interesaba por los pobres, pero solo por los que carecian de lo necesario para vivir. No por los que estaban en perfectas condiciones para trabajar.
Torcio al este por Sunset Boulevard y, en la esquina de North Spring Street, entro en el restaurante Mon Kee Seafood.
El local estaba atestado, pero el hombre a quien buscaba, un japones de aspecto rufianesco pero no mal parecido, era facilmente reconocible por su traje Comme des Garcons azul marino. Cheng se sento frente a el y cogio la carta.
– Es un buen sitio -dijo el japones en un ingles con solo un leve acento americano-. Gracias por recomendarmelo. Vendre mas veces.
Cheng Peng Fei se encogio de hombros, indiferente a que al japones le gustara o no el restaurante. Su abuelo era de Nankin, y el sabia lo suficiente de lo que habia pasado alli en los anos treinta como para que los japoneses no le gustaran en absoluto. Decidio entrar en el tema.
– Hemos reanudado las manifestaciones, como sugirio usted -le informo.
– Ya lo he visto. Aunque no sois tantos como habia esperado.
– La gente se ha ido a casa a pasar las vacaciones.
– Pues busca otros. -El japones echo una ojeada por el restaurante-. Algunos de esos camareros quiza quieran ganar un poco de dinero sin molestarse mucho. ?Ni siquiera es ilegal, cono! Eso no es muy corriente en estos tiempos, ?verdad?
Metio la mano en el bolsillo interior de la chaqueta, saco un sobre marron y se lo paso al joven por encima de la mesa.
– Sigo sin entenderlo -comento Cheng, que se guardo el sobre sin abrirlo-. ?Que saca con esto?
– ?Que hay que entender? -repuso el japones, encogiendose de hombros-. Ya te lo dije cuando nos vimos la primera vez. Vosotros quereis protestar contra el apoyo que la Yu Corporation presta a los comunistas chinos. Y yo quiero patrocinaros.
Cheng Peng Fei recordo su unico encuentro anterior: el japones -seguia sin conocer su nombre- habia localizado a Cheng cuando su nombre aparecio en la prensa despues de la primera manifestacion en la nueva plaza de Hope Street.
– Pero creo que deberiais ser menos corteses. ?Comprendes lo que quiero decir? Armad un poco mas de jaleo, joder. Tirad unas cuantas piedras, o algo asi. Poneos duros. Al fin y al cabo, se trata de una buena causa.
Cheng quiso decirle que habia tirado una fruta podrida a un coche que entraba en el aparcamiento de la Parrilla, pero penso que al japones le pareceria ridiculo. ?Que era una fruta comparada con una piedra? En cambio, dijo:
– ?Lo cree de verdad? ?Que es una buena causa?
El japones adopto una expresion perpleja.
– ?Por que haria esto, si no?
– Eso, ?por que lo haria?
Llego el camarero y Cheng pidio:
– Una Tsingtao.
– ?No vas a comer? -pregunto el japones.
Cheng sacudio la cabeza.
– Lastima. Todo esta muy bueno.
Cuando se marcho el camarero, Cheng dijo:
– ?Quiere que le diga lo que pienso?
El japones se llevo a la boca un trozo de pescado con el tenedor y miro a Cheng a los ojos.
– Di lo que quieras. A diferencia de la Republica Popular China, este es un pais libre.
– Me parece que usted y sus jefes son competidores de la Yu Corporation y quieren fastidiarlos como sea. Apuesto a que tambien se dedican a la electronica y los ordenadores.
– Competidores, ?eh?
– Ustedes, los japoneses, tienen un dicho, ?verdad? Los negocios son como una guerra. ?Por eso quieren que haya manifestaciones frente a su nuevo edificio? Aunque no veo como va a afectar eso al gran mundo empresarial.
– Es una teoria interesante -rio el japones, limpiandose los labios con la servilleta-. Tienes imaginacion. Y eso es bueno. Asi que utilizala. Piensa en el modo de hacer que vuestra protesta llame un poco mas la atencion. -Se puso en pie sin dejar de sonreir y, soltando un punado de dolares sobre la mesa, anadio-: Ah, una cosa mas. Si te detienen por algo, tu no me has visto nunca. Ni que decir tiene que me disgustaria mucho que hablaras de esto con alguien. ?Esta claro?
Cheng asintio con aire de indiferencia. Pero cuando el japones se marcho, se dio cuenta de que tenia miedo.
Mitch se habia instalado un despacho provisional en la planta veinticinco, en una parte casi terminada del edificio que pronto se convertiria en los lujosos aposentos privados y semiprivados de los directivos de la Yu Corporation.
La mayoria de las habitaciones tenian altas puertas de madera negra lacada con marcos de aluminio plateado que recordaban el logotipo de la empresa. Algunas habitaciones ya tenian moqueta -gris claro, en contraste con la de los pasillos, de un gris mas oscuro-, donde se notaban las pisadas de los descuidados electricistas, enyesadores y carpinteros que seguian trabajando por alli.
Ahora que la obra estaba casi concluida, en el edificio reinaba un ambiente de abandono. Mitch lo encontraba inquietante, sobre todo de noche, cuando no habia nadie por la calle y las dimensiones de la Parrilla, como un moderno barco fantasma, parecian resaltar la ausencia de ocupantes humanos. Era extrano, pensaba, que en los libros y las peliculas se recurriese al miedo de la gente a estar sola en un edificio viejo, cuando los nuevos tambien podian dar escalofrios. La Parrilla no era una excepcion. Incluso a pleno dia, un subito rumor del aire acondicionado, un murmullo en alguna tuberia o un crujido al dilatarse o contraerse la madera nueva, le ponia a Mitch los pelos de punta. Se sentia como el unico tripulante de una inmensa nave espacial destinada a cumplir una mision de cinco anos por el espacio sideral. Como Keir Dullea en
Pese a todo, a Mitch le gustaba estar solo en la Parrilla. La paz y tranquilidad le daban ocasion de pensar en su futuro. Un futuro que incluia a Jenny Bao, pero no a Ray Richardson y Asociados. Estaba harto de ser el coordinador tecnico de Ray Richardson. Queria volver a ser, pura y simplemente, un arquitecto. Deseaba proyectar una casa, un colegio, o quiza una biblioteca. Nada espectacular, nada complicado, solo edificios bonitos que a la gente le gustase contemplar y habitar. Una cosa estaba clara. Ya tenia bastante de edificios inteligentes. Habia demasiadas cosas que organizar.
Mientras recorria los pisos con el portatil enfundado en una ergonomica bolsa de transporte, vio pocas muestras de actividad: un fontanero solitario que hacia conexiones en uno de los modulos automaticos de un bano de los directivos, prefabricados como la mayoria de los componentes y sistemas de la Parrilla por la Toto Company del Japon; un tecnico de telecomunicaciones que instalaba el ultimo videofono, un sistema de paquetes integrados con identificacion de llamada y detector de mentiras.
Mitch se sentia medianamente satisfecho de los avances realizados, aun cuando no veia como podia el cliente tomar posesion en un plazo inferior a seis semanas. Faltaban bastantes cosas que acabar en muchos pisos, y otros que ya tenian que estar terminados mostraban el deterioro que inevitablemente resulta de los trabajos prolongados. Aunque en conjunto estaba contento de la calidad general del trabajo, sabia que, por mucho que se esforzaran todos, Ray Richardson se las arreglaria para sacar faltas a cualquier cosa. Siempre lo hacia.
Para Mitch, aquella era una de las fundamentales diferencias entre Richardson y el, lo que probablemente explicaba por que Richardson habia llegado a donde estaba: era de los que aspiraban a la perfeccion, mientras el pensaba que la arquitectura y los edificios ofrecian un perfecto microcosmos de un universo donde el orden siempre existia, en precarias condiciones, al borde del caos.
