Al cabo de un rato me puse mi gorra verde para protegerme los ojos de la intensa luz resplandeciente. Di la vuelta en el sendero, a la altura de la isla y la casa. Segui mi camino, parandome de vez en cuando para observar con los prismaticos. Se veian pasar coches y camiones entre las hojas de los arboles, aproximadamente a una milla de la carretera. Un helicoptero paso por encima, probablemente en direccion a uno de los pozos de petroleo o a un oleoducto.

Llegue al vertedero poco despues del mediodia tras pasar una pequena arboleda. Me sente a la sombra de un arbol e inspeccione el vertedero con los prismaticos. Habia algunas gaviotas, pero no habia gente. Una pequena humareda se elevaba desde el centro, y a su alrededor se esparcian los desechos del pueblo y de los alrededores: cartones y bolsas de plastico negro junto al resplandeciente blanco desbaratado de viejas lavadoras, cocinas y neveras. Los papeles alzaban el vuelo por si mismos y se elevaban en circulos durante uno o dos minutos, iniciando un pequeno torbellino que al poco volvia a apagarse.

Fui abriendome paso por el vertedero, inspirando su aroma a podrido, ligeramente dulce. Iba apartando con mis pies calzados en botas algunos desechos o le daba la vuelta a cosas que parecian interesantes, pero no encontre nada que mereciera la pena. Una de las cosas que me llego a gustar con los anos de aquel vertedero era que nunca era el mismo; se desplazaba como algo inmenso y vivo, desparramandose como una enorme ameba mientras iba absorbiendo la tierra saludable y los desechos colectivos. Pero aquel dia parecia cansado y aburrido. Me senti impaciente y hastiado frente a el, casi enfadado. Lance un par de latas de aerosol al debil fuego que ardia en el medio, pero ni siquiera aquellas latas, que explotaron debilmente entre las apagadas llamas, me proporcionaron mucha diversion. Abandone el vertedero y me dirigi hacia el sur.

Cerca de un arroyo, a un kilometro del vertedero, habia un gran chalet, una casa de vacaciones que daba al mar. Estaba cerrada y abandonada, y no habia ni una reciente vereda de pisadas desde el accidentado camino que pasaba por alli y seguia hasta la playa. Fue en aquel camino donde Willie, uno de los otros amigos de Jamie, habia llevado su viejo Mini para llegar junto a la playa y hacer carreras y derrapar.

Mire por las ventanas y vi las habitaciones vacias, los viejos muebles tan dispares ocultos entre sombras, polvorientos y abandonados. Habia una vieja revista sobre una mesa con la esquina amarilleada por el sol. Me sente bajo la sombra del aguilon de la casa y acabe mi racion de agua de la cantimplora, me quite la gorra y me seque el sudor de la frente con un panuelo. Se podian oir en la distancia las apagadas explosiones del campo de tiro que hay mas abajo en la costa, y en cierto momento paso un reactor rugiendo sobre el mar en calma, en direccion al suroeste.

A partir de la casa comenzaba una cadena de montes coronados de retamas y de arboles torcidos por el viento. Desplace los prismaticos hacia alli apartando las moscas que me rodeaban, con un leve dolor de cabeza y la boca seca a pesar del agua tibia que acababa de beber. Cuando baje los prismaticos y volvi a ponerme las Polaroid fue cuando oi aquello.

Algo aullaba. Algun animal —oh Dios, ojala que aquel sonido no saliera de un ser humano— chillaba atormentado. Era un gemido lleno de angustia, un tono que solo podia producirlo un animal in extremis, el sonido que esperas que ningun ser vivo se vea jamas obligado a emitir.

Me sente empapado en sudor, requemado y dolorido por aquel sol de justicia; pero me estremeci. Un escalofrio me convulsiono el cuerpo en una oleada como la de un perro que se sacude para secarse, de un extremo al otro. El vello de la nuca, suelto a pesar del sudor, se me erizo. Me levante rapidamente, apoyandome con las manos en la madera tibia de la pared de la casa, con los prismaticos rebotandome en el pecho. El chillido provenia de los montes. Me levante las Polaroid, dejandomelas sobre la cabeza, y volvi a mirar por los prismaticos, golpeandomelos contra el hueso por encima de los ojos mientras luchaba por regular la rueda para enfocar. Me temblaban las manos.

Un bulto negro surgio de los matorrales dejando una estela de humo. Salio corriendo colina abajo, por la maleza amarillenta, y se metio bajo un cercado. El temblor de las manos me distorsionaba la vista mientras trataba de seguir la escena con los prismaticos. El intenso quejido se expandia por el aire, agudo y terrorifico. Perdi de vista aquella forma tras unos arbustos y poco despues volvi a verla, ardiendo mientras corria y saltaba sobre el pasto y los canaverales, dejando una estela tras de si. La boca se me seco completamente; no podia tragar, me ahogaba, pero localice de nuevo al animal, que ahora iba zigzagueando y dando vueltas, aullando desesperadamente, saltando en el aire, cayendo y volviendo a saltar como si rebotara. Despues desaparecio, a unos cientos de metros de donde yo estaba y a la misma distancia de la cima del monte.

Volvi a llevarme rapidamente los prismaticos a los ojos para escudrinar los montes, recorriendolos de lado a lado, de arriba abajo, y de nuevo de un extremo al otro, deteniendome a proposito en una retama, descartandola con un movimiento de la cabeza, y volviendo a recorrer los montes desde el principio. A cierta parte irrelevante de mi cerebro le dio por preguntarse por que en las peliculas, cuando la gente mira por los prismaticos y se divisa lo que se supone que estan mirando, siempre se ve una especie de ocho apaisado, pero en cambio, cuando yo miro por unos prismaticos, lo que veo es un circulo perfecto. Volvi a bajar los prismaticos, eche un vistazo rapido alrededor, no vi a nadie, sali corriendo de la sombra de la casa, salte la valla de alambre que rodeaba el jardin, y corri hacia los montes.

Al llegar a la cima del monte me pare un momento y baje la cabeza hasta las rodillas para recobrar el aliento, dejando que el sudor se escurriera de mi pelo y goteara sobre la hierba reluciente. Tenia la camiseta pegada al cuerpo. Me apoye con las manos en las rodillas y levante la cabeza, forzando los ojos para observar la linea de matorrales y arboles en lo alto del monte. Mire hacia abajo, por donde se extendian los campos mas alla de la siguiente linea de matorrales que marcaban el corte por donde pasaba la linea ferrea. Avance a paso ligero, siguiendo la cima de los montes, barriendo con la mirada los alrededores, de un lado a otro, hasta que encontre una pequena franja de hierba ardiendo. Apague el fuego a pisotones, busque huellas y las encontre. Corri mas deprisa, a pesar de las protestas de mis pulmones y mi garganta, volvi a encontrar mas hierba ardiendo y unas retamas que estaban prendiendose. Las apague a patadas y continue.

En el fondo de una hondonada, en la falda de los montes, habian crecido unos arboles casi normalmente, y solo sus copas sobresalian del abrigo de la cresta de montes y se doblaban torcidas por el viento. Corri hacia la hondonada cubierta de hierba, hacia una mancha inestable de sombra provocada por las hojas y ramas que se mecian lentamente. Habia un circulo de piedras alrededor de un centro renegrido. Mire alrededor y vi un area de hierba aplastada. Me detuve, me calme un poco, volvi a mirar alrededor, a los arboles, la hierba y los helechos, pero no pude distinguir nada. Me acerque a las piedras y las palpe, igual que las cenizas del interior. Estaban calientes, demasiado calientes para mantener las manos encima, a pesar de que estaban a la sombra. Se podia oler a gasolina.

Sali de la hondonada y me subi a un arbol, me encarame en las ramas y escrute los alrededores, usando los prismaticos de vez en cuando. Nada.

Baje del arbol, repose unos instantes, y tras inspirar hondo sali corriendo hacia la ladera de los montes que da al mar dirigiendome en diagonal hacia donde sabia que habia estado el animal. Cambie una vez de direccion, para apagar otro pequeno fuego. Sorprendi a una oveja paciendo; salte por encima de ella al tiempo que se asustaba y salia brincando, balando.

El perro yacia en el riachuelo que desembocaba en la marisma. Aun estaba vivo, pero habia perdido la mayoria de su pelaje negro y la piel de debajo se veia amoratada y rezumante. Temblaba dentro del agua, haciendome temblar a mi tambien. Me quede en la orilla mirandolo. Tan solo podia ver con el ojo que no estaba quemado cuando sacudia su cabeza fuera del agua. En el pequeno charco a su alrededor flotaban bolas de pelos medio quemados. Entonces adverti el olor a carne quemada y senti como un peso que se me alojaba en el cuello, justo debajo de la nuez.

Saque mi bolsa de bolitas de acero, coloque una en la goma del tirachinas mientras me lo sacaba del cinturon, estire los brazos, con una mano pegada a la cara, en donde se empapo de sudor, y solte la goma.

La cabeza del perro emergio del agua con una sacudida, salpicando al volver a caer, alejando al animal de mi y cayendo de lado. Floto un rato corriente abajo, despues tropezo con algo y se quedo varado en la orilla. Del agujero en donde antes estaba el ojo manaba un hilillo de sangre. «Te las veras con Frank», masculle con rabia.

Saque al perro a rastras y con mi cuchillo cave un agujero en la pedregosa tierra rio arriba, sintiendo arcadas de vez en cuando por el hedor del cadaver. Enterre al animal, volvi a escudrinar los alrededores y despues, tras comprobar que la brisa no arreciaba, me aparte un poco y le prendi fuego a la hierba. Las llamas

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