Tres mujeres, que hablaban discretamente entre ellas en el extremo de la tienda, se levantaron para acercarse a los visitantes. Las tres vestian con las tunicas azul claro y los mantos de las sacerdotisas de Atenea. Su lider llevaba un cayado blanco de pastor. La pequena lechuza de bronce de Atenea colgaba de una cadena alrededor de su cuello y sus anillas estaban adornadas con el mismo simbolo. Sus dos companeras no eran mas que dos jovenzuelas palidas y de cabellos oscuros. La sacerdotisa, que se presento a si misma como Antigona, era sorprendente tanto en su hermosura como en su porte: ojos verdes en un largo rostro moreno, pomulos altos y labios carnosos muy rojos. A Telamon le recordo fugazmente a Olimpia, y no parecia en absoluto intimidada por la presencia de Alejandro. El le dedico todas las cortesias, se inclino ante ella y abrio los brazos como un suplicante en el templo.
– Vaya, mi senor -dijo Antigona con una voz suave y vibrante-, me habias prometido traer a un fisico, pero no a una manada.
No hizo caso de Perdicles y los demas y observo calmadamente a Telamon con una lenta mirada apreciativa; miro su rostro como si quisiera recordarlo. Alejandro hizo las presentaciones. Telamon se sentia un tanto incomodo e impresionado; se pregunto si Antigona sentia una legitima curiosidad por el o si simplemente se estaba burlando.
Antigona le ofrecio la mano para que se la besara. El lo hizo. Sus dedos eran largos, frescos y perfumados.
– Estas cansado -afirmo Antigona sujetandole la mano derecha y acariciandole suavemente la muneca con el pulgar-. ?Te conozco, el famoso fisico!
Telamon, avergonzado, miro a Alejandro, que disfrutaba enormemente de su incomodidad.
– Antigona, sacerdotisa de Atenea -declaro Alejandro-. Sirve a la diosa en su templo de Troya. Cruzo el Helesponto para saludarme. ?Un gran honor! Tambien trajo a guias.
– ?Guias?
Alejandro hizo un gesto cortante con la mano.
– Ya te lo contare mas tarde. ?Primero, la paciente!
Antigona se aparto. Alejandro acompano a Telamon hasta la mesa.
– Mi senora, quiza quieras contar a nuestro fisico la historia de la muchacha.
Telamon miro el rostro de muneca y los ojos ausentes de la muchacha, que continuaba sentada; movia los labios, aunque no se escuchaba sonido alguno. Parpadeaba, hacia una mueca y se encogia como si quisiera protegerse de un enemigo invisible. Telamon le tomo el pulso. El latido de la sangre en la muneca era rapido. La miro a los ojos: las oscuras pupilas se veian muy grandes y la respiracion era poco profunda.
– Esta en trance -afirmo-, inducido por la fiebre.
Miro a Antigona. La sacerdotisa jugaba con uno de los pesados anillos que llevaban el sello de la lechuza de Atenea.
– ?Quien es ella? ?Una de las doncellas de tu templo?
Alejandro se sento en el borde de la mesa, con los brazos cruzados y la mirada fija en el suelo.
– Es lo que queda de una leyenda, Telamon. ?La maldicion de Casandra!
– ?Casandra raptada por Ayax despues de la caida de Troya?
– El guerrero -asintio Alejandro- cogio a Casandra prisionera y la violo. La leyenda dice que sus descendientes, las cien familias nobles de Locrida en Tesalia, tuvieron que pagar una reparacion. Casandra, la profetisa, habia estado consagrada a Atenea. Las cien familias debian enviar a dos doncellas todos los anos para servir en el templo de la diosa en Troya.
– ?Eso no es mas que una leyenda! -protesto Telamon.
– Lo fue hasta hace cinco anos. Mi padre Filipo queria que su desembarco en Troya fuera un exito. Deseaba apaciguar a Atenea y convencio a los lideres tesalios para que reimplantaran la costumbre. Cada dos primaveras, dos doncellas serian llevadas a traves del Heles-ponto y desembarcadas en la playa para que fueran por sus propios medios a Troya. Al menos, eso era lo que se deseaba.
– Aspasia y Selena fueron las primeras -preciso Antigona senalando a sus dos companeras-. Ninguna de las demas llego a Troya. Yo misma escribi a Filipo, pero el poco podia hacer; la costa occidental del Helesponto esta en manos de bandidos y forajidos. Dos doncellas se venderian a un precio muy elevado en los mercados de esclavos.
– ?Es una barbaridad! -exclamo Telamon.
– Habia ocurrido antes -explico Alejandro-. Este ano no fue diferente.
Telamon le echo una rapida mirada. ?Mentia Alejandro? Descubrio la mirada entre el rey y la sacerdotisa, una debil sonrisa de complicidad.
– La costumbre ha llegado a su fin -sentencio Alejandro dando un suspiro-. Ya no son necesarios nuevos sacrificios. Encontraron a esta pobre desgraciada vagando cerca de las ruinas de Troya.
Telamon examino la cabeza de la muchacha y metio los dedos entre la abundante cabellera. Toco chichones y la costra de una herida. Le habian maquillado cuidadosamente el rostro para ocultar los cortes y morados. Pidio que le acercaran una lampara.
– La hemos examinado -le informo Perdicles, que se acerco con los otros fisicos.
– Es idiota -ceceo Cleon.
– No hay nada que podamos hacer -declaro Nikias bondadosamente-, excepto devolverla a su familia.
Telamon, acuclillado junto a la muchacha, le sujeto la mano, que estaba fria y pegajosa. Apoyo la oreja contra su pecho y, despues de pedir silencio con un gesto, escucho los latidos del corazon.
– Puedo curarla -afirmo.
Leontes se echo a reir. Se acerco por detras de la muchacha y miro furioso a Telamon, como si este fuera el responsable de las heridas de la muchacha.
– ?Eres un milagrero, Telamon? ?Le untaras la piel con sebo de sapo y bailaras a su alrededor?
– ?A ti te hare comer el mismo sebo! -replico Telamon.
Alejandro casi se ahogo de la risa y se levanto.
– No hay nada peor que una caterva de fisicos que discuten una cura -se mofo.
– No sere yo quien discuta -contesto Telamon poniendose de pie con el rostro enrojecido de furia-. He visto antes estos trances. Son engendrados por un muy profundo terror.
El rey se disculpo con la mirada.
– ?Que recomiendas?
Telamon cogio suavemente la barbilla de la muchacha y le hizo volver la cabeza.
– ?Que es? -pregunto con dulzura-. ?De que tienes miedo?
– De la oscuridad.
A la muchacha le temblaba el labio inferior. Su voz era gutural. Telamon entendia su lengua. Durante su exilio, habia trabajado un tiempo en Tesalia.
– ?Que pasa con la oscuridad?
– Las Furias acechan en la oscuridad. Unos monstruos se enroscan como las serpientes en mi piel -confeso apoyando una mano en su cara-. Y los gritos. Eso y la sangre que mana. La garra de un monstruo se alarga para cogerme. Y el… -cerro los ojos y se sorbio los mocos-. El pozo, visiones horribles, los hedores.
Guardo silencio y miro la mesa, de nuevo ensimismada en sus pensamientos.
Telamon cogio la alforja que llevaba al hombro y desabrocho las hebillas. Busco entre los pequenos frascos cuidadosamente guardados en los bolsillos y entre las correas interiores. Saco uno y apreto la mano de la muchacha.
– Te hare dormir -dijo-. Te dormiras durante mucho, mucho tiempo.
– ?Para que servira? -pregunto Alejandro, curioso.
– Permitira que su cuerpo y su mente descansen. Librara su alma de los fantasmas. Algunas veces se despertara gritando, pero se volvera a dormir.
– Un remedio de mujer -murmuro Leontes.
– Ni mucho menos -replico Telamon quitando el tapon y oliendolo cuidadosamente-. En realidad, es un remedio de soldados. Mi senor -dijo a Alejando-, tu has conocido a soldados cuyas mentes se habian trastornado con el horror de la batalla.
– Lunaticos -afirmo el rey-. Incapaces para todo.
– Estan perdidos en el laberinto de sus terrores -explico Telamon-. Dan vueltas y mas vueltas en la inutil
