– El coronel Steiner pidio bajar a la capilla para confesarse, senor.
– ?Y que demonios tiene que confesar si se pasa todo el tiempo encerrado aqui? -replico Benson.
– A las ocho de la noche, senor, como la otra vez. ?Quiere que le acompane con el cabo Ross?
– No -dijo Benson-, le acompanaremos los dos. Estoy esperando al brigadier Munro, pero no llegara hasta despues de las ocho y media. Y ahora, tomemos una taza de te.
En Chernay, los elementos estaban decididamente en contra de ellos, con la lluvia y la niebla procedentes del mar y echandoseles encima. Schellenberg y Asa Vaughan estaban en la sala de radio, esperando, mientras el sargento de vuelo Leber comprobaba la situacion con Cherburgo. Regreso junto a ellos al cabo de un momento.
– El avion del Fuhrer aterrizo sin novedad, general. Justo a las seis, poco antes de que empezara a llover.
– ?Y bien? ?Cual es el veredicto? -quiso saber Asa.
– En partes del canal encontrara vientos que soplan hasta con fuerza ocho.
– Demonios, me las puedo arreglar con el viento -exclamo Asa-. ?Que mas dicen?
– Hay niebla en todo el sur de Inglaterra, desde Londres hasta la costa del canal. Y otra cosa, dicen que las cosas seran peor aqui durante la noche. -Le miro con expresion preocupada-. Si quiere que le sea franco, senor, me huele mal.
– No se preocupe, sargento. Encontrare un camino.
Asa y Schellenberg salieron al viento y a la lluvia, y se dirigieron presurosos a la cabana que estaban utilizando. Schellenberg se sento en una de las camas y sirvio una copa de
– ?Quiere tomar algo?
– Sera mejor que no lo haga -dijo Asa encendiendo un cigarrillo.
Se produjo un silencio. Al cabo de un rato, Schellenberg dijo:
– Mire, si no cree que las condiciones sean adecuadas, si no quiere ir…
– No sea estupido -le interrumpio Asa-, Pues claro que voy a ir. Devlin depende de mi. No puedo dejarle en la estacada. Lo del viento no me preocupa. Vole para los finlandeses durante uno de sus inviernos, ?recuerda?, y alli soplan las ventiscas todos los dias. Pero en cuanto a la niebla… Mire, despegar no representa ningun problema, pero aterrizar ya es otra cosa. Eso es lo que me preocupa, que no pueda encontrar donde aterrizar una vez llegue alli. ? -En ese caso tendra que regresar.
– Estupendo, solo que, como nos ha informado Leber, las cosas no van a estar mucho mejor por aqui.
– Entonces, ?que quiere hacer?
– Marcharme en el ultimo momento posible. Devlin queria que estuviese alli, preparado, para despegar a medianoche. Bien, hagamoslo lo mas justo que podamos. No despegare de aqui hasta las diez. Eso le dara al tiempo una oportunidad de cambiar.
– ?Y si no cambia?
– Ire de todos modos.
– De acuerdo -asintio Schellenberg levantandose-, Enviare ahora mismo una senal a Shaw Place en tal sentido.
Lavinia Shaw, sentada ante la radio instalada en el estudio, con los auriculares puestos, capto el mensaje. Les envio una rapida respuesta: «Mensaje recibido y comprendido». Se quito los auriculares y se volvio. Su hermano estaba sentado ante el fuego de la chimenea, con
– No despegaran hasta las diez, querido, debido a este condenado tiempo.
Se dirigio hacia las puertas de cristal, retiro las cortinas y abrio las ventanas, contemplando la niebla. Shaw se levanto y se situo a su lado.
– Pues yo hubiera dicho que una niebla densa como esta era lo mejor para esta clase de aterrizaje secreto.
– No seas estupido, Max. Esto es lo peor que podria sucederle a cualquier piloto. ?No te acuerdas de aquella vez que no pude aterrizar en Helmsley, alla por el ano treinta y seis? ?No te acuerdas de que estuve dando vueltas y vueltas hasta que se me agoto el combustible y me estrelle contra aquel muro? Casi me mato.
– Lo siento, muchacha, ya se me habia olvidado. -La lluvia empezo a salpicar la terraza, delante de ellos, visible a la luz procedente de la ventana-. Ahi lo tienes -dijo Shaw-. Eso deberia ayudar a disipar la niebla. Y ahora cierra esa ventana y tomemos otra copa.
– ?Lo tienes todo? -pregunto Michael Ryan cuando la lancha motora se acerco a la pequena franja de guijarros.
Devlin llevaba puesto un mono y botas altas. Se palpo los bolsillos, revisandolo todo.
– Creo que todo esta en perfecto orden.
– Desearia que me permitieras acompanarte -dijo Ryan.
– Esto es asunto mio, Michael, y, si surge el menor atisbo de problema, tu y Mary salid de aqui pitando. En cierto modo, esta condenada niebla es una bendicion. -Se volvio y sonrio a Mary desde la oscuridad-. En eso tenias mucha razon.
Ella se irguio y le beso en la mejilla.
– Que Dios le bendiga, senor Devlin. Rezare por usted.
– En ese caso, todo saldra bien.
Y tras decir esto descendio de la embarcacion por la borda.
El agua no era muy profunda, lo que ya era algo, y empezo a vadear, con la luz de la linterna iluminando el tunel hasta que llego al hueco abierto en el muro. Comprobo la hora en su reloj. Eran las ocho y dos minutos. Entro en la cripta, vadeando, y al llegar a los escalones los subio hacia la puerta.
Dougal Munro habia terminado su trabajo algo antes de lo previsto, asi que llamo un coche y le ordeno al chofer que le llevara al priorato de St. Mary. Fue un trayecto dificil, avanzando a treinta kilometros por hora en la niebla, asi que llego poco despues de las ocho.
– Espere. No estare mucho tiempo -le dijo el brigadier al chofer, bajando del vehiculo.
– Me apartare de la carretera mientras espero, senor -replico el conductor-. Con esta niebla, cualquiera podria embestirme por detras. Girare en la proxima esquina. Alli hay un patio.
– Esta bien. Yo ire a buscarle cuando termine.
Munro subio los escalones y Hamo al timbre de la puerta, que abrio el portero de noche.
– Buenas noches, brigadier -le saludo.
– ?Esta la hermana Maria? -pregunto Munro.
– No. La han llamado para que acuda al hospital de Cromwell Road.
– Esta bien. Subire a ver al teniente Benson.
– Le vi entrar en la capilla hace unos pocos minutos, senor, con uno de los cabos y el oficial aleman.
– ?De veras?
Munro vacilo un instante, y finalmente cruzo el vestibulo, dirigiendose hacia la puerta de la capilla.
Devlin abrio con suavidad la puerta situada al final de los escalones y se llevo el mayor susto de su vida. El cabo Smith se encontraba de espaldas a el, a un par de metros de distancia. Estaba examinando una figura religiosa. Benson estaba junto a la puerta de entrada a la capilla. Devlin no vacilo. Saco la cachiporra y golpeo a Smith en la nuca, volviendo a situarse bajo la proteccion de las sombras de la puerta cuando el cabo cayo al suelo con estruendo.
– ?Smith? -llamo Benson-, ?Que ocurre?
Corrio por la nave de la iglesia y se detuvo mirando fijamente el cuerpo caido en el suelo. Fue entonces, dandose cuenta demasiado tarde de que estaba sucediendo algo, cuando descendio la mano hacia el revolver Webley que llevaba en la funda.
Devlin surgio de entre las sombras, con la Walther con silenciador en la mano izquierda y la cachiporra en la derecha.
– Yo no haria eso, hijo. Este trasto no hace mas mido que una simple tos suya o mia. Y ahora, dese la vuelta.
Benson hizo lo que se le ordenaba y Devlin le propino la misma clase de golpe que a Smith. El joven teniente gimio, se hundio de rodillas y cayo encima del cabo. Rapidamente, Devlin le registro en busca de esposas pero, al
