corral, toda la rutina de los cojones. Lo hablamos despacio, ?no? Luego hacemos los planes con todos los detalles. Luego preparamos el almuerzo. Luego nos sentamos a almorzar, y hablamos del almuerzo.
– Oye, no me apetece que me hagas nada en el pelo si estas con ese humor de perros.
– Y luego, pues recogemos, tiramos los restos, fregamos, secamos los platos. Y entonces llega la hora de hablar de la cena, del desayuno, del almuerzo, de la siguiente comida. Rapido, hay que ir a los puestos de la carretera. Unas moras, naranjada, maiz, vamos, deprisa.
– No es que tengas un humor como muy vitalista. Percibo muy poco calor humano, Jack.
– Cuando oscurezca -dijo el-. Cuando todo este en calma.
– No me gusta que tengas las tijeras en la mano.
– ?Te puedes creer cuanto oscurece?
– Se llama noche, Jack. A eso lo llamamos noche.
– No me imaginaba que las cosas pudieran ser asi. Crei que al menos ibamos a nadar. ?A ti te parece que eso es agua?
– Esta fria, lo se.
– Yo habia pensado en nadar por las mananas. Habia pensado en que por fin nos veriamos Ubres de las playas atestadas de banistas. Pero con esta agua… ?como ibamos a suponerlo?
– Tampoco esta totalmente fuera de toda cuestion.
– Esto es un asco.
– Prueba suerte otra vez -dijo ella-. A lo mejor, no es mas que el
– Tienes unos pechos preciosos.
– Ahora mismo, un poco peludos.
– Unos pechos preciosos para ser chica.
– Yo sigo estando deseosa de saber que haremos para almorzar.
– En el supuesto de que el llegue a supervisarlo.
– A mi me parece que sabe remar muy bien.
– El supervisor -dijo Tack-. En el supuesto de que llegue el supervisor.
– Siempre que Ethan este dispuesto a alquilar una casa asi de bonita, en un paisaje tan maravilloso, etcetera, etcetera, por mi no habra ninguna pega en que sea el quien supervise lo que se le ponga en gana supervisar. -?Que es lo que ?leva en ese bote? Por su forma de remar, cuatro toneladas de hierro en lingotes.
– A mi me gusta mirarlo. Me gusta ver remar a la gente. Y montar en bicicleta. Es agradable de ver. Una vez estuvimos en Inglaterra, y en algun lugar cercano al Castillo de Windsor vimos a unos chicos remando en unas traineras, por equipos, y por la orilla los seguia el instructor pedaleando en su bicicleta, por un camino de sirga, dandoles instrucciones a gritos.
– Yo esto lo hago por antonomasia.
– Remar
– Esto es un drama
– Yo solo quiero un nuevo corte de pelo. -Ya lo tienes, prenda.
Ella siempre habia vivido en pisos. Aquella era una casa en el bosque, a la orilla de la bahia, una casa que se impregnaba de la climatologia reinante, de los cambios frecuentes de temperatura. Oia ruidos a lo largo de toda la noche. En el tejado y en la bodega vivian animalillos. Habia murcielagos en la chimenea, que no se usaba. En la cama, acurrucada bajo las mantas y el edredon, no distinguia entre el sonido del viento y la lluvia, entre murcielagos
Vieron a Ethan bajar del bote y arrastrarlo a la playa de guijarros, a salvo de la marea alta. Subio por los peldanos improvisados y por el sendero serpenteante, desapareciendo una o dos veces entre los arboles, para emerger cabizbajo. Pammy entro a buscar una camisa.
3
Lyle veia la television sentado muy cerca, con el mando en la mano. Rondaba la medianoche cuando recibio una llamada de J. Kinnear. Se imagino a Kinnear mirando por la ventana mientras le hablaba, mirando el patio oscurecido.
– ?Donde estaras el martes a las once y media de la noche?
– Esto empieza a ir deprisa.
– Si yo fuera un oficial del servicio de inteligencia que tuviera que someterte a un periodo de prueba previo al reclutamiento, sentiria la inclinacion de hacer las cosas muy despacio. Me sentiria inclinado, creo, a dejar que descubrieses tu mismo los limites de tu implicacion, pero a un ritmo mucho mas razonable.
– Hasta donde estoy dispuesto a ir.
– Exacto.
– MI potencial clandestino.
– Presentate en el juzgado de guardia, en Centre Sireet. Quizas quiera que conozcas a alguien.
– ?Alguna idea de como puedo localizar a Rosemary?
– Ni la mas remota -dijo J.
Dos dias mas tarde, despues de la hora del cierre, vio el Volkswagen verde doblar la esquina y entrar por Wall Street desde Broadway. Marina se detuvo y el subio al coche. Condujo hasta llegar a la casa de madera gris. Kinnear estaba sentado en el porche de atras, con las piernas cruzadas, escribiendo en un cuaderno. Desde el porche Lyle volvio la vista en busca de Marina, viendola a traves de una serie de umbrales, mientras ella pasaba la entrada del sotano, cerca de la entrada principal de la casa, al parecer conversando con alguien. Kinnear se acerco a Lyle y lo sujeto por el brazo a la vez que se estrechaban la mano y le lanzaba su rapido guino, un gesto que decia «confianza, solidaridad, decision». -Lyle con su ropa de trabajo. -Y su mejor corbata. -Ropa de trabajo a lo grande. -Se le olvidaron los Cheerios. El recuerdo titilo en los ojos de J. -Mmm… si, si, asi es, que desastre, los Cheerios. Me echo a perder dos desayunos seguidos.
J. regreso a su silla, arrastrando en la mano derecha la sensacion del reciente apreton de manos, y Lyle se sento en las escaleras del porche. -?Que tal estas?
– Creemos que se han infiltrado entre nosotros. En consecuencia, se esta distribuyendo cierta desinformacion. A veces las cosas se complican. -?Desinformacion? ?Y eso que es? -Un termino que emplean los servicios de inteligencia. El sentido esta suficientemente claro, ?no? -Informacion verosimil, pero erronea. -Y bien -dijo Kinnear-, hay un ligero sabor a meados de gato en el aire. Ambiguedad, confusion, desinformacion. ?Y ahora, que?
– ?Tu encabezas este grupo, o lo que sea?
– Ni lo confirmo ni lo niego. Si y no. Pero no me atribuyas esas palabras. Soy un poco jesuita, Lyle. Los jesuitas saben como hacerse a codazos con el mejor sitio. Nunca se despiden pegandote un tiro.
– No se te informo del primer intento.
– Si, bueno, claro, la intervencion de los hermani-tos nos ha caido encima con una medida considerable del celo y las pretensiones de superioridad moral que se suelen dar en estos casos. Pero no pasa nada, eso en el fondo esta perfectamente bien. No tenemos un folleto, no publicamos un informe anual de nuestras actividades. En cualquier caso, se supone que no tenias que saber lo de la infiltracion. Pero quiero contar con toda tu confianza, Lyle. Con toda franqueza, hasta es muy posible que la necesite. Llevo ya bastantes anos viviendo no ya bajo el puente, sino en las rendijas mismas de la acera, y asi uno termina por confiarse por entero incluso a un desconocido, o se desvive por ganarse su confianza, esa es una de las cosas que pasan. Uno alberga sentimientos complejos hacia su propia gente. Cuando alguien entra en la celula, joder, es que ni siquiera te imaginas con que rapidez tiende uno a olvidar toda esa solidaridad de clan que lleva anos construyendo con todo mimo. Se da por sentado que ese alguien,
