de Eric se aparecio borroso ante mis ojos, todo pecas, pelo rubio y sonrisa. Un rostro joven, delgado, inteligente y joven, tal como lo veia cuando intentaba pensar en el cuando era feliz, durante nuestros felices veranos en la isla.
Me concentre, aprete mis entranas y contuve la respiracion como cuando intentaba forzar una cagada cuando estaba estrenido; la sangre me subio a la orejas. Con el indice y el pulgar de la otra mano presione mis parpados cerrados contra mi propio craneo mientras la otra mano seguia calentandose sobre el Viejo Saul. Vi luces, formas caprichosas como ondas desplegandose en el agua o enormes huellas dactilares en espiral.
Senti que se me contraia el estomago involuntariamente y que una ola de algo parecido a una emocion llameante surgia de el. Eran tan solo acidos y glandulas, ya lo sabia, pero senti que me transportaba de un craneo a otro. ?Eric! ?Estaba comunicandome! Podia sentirlo; sentir los pies doloridos, las plantas llagadas, las piernas tambaleantes, las manos pegajosas de sudor seco, el cuero cabelludo sin lavar, escociendo; podia olerlo como a mi mismo, ver a traves de aquellos ojos que apenas podian cerrarse y que ardian en su craneo, crudos e inyectados en sangre, parpadeando secos. Podia sentir los restos de una horrible comida que yacia muerta en mi estomago, podia sentir el sabor de carne, huesos y pelos quemados en mi lengua; ?Estaba alli! Estaba…
Una llamarada de fuego me flagelo. Me vi lanzado por el aire, despedido desde el altar como una pieza de suave metralla y rebotado en el suelo de cemento cubierto de tierra hasta dar con la pared opuesta del Bunker, con la cabeza retumbando y la mano derecha dolorida. Me cai de lado y me enrosque en mi mismo.
Me quede alli tendido respirando hondo un momento, abrazandome los costados y moviendome levemente, rascandome la cabeza con el suelo del Bunker. Sentia corno si mi mano derecha fuera del tamano y color de un guante de boxeo. Cada leve latido de mi corazon bombeaba dolor por mi brazo. Me puse a canturrear quedamente y poco a poco fui incorporandome hasta quedarme sentado, frotandome los ojos y sin dejar de menearme suavemente, acercando las rodillas a la cabeza, recostandome sobre la espalda. Trate de recomponer mi maltratado ego.
Al otro extremo del Bunker, una vez pude volver a enfocar la vista borrosa, pude ver que la calavera seguia resplandeciente, la llama seguia viva. Le eche una mirada furiosa, levante la mano derecha y comence a lamermela. Mire a mi alrededor para ver si mi vuelo de un lado a otro de la habitacion habia danado algo pero me parecio que todo seguia en su sitio; el unico afectado era yo. Exhale un suspiro tremulo y me relaje dejando la cabeza apoyada contra la pared que tenia detras.
Al rato me eche hacia delante y coloque la palma de la mano, aun palpitante, sobre el suelo del Bunker para dejar que se enfriara. La mantuve asi un buen rato y despues la levante y me sacudi la tierra que se me habia pegado, entornando los ojos para forzar la vista en busca de alguna herida visible, pero la luz era muy escasa. Lentamente me puse en pie y me dirigi al altar. Encendi las velas con manos temblorosas, coloque la avispa con el resto de las cosas en la estanteria de plastico a la izquierda del altar y queme su ataud provisional en el platillo de metal que habia frente al Viejo Saul. La fotografia de Eric se prendio en llamas y su rostro aninado se desvanecio en el fuego. Sople por uno de los ojos del Viejo Saul y apague la vela.
Me quede quieto un instante tratando de ordenar mis pensamientos y despues me dirigi a la puerta de metal del Bunker y la abri. La sedosa luz de la manana cubierta de nubes brillantes inundo todo y me hizo encoger el rostro. Me di la vuelta, apague las otras velas y le eche otro vistazo a mi mano. La palma estaba enrojecida e inflamada. La volvi a lamer.
Casi lo habia conseguido. Estaba seguro de que habia tenido a Eric a mi alcance, que habia conseguido tener su mente bajo mi mano y que habia formado parte de el, que habia visto el mundo a traves de sus ojos, que habia oido el palpito de la sangre en su cabeza, que habia sentido la tierra bajo sus pies, que habia olido su cuerpo y habia probado su ultima comida. Pero Eric habia resultado demasiado para mi. El incendio que ardia en su cabeza era demasiado intenso como para que alguien que estuviera cuerdo pudiera resistirlo. Tenia esa potencia lunatica tan fiel a si misma que solo pueden resistir de manera constante los dementes profundos, y que puede ser emulada momentaneamente por los mas feroces soldados o los mas agresivos deportistas. Todas las particulas del cerebro de Eric estaban concentradas en su mision de volver y prender fuego, y no hay cerebro normal, ni siquiera el mio, que estaba lejos de ser normal y era mas potente que la mayoria, que pueda igualar tal despliegue de fuerzas. Eric estaba entregado a una Guerra Total, a una Jihad; cabalgaba sobre el Viento Divino, por lo menos hacia su propia destruccion, y no habia nada que yo pudiera evitar con aquellos medios.
Cerre el Bunker y me volvi por la playa hacia la casa, de nuevo con la cabeza baja y hasta mas meditabundo y preocupado de lo que estaba en mi camino de ida.
Me pase el resto del dia metido en la casa, leyendo libros y revistas, viendo television y pensando todo el tiempo. No podia hacer nada por Eric desde dentro, asi que tenia que cambiar el sentido de mi ataque. Mi mitologia personal, sustentada por la Fabrica, era lo suficientemente flexible como para aceptar aquel fracaso que acababa de experimentar y utilizar aquella derrota como una via para alcanzar la solucion real. Mis pelotones de reconocimiento se habian chamuscado los dedos, pero me quedaban otros recursos. Acabaria venciendo, pero no lo conseguiria aplicando directamente mis poderes. Desde luego no mediante la aplicacion directa de cualquier otro poder, sino empleando la inteligencia con imaginacion, que siempre acaba siendo la base firme para cualquier empresa. Si no podia estar a la altura del reto que representaba Eric, entonces mereceria acabar destruido.
Mi padre seguia pintando, trasladandose de un lado a otro con la escalera hasta las ventanas, con la lata de pintura y la brocha apretada entre los dientes. Le ofreci mi ayuda, pero insistio en hacerlo el mismo. Yo habia empleado la escalera en otras ocasiones para intentar llegar hasta el despacho de mi padre, pero tenia pestillos especiales en las ventanas, y hasta mantenia las persianas bajadas y las cortinas corridas. Estaba encantado de ver lo dificil que le resultaba subir y bajar por las escaleras. Nunca podria llegar al desvan. Pense que tenia suerte de que la casa tuviera la altura que tenia, porque si no mi padre podria haber trepado por la escalera de mano hasta el tejado y podria haber echado un vistazo por las claraboyas hacia el interior del desvan. Pero ninguno de los dos teniamos nada que temer. Nuestras respectivas ciudadelas estaban seguras por el momento.
Por una vez mi padre me dejo hacer la cena y yo prepare unos vegetales con curry, que ambos encontramos aceptables, mientras veiamos un programa de geologia de la Universidad Abierta en el televisor portatil que yo habia trasladado a la cocina para la ocasion. Decidi que cuando terminara con el asunto de Eric tenia que reiniciar la campana para convencer a mi padre de que comprara un aparato de video. Era muy facil perderse buenos programas en los dias soleados.
Despues de la comida mi padre se fue al pueblo. Era algo fuera de lo comun pero no le pregunte a donde iba. Aquel dia parecia cansado tras pasarse tantas horas subiendo y bajando escaleras, pero se fue a su habitacion, se cambio de ropa y aparecio cojeando en el salon para despedirse de mi.
—Voy a salir —dijo. Echo un vistazo al salon como si buscara alguna prueba de que ya habia comenzado yo a tramar alguna travesura antes de que el se fuera. Yo segui mirando la tele y asenti con la cabeza sin mirarlo.
—Me parece muy bien —respondi yo.
—No llegare tarde. No hace falta que cierres.
—Muy bien.
—?No te importa?
—Desde luego que no. —Le mire, cruce los brazos y me arrellane aun mas en el viejo sillon. El dio un paso atras y se quedo con los pies en el recibidor y el cuerpo metido en el salon, sostenido unicamente por la mano en el picaporte que le impedia caerse. Volvio a asentir con la cabeza, y el sombrero que llevaba puesto se le hundio aun mas.
—De acuerdo. Te vere luego. Espero que te portes bien.
Yo sonrei y volvi la vista a la pantalla.
—Si, papa. Hasta luego.
—Humm —dijo y, tras echar un ultimo vistazo al salon, como si quisiera asegurarse de que no habia desaparecido la plata, cerro la puerta y se oyeron sus pasos por el recibidor hasta la puerta principal. Observe como ascendia por el sendero, me quede un rato sentado y despues fui a probar la puerta del despacho que, como de costumbre, estaba tan hermeticamente cerrada que parecia que formara parte de la pared.
Me quede dormido. La luz de fuera se iba desvaneciendo, en la tele ponian una horrible serie americana de
