alcanzaron los ultimos rincones de la ultima guarida del perro, que era su tumba. Se detuvieron a la orilla del rio, como habia previsto, y tuve que apagar algunos brotes de llamas que empezaron a extenderse por la ribera, por donde habian caido algunas ascuas.

Cuando todo termino y enterre al perro, me di la vuelta en direccion a casa y empece a correr.

Volvi a casa sin mayores contratiempos, me bebi de un golpe dos pintas de agua y trate de relajarme en un bano de agua fria con un carton de zumo de naranja apoyado en el borde de la banera. Todavia estaba temblando y me pase una hora lavandome el pelo para quitarme el olor a perro quemado. Desde la cocina llego el olor de los platos vegetarianos que preparaba mi padre para la cena.

Estaba seguro de que habia estado a punto de ver a mi hermano. Estaba seguro de que no era alli donde habia acampado, pero habia estado alli, y no lo vi por muy poco. Hasta cierto punto me alegre, algo dificil de aceptar, aunque era cierto.

Volvi a sumergirme en el agua y me senti desbordado.

Baje a la cocina en bata. Mi padre, con un chaleco y pantalones cortos, estaba acodado a la mesa, absorto en la lectura del Inverness Courier. Volvi a poner el carton de zumo de naranja en el refrigerador y levante la tapa de la olla en donde el curry que habia preparado mi padre se iba enfriando. En la mesa habian cuencos de ensalada para acompanar la comida. Mi padre pasaba las paginas del periodico sin prestarme atencion.

—Hace calor, ?no? —dije por decir algo.

—Humm.

Me sente al otro extremo de la mesa. Mi padre paso otra pagina sin levantar la cabeza. Yo carraspee.

—Habia un fuego por donde esta la casa nueva. Lo vi esta manana. Fui y lo apague —le dije para cubrirme las espaldas.

—Con este tiempo no me extrana —dijo mi padre sin levantar la vista. Yo asenti con la cabeza y me rasque la entrepierna a traves de la bata.

—En la prediccion meteorologica han dicho que probablemente manana por la noche cambiara. —Me encogi de hombros—. Eso dicen.

—Bueno, ya veremos —dijo mi padre volviendo a la primera pagina del periodico mientras se levantaba para mirar el curry. Yo asenti mientras jugueteaba con el extremo del cinturon de la bata, mirando de reojo el periodico. Mi padre se encorvo para oler el guiso en la olla. Yo no le quitaba la vista de encima.

Lo mire, me levante, fui hasta la silla donde habia estado sentado, me quede quieto, como si mirara por la puerta abierta pero de reojo leia el periodico. INCENDIO MISTERIOSO EN CHALET DE VACACIONES, decia en el faldon izquierdo de la portada. Un chalet al sur de Inverness habia sido destruido por las llamas poco despues de que el periodico entrara en rotativa. La policia estaba investigando el caso.

Regrese al otro extremo de la mesa y me sente.

Finalmente nos acabamos el curry y la ensalada y yo empece a sudar otra vez. Antes pensaba que era un poco raro cuando, a la manana siguiente de haber comido curry, notaba que los sobacos me olian a aquella cosa, pero ya me he enterado de que a Jamie le pasa lo mismo, asi que no me siento tan mal. Me habia comido el curry, un platano y un yogur, pero seguia haciendo demasiado calor y mi padre, a quien le gusta preparar una version un poco masoquista de ese plato, se dejo la mitad del suyo.

Yo seguia en bata, sentado frente al televisor en el salon, cuando sono el telefono. Me fui hacia la puerta, pero oi a mi padre salir de su despacho para contestar, asi que me quede tras la puerta escuchando. No podia oir mucho, pero entonces se oyeron unos pasos que bajaban por las escaleras y corri de vuelta a mi sillon, me arrellane y deje caer la cabeza hacia un lado, con los ojos cerrados y la boca abierta. Mi padre abrio la puerta.

—Frank, es para ti.

—?Eh? —dije como despertandome, abriendo los ojos pegajosos, echando un vistazo al televisor y levantandome corrio medio atontado. Mi padre me dejo la puerta abierta y se retiro a su despacho. Me dirigi al telefono.

—?Eh? ?Diga?

—Oiga, ?esta Frank? —pregunto una voz con acento muy ingles.

—?Si? ?Oiga? —conteste extranado.

—Je, je, ?pequeno Frankie! —me grito Eric—. ?Aqui estoy, en tu torax de los bosques y comiendo todavia los perritos calientes de siempre! ?Jo, jo! ?Como estamos, cabroncete? Te siguen protegiendo las estrellas, ?no? Por cierto, ?de que signo eres? Se me ha olvidado.

—Del Can Mayor.

—?Guau! ?En serio?

—Si. ?De que signo eres tu? —le pregunte siguiendole la corriente en uno de sus juegos favoritos.

—?Cancer! —fue su respuesta a voz en grito.

—?Benigno o maligno? —continue siguiendole el juego.

—?Maligno! —chillo Eric—. ?Por el momento solo son tumores!

Me aparte el auricular de la oreja mientras Eric explotaba con sus risotadas.

—Escuchame, Eric… —comence a decirle.

—?Como estas? ?Como te va? ?Que tal te va la vida? ?Estas bien? ?Que tal van las cosas? ?Y a ti? ?Donde tienes la cabeza en este preciso momento? ?De donde eres? Joder, Frank, ?sabes por que los Volvos silban? Bueno, pues yo tampoco, pero ?a quien le importa? ?Que dijo Trotsky? «Necesito a Stalin como necesito un agujero en la cabeza.» ?Ja, ja, ja, ja! La verdad es que no me gustan esos coches alemanes; las luces de los faros estan demasiado juntas. ?Estas bien, Frankie?

—Eric…

—A la cama, a dormir; quiza a masturbarte. ?Ah, ahi esta el gusto! ?Jo, jo, jo!

—Eric —le dije mirando alrededor y a lo alto de las escaleras para asegurarme de que mi padre no estuviera merodeando—. ?Te quieres callar de una vez!

—?Como? —dijo Eric con una voz debil y dolorida.

—El perro —le susurre—. Hoy vi a ese perro. El que estaba junto a la casa nueva. Yo estaba alli. Lo vi.

—?Que perro? —me dijo Eric con tono de perplejidad. Pude oir como suspiraba profundamente y se escucho un estruendo al fondo.

—No intentes quedarte conmigo, Eric; lo vi con mis propios ojos. Quiero que dejes de hacer eso, ?me entiendes? Se acabaron los perros. ?Me oyes? ?Lo entiendes? ?De acuerdo?

—?Como? ?De que perros hablas?

—Ya me has oido. Estas demasiado cerca. Nada de perros. Dejalos en paz. Y nada de ninos, tampoco. Ni gusanos. Olvidate de eso. Ven a vernos si te apetece, me encantaria que vinieras, pero nada de gusanos, ni perros ardiendo. Te lo digo en serio, Eric. Mejor que me creas.

—?Creer que? ?De que estas hablando? —dijo lastimosamente.

—Ya me has oido —le dije, y colgue el telefono. Me quede alli quieto, mirando hacia arriba. Al cabo de unos segundos volvio a sonar. Lo descolgue, oi unos pitidos, y volvi a colgarlo. Permaneci unos minutos sin moverme al lado del telefono, pero no ocurrio nada.

Cuando me dirigia de nuevo al salon mi padre salio de su despacho limpiandose las manos con un trapo, rodeado de extranos olores, y con los ojos muy abiertos.

—?Quien era?

—Nada. Era Jamie —dije con cierto retintin.

—Humm —respondio el, al parecer aliviado, y volvio a su despacho.

Aparte de aquel curry que se le repetia, mi padre paso la tarde muy tranquilo. Cuando empezo a refrescar a la caida de la noche sali afuera a dar una vuelta a la isla. Las nubes se acercaban desde el mar, cerrando el cielo como una puerta y atrapando el calor del dia sobre la isla. Retumbaron unos truenos al otro lado de los montes, sin relampagos. Aquella noche dormi a ratos, sudando a mares y revolviendome de un lado a otro en la cama, hasta que un sangrante amanecer alboreo sobre las dunas de la isla.

Вы читаете La fabrica de avispas
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату