parecer, solo las llevaba Smith.

– ?Esta usted ahi, coronel? -llamo en voz alta.

Steiner salio del confesionario y el padre Martin se le unio. El anciano tenia aspecto de sentirse con- mocionado y aturdido.

– ?Mayor Conlon? ?Que esta ocurriendo aqui?

– Creame que lo siento mucho, padre -dijo Devlin haciendole darse media vuelta y poniendole las esposas con las manos a la espalda. Luego, sento al anciano en uno de los bancos y saco una de las mordazas que llevaba preparadas.

– Supongo que usted no es sacerdote, ?verdad? -pregunto Martin.

– Un tio mio lo fue, padre.

– Le perdono, hijo mio -dijo Frank Martin sometiendose a la colocacion de la mordaza.

En ese preciso instante se abrio la puerta de la capilla y Dougal Munro entro en ella. Antes de que pudiera decir una sola palabra, Kurt Steiner ya lo habia sujetado, pasandole un brazo de acero alrededor del cuello.

– ?Y este quien es? -pregunto Devlin.

– El brigadier Dougal Munro, del SOE -le dijo Steiner.

– ?De veras? -Ahora, Devlin sostuvo la Walther en la mano derecha-. Este trasto tiene silenciador, como estoy seguro que ya habra observado. Asi que, brigadier, le ruego sea sensato.

Steiner le solto y Munro dijo con amargura:

– Dios mio, Devlin… Liam Devlin.

– El mismo de siempre, brigadier.

– ?Que hacemos ahora? -pregunto Steiner.

Devlin se sentia excitado y un tanto engreido.

– Un corto viaje rio abajo, un suave recorrido por el campo y estara usted lejos antes de que estos se hayan dado cuenta de lo ocurrido y sigan buscandole en circulos.

– Lo que quiere decir que tienen ustedes intencion de salir por via aerea -dijo Munro-. Muy interesante.

– Desde luego, soy un bocazas -gimio Devlin. Coloco el canon del arma bajo la barbilla de Munro-. Si le dejo ahora, pondra en alerta a la RAF antes de que sepamos donde estamos. Podria matarle, pero hoy me siento con el animo generoso.

– ?Y eso que alternativa nos deja?

– Tendremos que llevarle con nosotros. -Hizo un gesto a Steiner-. Vigilelo.

Abrio la puerta de la capilla. En ese momento, el portero de noche salio de su cubiculo con una bandeja que contenia una tetera, dos tazas y un jarrito de leche. Subio la escalera silbando.

– Maravilloso -dijo Devlin-. No tendreis necesidad de mojaros los pies. Vamos a salir directamente por la puerta delantera y no tendremos mas que cruzar la calzada. La niebla es espesa, de modo que nadie se dara cuenta de nada. -Abrio la puerta y urgio a Munro a atravesar el vestibulo, con la Walther apoyada contra su espalda-. No lo olvide, brigadier. Una palabra en falso, y le vuelo la espina dorsal.

Fue Steiner quien abrio la puerta y abrio paso hasta la calle. La niebla, en efecto, era espesa como solo puede llegar a serlo en Londres, y hasta picaba en el fondo de la garganta. Devlin empujo a Munro hacia el otro lado de la calzada, seguido por Steiner. No vieron un alma y, ensimismados en su mundo privado, bajaron los escalones hasta la franja de guijarros. Una vez llegados abajo, Devlin se detuvo y le paso el arma a Steiner.

– Tengo por aqui a unos amigos a los que no quiero que vea este viejo sabueso. Seria capaz de colgarlos en la prision de Wandsworth por alta traicion.

– Solo si se lo merecen -le dijo Munro.

– Es una cuestion de opiniones.

Actuando con rapidez, Devlin le ato al brigadier las manos con la cuerda que habia traido consigo. Munro llevaba una bufanda de seda para protegerse del frio. El irlandes se la quito y le tapo con ella los ojos, atandosela a la nuca.

– Muy bien. Sigamos.

Empezaron a caminar sobre los guijarros, ayudando a Munro con una mano en el codo, y la lancha motora surgio de pronto ante ellos, entre la oscuridad.

– ?Eres tu, Liam? -le pregunto Ryan con suavidad.

– El mismo de siempre. Y ahora salgamos de aqui a toda velocidad -replico Devlin,

En el dormitorio, Devlin se cambio con rapidez, volviendo a ponerse el traje de clerigo, con un sueter oscuro de cuello alto. Recogio las pocas pertenencias que necesitaba y lo puso todo en una bolsa, junto con la Luger y la Walther. Comprobo la Smith Wesson en la funda de la tobillera, tomo la bolsa y salio. Al entrar en la cocina, Steiner estaba sentado ante la mesa, tomando el te con Ryan, mientras Mary le miraba con reverencia.

– ?Se encuentra bien, coronel? -le pregunto Devlin.

– Nunca me habia sentido mejor, senor Devlin.

Devlin le arrojo la trinchera militar que habia robado en el Club del Ejercito y la Marina el dia que conocio a Shaw.

– Esto debe ser suficiente para cubrir su uniforme. Estoy seguro de que Mary podra encontrarle una bufanda.

– Claro que si.

La muchacha salio corriendo y regreso poco despues con una bufanda de seda blanca que le entrego a Steiner.

– Es usted muy amable -dijo el.

– Esta bien, pongamonos en marcha. -Devlin abrio el armario situado bajo los escalones, revelando a.Munro, a quien habia dejado sentado en el rincon, con las manos atadas, y todavia con la bufanda atada alrededor de los ojos-. Nos vamos, brigadier.

Levanto a Munro de un tiron y lo hizo caminar hasta la puerta de entrada a la vivienda. Ryan ya habia sacado la camioneta del garaje y la habia dejado aparcada junto a la acera. Colocaron a Munro en la parte de atras y Devlin comprobo su reloj.

– Son las nueve. Ha sido una hora muy larga, Michael, viejo amigo. Ahora, tenemos que marcharnos.

Se estrecharon las manos. Al volverse hacia Mary se dio cuenta de que ella estaba llorando. Devlin dejo la bolsa en la camioneta y abrio los brazos. Ella se abalanzo hacia ellos y el la abrazo.

– Te espera una vida maravillosa y eres una muchacha igualmente maravillosa.

– Nunca le olvidare -dijo ella, sin dejar de llorar-. Rezare todas las noches por usted.

El se sintio demasiado emocionado como para decir nada. Se acomodo al lado de Steiner, en la camioneta, y puso el vehiculo en marcha.

– Es una joven muy agradable -comento el aleman.

– Si -asintio Devlin-. No deberia haberlos implicado ni a ellos ni al viejo sacerdote, pero no podia hacer otra cosa.

– Es la propia naturaleza del juego en que estamos metidos, senor Devlin -dijo Munro desde el asiento de atras-. Digame algo, aunque solo sea por saciar mi curiosidad. Vargas.

– Oh, desde el principio me oli que se trataba de una rata -dijo Devlin-. Siempre me dio la impresion de que ustedes nos estaban invitando a venir. Me di cuenta de que la unica forma de enganarles consistia en enganar tambien a Vargas. Y por eso el sigue recibiendo mensajes desde Berlin.

– ?Y sus propios contactos? No se trata de nadie que haya estado activo recientemente, ?me equivoco?, Mas o menos.

– Es usted un bastardo muy astuto, eso debo admitirselo. Pero no se preocupe, como dice un viejo refran, del plato a la boca se pierde la sopa.

– ?Y que quiere decir con eso ahora? – -Niebla, senor Devlin, niebla -dijo Dougal Munro.

13

El gran negocio que Jack Carver esperaba realizar en la habitacion del fondo de la sala de baile Astoria no habia resultado bien, y si habia algo capaz de ponerlo de mal humor, era perder dinero.

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