– Por el momento, sera el oficial de guardia a medianoche -indico Mascarenhas-. Tendra que efectuar durante dos horas la ronda de los centinelas y no podra refugiarse en ningun momento. Contara con un sargento con la misma funcion, pero en sentido contrario. Hay dos formaciones generales, una al amanecer y otra al anochecer. Le corresponde tambien preparar los informes sobre la actividad en su sector y tendra que asegurar que sus trincheras estan transitables en cualquier momento.
– Muy bien -dijo el capitan lisboeta, previendo siete dias de pesadilla y dieta forzada.
– Ahora voy a llevarlo a sus aposentos y a presentarle al personal.
– ?Aposentos?
– Es un agujero mas -corrigio el mayor, que atraveso la puerta y abandono el puesto de Afonso. Se despidio de su amigo con un gesto-. Hasta luego.
Los dos oficiales de la Infanteria 13 bajaron por la trinchera, camino de Ferme du Bois, y el capitan Afonso regreso a completar su informe de las tres de la tarde. Habia interrumpido la elaboracion del documento para «recibir» al novato y, por ello, enviaria el informe con un gran retraso. Ademas, era importante no olvidar la lectura de la circular 22.753. El oficial miro el reloj de la mesa y reparo en que senalaba las cinco en punto de la tarde.
Capitulo 4
El equipo de artilleros tenia orden de disparar tres salvas a las cinco de la tarde. A la hora exacta, los hombres cogieron una granada de doscientas noventa libras, cargaron la Howitzer, el jefe del equipo regulo por la mirilla la elevacion hasta los cuarenta y tres grados y, cuando estuvo satisfecho, retrocedio.
– ?Atencion!
Los hombres se taparon los oidos.
– ?Fuego!
La Howitzer dio un violento tiron hacia atras y vomito una lengua de fuego por el canon chamuscado, un trueno ensordecedor lleno el aire y la granada salio disparada hacia las lineas enemigas. El proyectil se alejo con un zumbido siniestro, el silbido fue muriendo en el cielo hasta callarse, se hizo una pausa de varios segundos, una nube silenciosa se elevo del otro lado, se prolongo la pausa. Finalmente, se oyo el lejano estampido de la detonacion, eran noticias traidas por el viento que confirmaban que la granada habia estallado como estaba previsto. La operacion se repitio dos veces, despues los artilleros, que no querian estar junto al canon cuando llegase la respuesta, se recogieron en el refugio.
No hizo falta esperar mucho. Al cabo de unos minutos, una lluvia de granadas comenzo a regar las lineas portuguesas. Los centinelas corrieron a protegerse del fuego lanzado por las Mor- ser alemanas; hasta los observadores camuflados se acurrucaron en las fosas.
Las sucesivas detonaciones despertaron a Matias,
– DiostesalvemariallenaeresdegraciaelSenorescontigoybenditatueresentretodaslasmujeresybenditoeselfruto…
Escuchando la oracion que su amigo susurraba como una letania, entre el estruendo y los zumbidos de la artilleria, Matias se acordo con una sonrisa amarga de la decepcion que sintio cuando llego por primera vez a las trincheras, dos meses antes, en septiembre de 1917. Imaginaba antes que la guerra era una gran aventura, repleta de accion y emocion, y se quedo sorprendido por el volumen de trabajo rutinario y de soporifero tedio que poblaba la vida en las lineas. Gran parte del dia estaba dedicado a trabajos de diversa indole. Los hombres cargaban municiones y vituallas, llenaban sacos de arena, reparaban vallas y redes de alambre de espinos, cavaban huecos, realizaban drenajes, clavaban tablas en los parapetos, reforzaban paredes, hacian limpieza, siempre con el estomago que se encogia de hambre y el cuerpo que temblaba de frio. El agotamiento era tal que Matias comenzo a concluir que hacia trabajo de siervo en condiciones de esclavo y viviendo como un hombre de las cavernas.
Cuando se produjeron los primeros bombardeos pesados fue una alegria, los lanudos parecian unos chicos traviesos, estupidamente entusiasmados por el espectaculo prodigioso que iluminaba la noche. En aquel momento, todo sonaba a novedad, habia incluso quien salia de los refugios para observar lo que sucedia, la accion parecia excitante, palpitante, tremenda, se disparaba la adrenalina, la guerra era un alucinante juego de luces, colores, sonidos y emociones fuertes. Se sentian extranamente invulnerables, turistas en un inofensivo paseo, actores en una aventura emocionante. Matias pensaba entonces que las granadas no apuntaban a el, que las balas pasarian siempre al lado sin alcanzarlo, y se sorprendia cuando veia a los
– Los cabrones de los «pajaros» deberian estar aqui -rezongo Vicente,
Vicente era el que mas protestaba entre los soldados del grupo, no perdia oportunidad de flagelar a los oficiales con palabras cargadas de rabia, pero la verdad es que se limitaba a expresar de viva voz lo que otros pensaban sin decirlo. El resentimiento de los soldados con respecto a los oficiales y la multitud de militares con tareas exclusivamente burocraticas era profundo; ademas constituia un tema recurrente en sus conversaciones. Los soldados formaban una comunidad cerrada, unidos por una miseria extrema, tenian conciencia de ser carne de canon y se sentian olvidados por el pais y pisoteados por sus jefes.
– Tenemos que aguantar -comento Matias laconicamente, apretando los dientes para controlar el miedo.
– Nosotros
Se acerco otro lanudo, casi gateando por el suelo fangoso del refugio. Era Baltazar, un serrano de Geres que solia estar gordo; ahora, con la piel arrugada y el pelo prematuramente canoso en las sienes, mostraba un aspecto envejecido y ya lo llamaban «el Viejo». Sintiendo una especie de comunion del miedo, que lo llevaba a buscar a los hombres que con el sufrian, decidio animar el dialogo, sazonandolo con detalles sobre las
– El otro dia, en Saint Venant, vi incluso a una mujer saliendo del cuartel general -dijo Baltazar-. ?Que
