– Pero no sabes por que.

– Sencillamente, hace tiempo que no voy ahi arriba.

– Lyle, no es que yo sea exactamente un promotor de costumbres sociales mas bien reprimidillas. No tengo licoreras llenas de jerez que sirva en un carrito a mis invitados, que han aparcado sus Bentleys a la entrada. Pero te aseguro que no hay nada malo en almorzar en la Bolsa. Es bastante civilizado, y algo es algo.

– Es que esta dentro.

– Esta dentro, de acuerdo. Queda a mano, es rapido, es bueno, es agradable y es casi casi, que quieres que te diga, es casi elegante, joder, lo cual no es moco de pavo en los tiempos que corren. Asi que deja de portarte como un botarate. Hablas como un bobo.

– A mi no me jodas, Frank.

Pammy fue a cenar con Ethan y Jack. Fueron a un local del SoHo. Estaba emocionada. Cenar fuera, uau. En algun lugar impreciso de su conciencia en vigilia relucian destellos de anticipacion cada vez que Ethan y Jack entraban en una sala, o cuando cogia el telefono y era uno de los dos quien llamaba. La mayoria de las personas que poblaban su vida eran presencias desalentadas. Estaba deseosa de pasar un buen rato con los dos. Si Ethan dejase alguna vez su trabajo, ella se sumiria en el estupor y en el mutismo.

El restaurante estaba lleno de plantas colgantes. Llego una joven con el vino y les dijo que los platos que habian pedido aun tardarian un rato.

– Es que se ha declarado en el sotano un pequeno incendio, con bastante humo. El personal de cocina esta en plena discusion sobre si conviene o no mear encima para apagarlo. Yo me he negado, a menos que instalen un columpio. El lanzamiento a distancia no es lo mio. Mira, ahi esta Peter Hearn, el artista conceptual, con su perro, Alfalfa se llama. Nunca consigo descorchar la botella sin romperme por los peores sitios por los que se puede una romper, a menos que el sexo no te parezca un asunto importante. ?Te has fijado alguna vez como descorchan, poniendoselas entre los muslos? Yo lo siento mucho, pero me niego. Es degradante. Me inclino un poco, que ya es bastante grotesco. Todo lo que vaya mas alla esta fuera de toda discusion, olvidalo, tendras que irte con la musica a otra parte.

Empezaron a tomar vino. El humo se colaba en la sala, pero nadie se marchaba de momento. A nadie se le servia la cena. Todo el mundo parecia sentirse obligado a hacer chistes y a beber un poco mas deprisa que de costumbre. No seria posible permitir que evolucionara una situacion asi sin los comentarios comicos de rigor, sin un poso de histeria y sofisticacion. Los labios de Ethan fueron deslizandose hasta encajar en forma de sonrisa. Al otro extremo de la sala, una mujer tosio y agito un panuelo. Jack le llevo la botella vacia a la camarera, que volvio con otra que abrio el propio Jack. Pammy se pregunto si tendria manchas en la cara. Le pasaba a veces con el vino. El hombre que acompanaba a la mujer que tosia pidio otra ronda. Otro salio del sotano y comenzo a llevarse las plantas por la puerta de la calle. Llevaba insertada, bajo el labio inferior, una aguja de casi cinco centimetros de largo, un ornamento de alguna secta, que apuntaba hacia abajo en un angulo de entrada de unos cuarenta y cinco grados. Jack golpeo la mesa y aparto la mirada tratando de contener la risa. El hombre dejo las plantas en la acera y volvio a recoger mas. A Jack se le escapo el vino de la boca. La sala se iba llenando de humo. Habia ruido en la calle, luego hubo gruesos rayos de luz entrelazados. Aparecieron unos diez bomberos. Pammy se echo a reir como si masticara el aire, la cara resplandeciente, clara, radiantemente sana como piedra roseta. Los bomberos fueron de un lado a otro, chocando entre si. Ethan se ventilo otra copa. La sala parecia haber disminuido fisicamente con la entrada de los bomberos. Eran de tamano descomunal, con sus cascos y sus botas, sus pasos recios, y se movian como si llevasen esquies. Pammy no podia dejar de reirse. Los bomberos despejaron el lugar mas bien despacio. Todo el mundo tosia, con copas y botellas en las manos. Salieron en fila, decepcionados ante la ausencia de aplausos.

Era de noche. Habia unas doscientas personas en la calle, Jack se encaramo al pescante que habia en la trasera de uno de los camiones de bomberos. Se columpio de la barra vertical. El alborozo que se habian llevado a la calle se disolvio en cuestion de minutos. Ethan y Pam echaron a caminar por la calle, pero Jack no queria bajarse del camion de bomberos. Desde alli daba ordenes y emitia un ruido de sirena. Nadie le hacia ni caso. El hombre de la aguja bajo el labio salio con la ultima planta del local. Los bomberos arrastraron una manguera desde la boca de agua de la esquina. Ethan se planto mirando a Jack, con una distancia cada vez mayor en la mirada.

– Me pregunto que habra sido de la lluvia que anunciaron -dijo Pammy.

Jack por fin se reunio con ellos. Doblaron una esquina y pusieron rumbo al sur, hacia Canal Street y la posibilidad de coger alli un taxi. De pie ante los edificios de hierro forjado habia grandes cilindros de carton que contenian residuos industriales de las fabricas albergadas en los lofts de la zona. Jack cargo contra uno de ellos, dandole un empellon con el hombro y derribandolo. Siguieron despacio mientras el hacia eses de lado a lado, tropezando con los contenedores. Al pasar Grand Street salto por encima de un contenedor volcado y viro con precision, el antebrazo extendido, agachado, para abalanzarse contra un cubo metalico de basura. Pammy se fijo entonces en que Ethan no habia cambiado de paso, y tuvo que apretar el suyo para alcanzarlo. Jack estaba sentado en el bordillo y se sujetaba la rodilla. El cubo habia caido de costado y rodaba levemente para adelante y para atras, buena parte de su contenido todavia intacto, dentro, senal de su peso considerable. Para Pammy era en cierto modo de cajon. Jack parecia disponer siempre de reservas enormes de energia por despilfarrar. Para liarse a golpes con los cubos de basura. Lo vio ponerse en pie a duras penas. Aunque no habia ni rastro de un taxi disponible, Ethan se asomo al poco trafico de aquella hora con el brazo en alto.

– ?Esto lo hace a menudo?

– Los martes y los jueves -repuso Ethan-. El resto de la semana habla en lenguas desconocidas.

Lyle a veces llevaba encima, durante dias seguidos, trozos amarillos de papel de teletipo. Observaba los numeros y los simbolos de los activos, y veia en todo ello una artistica reduccion del mundo exterior a una mera produccion impresa, el modelo codificado de la exactitud segun la maquina. Un segundo de estudio, una simple mirada era todo lo que necesitaba para recuperar una impresion de realidad desconectada de la resonancia de sus sentidos. Se retinaba la agresividad, el instinto de posesion. Veia las fracciones, los decimales, los signos de adicion y sustraccion. Una representacion grafica del mecanismo competitivo del mundo, de los bordes dentados y engrasados de un engranaje, que no estaba a su alcance de ningun otro modo. El papel contenia impulsos nerviosos: un digito sinaptico, un fonema, un punto sin dimension en el plano. Era sabedor de que a la gente le gusta ver su propia saliva goteante en la trama vista del arte. En la hoja de papel que tenia en la mano no habia indicio de las vidas definidas en razon de los objetos que las rodean, hileras morbidas de inmortalidad. Solo veia cifras entintadas. Era una propiedad privada por derecho propio, escondida, su particular participacion (a un grado de distancia) en el cuerpo animal que resollaba en la noche.

Cuando Pammy llego a casa, el no estaba alli. Una decepcion. Ultimamente habia descubierto que el material nutritivo de su vida sexual era algo que aportaban los demas, al margen de quien estuviera presente en una fiesta o en cualquier otra reunion u ocasion social. Se pregunto si acaso se habria vuelto demasiado compleja para que en el fondo le importase que los otros fueran homo u heterosexuales. Que bien estaria, que bien, que el apareciera en ese momento. No tardo en ponerse a hacer lo que hacia siempre que se incomodaba con Lyle. Se puso a limpiar a fondo el apartamento. Primero frego el suelo de la cocina y luego el bano. Barrio la sala de estar y, cuando el suelo de la cocina estuvo seco, lavo rapidamente los platos. Era un ciclo intrincado de expiacion y de virtud, un retorno a la autodisciplina. Siempre que las cosas se torcian entre ambos, se lo tomaba como una vision previa de lo que podria ser, imaginandose sola, en un apartamento como los chorros del oro, acogedor, donde todo estuviera en su sitio, donde todo estuviera inmaculado, una sensacion de ferrea independencia claramente manifiesta en toda esa organizacion. En mitad de la noche, cuando ya era tarde para pasar el aspirador, se dio una ducha, se puso el pijama y se metio en la cama a leer, sintiendose a gusto consigo misma.

Llego Lyle.

– Tienes manchas en la cara -le dijo. -Te vas a llevar una.

– ?Que estas haciendo? ?Como es que aun estas despierta? Es increiblemente tarde. Ahi fuera al menos es tardisimo. Tendrias que verlo. Anda, ve a la ventana y compruebalo. No, mejor que no. Asi no te enteraras de nada. Quedate donde estas.

– Y ahora va y resulta que viene con ganas de hablar.

– Estuve en el centro. Estuve dando vueltas hasta ahora. Y que tal te ha ido, preguntara ella. Bien, pues para empezar te dire que por fin ha refrescado, soplaba una brisa del rio, no habia nadie por ninguna parte, algun que otro borracho al principio, pero luego nadie, un coche, otro, otro coche en busca del tunel. El distrito, por fuera, es como el final del tiempo organizado, pero solo por fuera, ojo. De noche es mas bien como si a alguien se le hubiera

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