comer mermelada envenenada o acabar atravesada por una aguja propulsada por una goma; puede incluso desencadenar una serie de acciones que acabarian con ella encerrada en una camara sellada en donde se introduce dioxido de carbono de una bombona de sifon, pero si le da por elegir el agua caliente o el canon del rifle en la trampa llamada Vuelta de Tuerca del Destino, entonces me toca participar directamente en su muerte. Y si elige el Lago Ardiente, entonces soy yo quien tengo que apretar la palanquita que provoca la chispa que hara arder la gasolina.

La muerte por fuego siempre ha estado en las Doce, y es uno de los Finales que nunca se reemplazan por una de las Alternativas. El final por Fuego significa para mi la muerte de Paul; aquello ocurrio cerca del mediodia, igual que la muerte de Blyth por veneno esta representada por el Salon de la Serpiente en las Cuatro. Esmerelda murio probablemente ahogada (servicio de Caballeros), y he situado la hora de su muerte arbitrariamente a las Ocho, para mantener una cierta simetria.

Contemple como la avispa salia del frasco, bajo la fotografia de Eric que habia colocado boca abajo sobre el cristal. El insecto no perdio el tiempo; en un segundo ya estaba avanzando por la esfera de la Fabrica. Trepo por el nombre del fabricante, en donde se especificaba el ano en que nacio el reloj, paso junto a las velas de avispas ignorandolas por completo, y se fue casi directamente en direccion al enorme XII, pasando por encima y atravesando la puerta opuesta, que se cerro silenciosamente tras ella. Avanzo rapidamente por el corredor pasando a traves del tunel fabricado con una lata de langosta, el cual le impedia retroceder y, a continuacion, entro en el tunel de acero pulido por el que se deslizo resbalando hasta la camara cubierta de cristal donde moriria.

Entonces me recoste en mi asiento suspirando. Me pase una mano por el pelo y volvi a reclinarme hacia delante para observar el lugar donde habia caido la avispa mientras ella iba trepando por un renegrido e irisado cuenco de alambres de acero que me habian vendido corno colador de te pero que ahora colgaba sobre un cuenco de gasolina. Sonrei de lastima. La camara estaba bien ventilada con numerosos agujeros en la parte superior e inferior del tubo de cristal, de manera que la avispa no se ahogara con los efluvios de la gasolina; cuando la Fabrica estaba a punto, siempre se podia percibir un leve olor de gasolina en el desvan. Ahora podia oler la gasolina mientras observaba a la avispa, y hasta pudiera ser que hubiera en el aire un leve rastro de pintura fresca, aunque no estaba seguro. Me encogi de hombros y presione a fondo el boton de la camara haciendo que un perno se deslizara por su guia hecha de palo de tienda de campana y entrara en contacto con la rueda de la piedra y con el mecanismo de apertura de gas del encendedor desechable suspendido sobre el cuenco de gasolina.

Ni siquiera se necesitaron varios intentos para que prendiera; funciono a la primera y las llamas, que, aunque debiles, relumbraban brillantemente en la temprana penumbra de aquel desvan iluminado con la luz de la manana, se encrespaban y abrazaban la malla abierta del colador. Las llamas no la atravesaron pero el calor si lo hizo y la avispa se lanzo a volar, zumbando desesperadamente por encima de las llamas para acabar chocando contra el cristal, volviendo a caer, golpeandose con el lateral del colador, paseandose por el borde, a punto de caer a las llamas, y volviendo a levantar el vuelo, chocando varias veces con el tubo de metal del tobogan y volviendo a caer en la trampa de la malla metalica. Dio un ultimo salto en el aire, volo desesperada unos segundos, pero debia de tener las alas chamuscadas porque su vuelo resulto bastante irregular y pronto acabo cayendo en el cuenco de malla metalica, en donde murio despues de forcejear, retorcerse, quedarse inmovil y humear levemente.

Me quede sentado observando como el renegrido insecto se asaba y chisporroteaba, contemplando las calmadas llamas que se elevaban hasta la malla metalica y aleteaban a su alrededor como una mano, observando el reflejo de las llamas saltarinas en el extremo del tubo de cristal y, finalmente, me acerque y desabroche la base del cilindro, deslice el cuenco de gasolina apoyado sobre una cubierta de metal y apague el fuego. Desarme la parte superior de la camara y con unas pinzas extraje el cadaver. Lo coloque en una caja de cerillas y lo deposite en el altar.

La Fabrica no siempre entrega sus muertos; el acido y las hormigas no dejan nada, y la trampa de moscas de Venus y la arana dejan unicamente un cascara hueca, si es que dejan algo. Pero esta vez, sin embargo, volvia a tener un cadaver calcinado; tenia que volver a deshacerme de unos restos. Me puse la cabeza entre las manos balanceandome adelante y atras en mi pequena banqueta. La Fabrica me rodeaba, el altar estaba detras de mi. Le eche un vistazo a la parafernalia de lugares posibles de la Fabrica, a sus multiples caminos hacia la muerte, a sus tuneles y corredores y camaras, a sus luces al final de los tuneles, a sus tanques y contenedores y tolvas, a sus disparadores, sus pilas y sus hilos, sus puntales y soportes, a sus tubos y cables. Aprete varios interruptores y unas helices comenzaron a zumbar por aquellos corredores conectados entre si enviando el aire que succionaban por unos respiraderos, donde habia untado un poco de mermelada, en direccion a la esfera. Estuve escuchandolos un rato hasta que llego hasta mi el olor a mermelada, pero su funcion consistia en atraer a su final a las avispas lentas o reticentes, no a mi. Apague el motor.

Empece a apagarlo todo; a desconectar, vaciar y alimentar. La manana se iba imponiendo en el espacio mas alla de las claraboyas y se oyeron un par de pajaros madrugadores en el aire fresco del dia. Cuando di por concluido el apagado ritual de la Fabrica me acerque al altar y repase con la vista todos sus componentes, la variedad de peanas en miniatura y pequenos recipientes de cristal, los recuerdos de mi vida, las cosas que en otro tiempo encontre y guarde. Fotografias de todos mis parientes muertos, los que yo mate y los que simplemente se murieron. Fotografias de los vivos: Eric, mi padre, mi madre. Fotografias de cosas; una BSA 500 (desgraciadamente no era una foto de la moto; creo que mi padre se encargo de destruir todas las fotos en las que aparecia), la casa, cuando todavia estaba reluciente con sus torbellinos de pintura, y hasta una fotografia del mismo altar.

Pase la caja de cerillas que contenia la avispa muerta por encima del altar, la agite en el aire frente a el, delante del frasco de arena de la playa que hay junto a la casa, de los frascos con los preciados fluidos, de unas virutas sacadas del baston de mi padre, de otra caja de cerillas que contiene un par de dientes de leche de Eric envueltos en algodon, de un frasquito con unos cabellos de mi padre, de otro frasquito lleno de oxido y pintura rascados del puente que nos une a tierra firme. Encendi las velas de avispas, cerre los ojos, mantuve la caja de cerillas-ataud frente a mi para poder sentir la avispa desde el interior de mi cabeza; era un escozor, una sensacion de cosquilleo que provenia del interior de mi craneo. Cuando termine apague las velas, cubri el altar, me levante, me sacudi los pantalones de pana, recogi la fotografia de Eric que habia colocado sobre el cristal de la Fabrica y envolvi con ella el ataud, la sujete con una goma elastica y me meti el paquete en el bolsillo de la chaqueta.

Me fui caminando lentamente por la playa hacia el Bunker, con las manos en los bolsillos y la cabeza baja, observando la arena y mis pies, pero sin prestarles atencion. Lo que veia era fuego por todas partes. La Fabrica lo habia mencionado en dos ocasiones, yo recurri instintivamente a el cuando fui atacado por el conejo macho y ahora lo tenia metido en la cabeza. Eric tambien habia contribuido a que cada dia lo presintiera mas cercano.

Alce el rostro hacia el aire frio y los azules y rosas pastel del cielo recien abierto sintiendo la brisa humeda, oyendo el siseo de la lejana marea de bajamar. Se oyo el balido de una oveja.

Tenia que probar al Viejo Saul, tenia que intentar como fuera contactar con mi demente y loco hermano antes de todos aquellos fuegos se conjuraran y eliminaran a Eric, o acabaran con mi vida en la isla. Intente convencerme a mi mismo de que no se trataba de algo preocupante, pero sentia en mis entranas que si lo era; la Fabrica no miente, y por una vez habia sido excepcionalmente especifica. Estaba preocupado.

Una vez en el Bunker y una vez hube colocado el ataud frente a la calavera del Viejo Saul, con aquella luz que salia por los orbitas oculares en donde en otro tiempo estuvieron sus ojos, me arrodille en la incitante oscuridad frente al altar con la cabeza inclinada. Pense en Eric; lo recorde tal como era antes de su desgraciada experiencia, cuando, a pesar de haber pasado tiempo fuera de la isla, formaba parte inseparable de ella. Lo recorde como el muchacho inteligente, amable y nervioso que habia sido, y pense en lo que se habia convertido: una fuerza flamigera y perturbadora que se aproximaba por las arenas de la isla como un angel demente que agitara la cabeza con gritos fragorosos de locura y delirio.

Me incline hacia delante y, cerrando los ojos, puse la palma de mi mano derecha sobre el craneo del viejo perro. La vela estaba recien encendida y el hueso solo estaba templado. Alguna parte cinica y desagradable de mi cerebro me decia que, en aquella posicion, me parecia al mister Spok de Star Trek derritiendo una mente o algo asi, pero yo lo ignore; no habia que distraerse. Inspire profundamente y pense aun mas profundamente. El rostro

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