con un elemento estabilizador en el medio. Vengarse, en cierto modo, era sencillamente igualar, buscar un equilibrio requerido de antemano. Entranaba algo de prevision, precision en la escala. Lyle la vio acercar una cerilla encendida al cigarrillo medio doblado. Nunca se habia sentido tan inteligente con anterioridad. Su implicacion empezaba a suscitar una respuesta agudizada. No tenian una organizacion, un liderazgo visible. No obedecian a un plan visible. Llegaban de ninguna parte, podrian largarse manana mismo. Lyle creia que eran esas corrientes libres de toda forma y constriccion lo que le resultaba mentalmente tan estimulante. No daban indicio de pertenencia, de ser miembros de nada. En realidad, tampoco tenian una nacionalidad.
Aparco cerca de la estacion.
– ?Que te ha dicho J.?
– Que ha habido una infiltracion.
– Eso creemos.
– Si, dijo que era una sensacion.
– ?Tu sabes de que color tiene el pelo?
– Me encanta.
– Es uno de esos pelos que cambian gradualmente de color, un poco cada dia. Hasta que te enteras.
– Se lo tine segun se peina.
– Antes era orientador -dijo ella-. ?Sabes algo de eso?
– Nada.
– Era orientador en un grupo en las montanas, no se muy bien donde, por el oeste. Sesiones de grupo.
– Encuentro.
– Encuentro -dijo ella-. Eso era, exacto. El dirigia las sesiones. Alli todos encontraban a Dios, etcetera.
– Es alli donde vive El, ?sabes?, en las montanas.
– ?Que mas puedes aportar?
– Nada -dijo el.
– ?Nada, siquiera sobre un secuestro? ?Sobre su implicacion con un grupo de Nueva Orleans?
– No.
– Pero el te comento lo que habiamos hablado.
– La desinformacion.
– Si recibes una llamada telefonica y oyes mi voz, y notas que farfullo y tartamudeo, y te digo que creo que me he equivocado de numero, y si entonces te digo el numero que queria marcar, anotalo y memoriza la primera, tercera, cuarta, quinta y septima cifra. Las volveras a oir a su debido tiempo.
– Primera, tercera, cuarta, quinta y septima.
– El resto es pan comido -dijo ella.
Mas tarde fue a Centre Street. En el juzgado de guardia habia policias de uniforme y de paisano, que ocupaban las primeras filas de la sala, y unos sesenta familiares, amigos o conocidos del acusado y de las victimas, repartidos por todas partes. No habia un juez en esos momentos. Lyle contemplo a una asesora legal, una joven con una sudadera en cuyo frente aparecia el nombre de J. Edgar Hoover. Hablaba con las personas sentadas por toda la sala, con otras apinadas en los pasillos, abogados kafkianos, carroneros. Entro un juez y cada cual adopto la actitud que mas le conviniera. A medida que se daba audiencia a cada caso, mediaba una sensacion general de hombres y mujeres esforzandose por entender lo que se ventilaba, que tuerzas eran exactamente las causantes de esa crueldad, de esa ruina. Un policia se volvio en su asiento bostezando. Pasaba con mucho de la hora fijada por Kinnear. Lyle miro a la mujer, que departia con tres negros en una de las esquinas mas alejadas de la sala. Tendrian veintipocos anos, uno de ellos ocupaba una silla de ruedas. Lyle aguardo aun media hora, las voces a su alrededor resonaban como si las generase una maquina, jui regulador de destinos truncados.
Ya en casa se bebio dos vasos de agua con hielo. Se puso a llamar a McKechnie a pesar de la hora que era, y solo entonces recordo que la mujer de Frank estaba enferma, que su hijo mayor se comportaba de una manera extrana, que tenia problemas, problemas. Cerro todas la ventanas y encendio el aparato de aire acondicionado y el televisor del dormitorio. Todas las luces estaban apagadas. Fumo, vio un documental sobre el soplado de vidrio, con musica desenfadada. Intento imaginar que estaria haciendo Kinnear en esos precisos momentos, que haria al dia siguiente, a quien llamaria, adonde iria, como llegaria alli. Costaba trabajo hacer encajar a Kinnear en un contexto imaginario. Lyle no lograba recolocarlo, inventar el tipo de individuos que pudieran acompanarlo, ni siquiera precisar su verdadero color de pelo.
Ocupaba un espacio que se plegaba sobre si mismo, un especial nivel de conclusion. Mas alla de lo que Lyle habia visto y oido, Kinnear se evadia a todo patron de existencia.
Lyle cambio de canal, una pelicula sobre un hombre sospechoso de malversacion de fondos. La esposa del hombre, un personaje secundario, llevaba blusas con escote generoso. Tenia los labios pintados de un tono intenso, sacaba los cigarrillos de una pitillera de plata y los golpeaba contra la tapa, totalmente aburrida por el delito de su esposo. Ese punto sexy y pasado de moda a Lyle le parecia atractivo. Siguio viendo la pelicula, a la espera de los momentos en que apareciera la mujer con sus blusas escotadas. Cuando termino la pelicula comenzo a cambiar de canal a cada diez o quince segundos, bebiendose un whisky a la vez. A las tres de la manana llamo a Pammy a la Isla del Ciervo.
– Ethan, soy Lyle.
– Dios del cielo, tio.
– No me digas que te he despertado. No te he podido despertar.
– No, que va, estaba leyendo.
– Te llamo desde Nueva York.
– Junto a la chimenea -dijo-. Fingia leer junto a la chimenea.
– Reina en la ciudad una situacion de panico incipiente. Invasion de extranos seres. Mientras te hablo hay objetos voladores en el aire.
– No sabes que poca gracia tiene todo eso.
– La verdad es que creo que si.
– Jack dice que esta noche vio un ovni. Como es natural, nos mostramos un tanto escepticos. Jack esta molesto. Nadie se lo ha creido.
– Sera que no se termino las verduras.
– Se ha acostado sin su pinguino de Calder.
– ?Ella esta despierta?
– Voy a buscarla -dijo Ethan.
Lyle se volvio a mirar el televisor.
– Asi que eras tu -dijo ella-. Te encanta despertar a la gente. ?Como estas?
– ?Te lo pasas bien?
– Este sitio es magnifico. Claro esta que, debo decirtelo… es que el esta a metro y medio. Pero es magnifico, asi de simple. De noche refresca un poco bastante, diria yo. Si, un tanto fresquito. Casi como que me estoy muriendo de frio. Pero nos las apanamos. ?Tu que tal?
– La ciudad vive una situacion de panico incipiente.
– No me lo cuentes.
– Bueno, ?y como es eso? ?Arboles?
– Hoy hemos ido a un sitio que era una pasada. Hacian telas, con telares quiero decir, y edredones, y ceramica. Todo lo que te puedas imaginar, ?sabes? Yo hago como que me gusta, es que el sigue a menos de metro y medio. No, en serio, ?has visto alguna vez como soplan el vidrio?
– No, cuentame.
– Vale. Es un poco aburrido. No, no lo es. Le tomo el pelo a Ethan. Oye, voy a despertar a Jack. Si es que aun esta ahi. Y asi hablas con el. A lo mejor ya se lo han llevado en una pequena capsula verde.
– Te escucho.
– Haremos todo un acontecimiento. Voy a por Jack.
Aun charlaron un rato mas. Ella no fue a buscar a Jack. Cuando colgo, el se quedo viendo la television. Paso el tiempo y cada vez le resultaba mas dificil apagar el televisor. Sabia que una depresion inmensa se apoderaria de el entre el instante en que lo apagase y el momento en que por fin se quedara dormido. Tendria que volver a asumir demasiadas cosas. Por eso se le hacia tan dificil apagar el aparato. No podria dormirse de inmediato. Quedaria un
