que de las de los pacientes. Estan en el armario de las llaves.

Las llaves estaban en un armarito de caoba que habia en la pared contigua a la chimenea. Dalgliesh comprobo que los seis juegos numerados tenian dos copias.

Chandler-Powell no analizo que posibles razones pudo haber tenido Rhoda Gradwyn para concertar una cita durante el posoperatorio, ni considero las muchas objeciones a cualquier teoria basada en esta hipotesis improbable, y tampoco Dalgliesh planteo la cuestion. Pero habria sido importante hacerlo.

– Partiendo de lo que ha dicho la doctora Glenister en la escena del crimen y de lo que yo mismo he observado -dijo Chandler-Powell-, seguro que tendran interes en los guantes quirurgicos que tenemos aqui. Los que usamos en las intervenciones se guardan en la habitacion de material quirurgico de la suite de operaciones, que esta siempre cerrada. Los de latex tambien los utilizan las enfermeras y los empleados domesticos cuando es preciso, y se guardan en un armario de la planta baja que hay junto a la cocina. Los guantes se compran por cajas, y hay siempre una caja abierta, pero nadie controla esos guantes, ni los de ahi ni los de la suite de operaciones. Son articulos desechables, de usar y tirar.

Asi que en la Mansion todos sabian que habia guantes en el armario, penso Kate. Pero no podia saberlo nadie de fuera a no ser que se lo dijera alguien. De momento no habia pruebas de que se hubieran utilizado guantes quirurgicos, pero para cualquiera que estuviera al tanto habria sido la opcion logica.

Chandler-Powell empezo a plegar los planos.

– Aqui tengo el expediente personal de la senorita Gradwyn -dijo-. Contiene informacion que ustedes quiza necesiten y que ya he dado al inspector Whetstone, el nombre y la direccion de su madre, que ella nombro como pariente mas cercano, y tambien de su abogado. Hay otra paciente que paso la noche aqui y que, en mi opinion, podria ser de ayuda, la senora Laura Skeffington. A peticion suya, le di hora para un tramite sin importancia, aunque voy a ir reduciendo la actividad de la clinica de cara a las vacaciones de Navidad. Ella estaba en la habitacion contigua a la de la senorita Gradwyn y afirma haber visto luces en el jardin durante la noche. Logicamente, tiene ganas de irse, por lo que seria interesante que usted o alguien de su equipo la viera antes. Ya ha devuelto las llaves.

Dalgliesh estuvo tentado de decir que esta informacion tambien podia haberla dado antes.

– ?Donde esta ahora la senora Skeffington? -dijo.

– En la biblioteca, con la senora Frensham. Considere sensato no dejarla sola. Esta asustada y conmocionada, como cabia esperar. Obviamente no podia quedarse en su habitacion. Pense que ustedes no querrian a nadie en el descansillo de los huespedes, asi que, en cuanto recibi la llamada para ir a ver el cadaver, prohibi el acceso al pasillo y al ascensor. Mas tarde, siguiendo las instrucciones que me dio por telefono el inspector Whetstone, precinte la habitacion. La senora Frensham ha ayudado a la senora Skeffington a hacer el equipaje, las maletas ya estan listas. Le faltara tiempo para irse… lo mismo que a todos, de hecho.

Asi que el ha procurado mantener aislada la escena del crimen lo maximo posible, penso Kate, incluso antes de llamar a la policia local. Que previsor. ?O esta demostrando sus ganas de cooperar? En todo caso, ha sido sensato mantener intactos el rellano y el ascensor, aunque no era precisamente crucial. La gente -los pacientes y el personal- debe de utilizarlo a diario. Si se trata de un crimen cometido por alguien de la casa, las huellas no nos serviran de mucho.

El grupo, con Benton de nuevo incorporado al mismo, paso al gran salon.

– Me gustaria verlos a todos juntos -dijo Dalgliesh-, es decir, a todos los que tuvieron algun contacto con la senorita Gradwyn desde el momento de su llegada y que estuvieron ayer en la casa desde las cuatro y media, hora en que fue devuelta a su habitacion, incluido el senor Mogworthy. Manana habra interrogatorios individuales en la Vieja Casa de la Policia. Intentare interrumpir lo menos posible la rutina de la gente, pero es inevitable algo de trastorno.

– Le hara falta una habitacion bastante grande -dijo Chandler-Powell-. Cuando la senora Skeffington haya sido interrogada y se haya marchado, la biblioteca estara libre, por si les resulta mas comoda. Tambien podemos poner a su disposicion la biblioteca para que usted y sus agentes lleven a cabo los interrogatorios individuales.

– Gracias -dijo Dalgliesh-. Sera mas comodo para ambas partes. Pero primero quiero ver a la senora Skeffington.

Mientras salian de la oficina, Chandler-Powell dijo:

– Estoy organizando un equipo de seguridad privada para garantizar que no nos molesten ni los medios de comunicacion ni ninguna multitud de vecinos fisgones. Supongo que no tiene ningun inconveniente.

– Ninguno siempre y cuando permanezcan al otro lado de la verja y no entorpezcan mi investigacion. Sere yo quien determine si lo hacen o no.

Chandler-Powell no contesto. Una vez fuera, se dirigieron junto con Benton a la biblioteca para hablar con la senora Skeffington.

8

Al cruzar el gran salon, a Kate la sobresalto de nuevo una intensa impresion de luz, espacio y color, las danzantes llamas del fuego de lena, la arana que transformaba la penumbra de la tarde invernal, el color apagado pero claro del tapiz, los marcos dorados, los vestidos de suntuosos colores, y arriba las oscuras vigas del altisimo techo. Como el resto de la Mansion, parecia un lugar para maravillarse al visitarlo, no para vivir en el realmente. Ella nunca podria ser feliz en una casa asi, que imponia las obligaciones del pasado, una carga de responsabilidad soportada publicamente, y penso con satisfaccion en el piso lleno de luz y escasamente amueblado que dominaba el Tamesis. La puerta de la biblioteca, disimulada en los paneles de roble, estaba en la pared de la derecha, junto a la chimenea. Kate penso que a lo mejor no la habria advertido si no la hubiera abierto Chandler-Powell.

En contraste con el gran salon, la estancia en la que entraron le parecio sorprendentemente pequena, confortable y sin pretensiones, un santuario que custodiaba su silencio amen de los estantes de libros encuadernados en cuero tan bien alineados que parecia que ninguno de ellos hubiera sido sacado nunca de ahi. Como de costumbre, Kate evaluo la habitacion con una mirada rapida y furtiva. Nunca habia olvidado una reprimenda de AD a un sargento detective cuando ella acababa de incorporarse a la Brigada: «Estamos aqui por consentimiento pero no somos bienvenidos. Todavia es su casa. No mires embobado sus pertenencias, Simon, como si estuvieras tasandolas para intercambiarlas en el mercadillo de segunda mano.» Los estantes, que cubrian todas las paredes menos una que tenia tres ventanas altas, eran de una madera mas clara que la del pasillo, las lineas del tallado mas simples y elegantes. Quiza la biblioteca era un anadido posterior. Encima de las estanterias habia una serie de bustos de marmol, deshumanizados por sus ojos sin vida y convertidos en meros iconos. Seguro que AD y Benton sabian quienes eran, y tambien sabrian la fecha aproximada del esculpido de la madera, aqui se sentirian a sus anchas. Alejo el pensamiento de su cabeza. A estas alturas, seguramente ella habia interiorizado una cierta inferioridad intelectual que sabia tan innecesaria como fastidiosa. Ninguna de las personas con las que habia trabajado en la Brigada la habian hecho sentir menos inteligente de lo que ella sabia que era, y despues del caso de Combe Island creia haber dejado atras para siempre esta degradante paranoia.

La senora Skeffington estaba sentada frente al fuego en una silla de respaldo alto. No se levanto, pero se acomodo de manera mas elegante, juntando las delgadas piernas. La cara era palida y ovalada, la piel tersa sobre unos pomulos altos, los gruesos labios brillantes de carmin. Kate penso que si esa perfeccion sin arrugas era fruto de la pericia del senor Chandler-Powell, este la habia atendido bien. Sin embargo, el cuello, mas oscuro, rugoso y marcado por las arrugas de la edad, y las manos con sus venas purpura, no eran las de una mujer joven. El pelo, negro brillante, se alzaba desde un pico en la frente y le caia sobre los hombros en ondas lisas. Se lo manoseaba sin cesar, retorciendolo y colocandoselo tras las orejas. La senora Frensham, que estaba sentada frente a ella, se levanto y se quedo de pie, con las manos cruzadas, mientras Chandler-Powell hacia las presentaciones. Kate observo con cinico regocijo la esperada reaccion de la senora Skeffington cuando esta se fijo en Benton y sus ojos se ensancharon en una mirada fugaz pero intensa, compuesta de sorpresa, interes y calculo. Pero hablo con Chandler-Powell, con una voz resentida como la de un nino quejoso.

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