tras ellos.
– No creeis que se haya suicidado, ?verdad, amo?
– No -contesto Corbett-. No es logico. La mayoria de los asesinos aprecian sus vidas. El Campanero se ha divertido con el juego. Ha matado en secreto bajo el manto de la oscuridad. ?Por que desaparecer ahora tan silenciosamente en medio de la noche? Por supuesto -asintio Corbett- que hay muchas pruebas que le acusan. Su parentesco, los documentos encontrados en su camara… Pero, Ranulfo, si fueras el hijo bastardo de De Montfort, te sentirias orgulloso de ello, ?no es cierto?
– Si, en efecto.
– Entonces, dime, Ranulfo, si quisieras suicidarte, si fueras a escribir las ultimas palabras de tu vida, querrias hacerlo de manera que nadie te molestara. Cerrarias la puerta con llave y la atrancarias. Pero Appleston no hizo nada de eso. Se metio en la cama sin ni siquiera apagar las velas. Y sobre todo, si un hombre desea morir, ?para que iba a cambiarse de ropa y ponerse la camisa de noche? -Corbett se dirigio a la puerta. En una percha habia una tunica del profesor con la insignia de la residencia; en otra, una camisa, un junquillo y unas calzas. Corbett las examino con cuidado.
– Estan limpias -comento.
Miro a su alrededor y entrevio una cesta de mimbre en una esquina, debajo del lavatorio. Se dirigio hacia alli y la saco para vaciar su contenido en el suelo. Saco una camisa y unas calzas sucias.
